CAPÍTULO 17

3079 Palabras
Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, 18 de mayo, 8:23 A.M. Última llamada para el vuelo FC1549 con destino a la ciudad de Londres. Ailén caminaba junto a James a través del pasillo que los llevaría a su avión, sería un vuelo de casi siete horas. De cierta forma fue una decisión que tomo a la ligera, pero sabía que el hombre junto a ella era de confianza y lo sabía debido a su manera tan abierta de hablar con ella. —¿Tus amigas saben del viaje? — preguntó mientras tomaba asiento junto a Ailén. —Si, les avisé ayer — respondió mientras veía lo pequeña que se veía la ciudad de Nueva York mientras se alejaban. Pero en su mente una pequeña familia apareció. «¡No aparezcas en mi mente!» se gritó internamente apretando su pecho al pensar en Cedric. James se dio cuenta de aquel gesto que obvio era muy evidente. 1:03 P.M. Cedric no perdería el tiempo y durante esa semana lograría encontrar varias respuestas, entre ellas la razón por la que Ailén había cambiado tanto. Dimary había sido demasiado buena al darle los documentos de Elliott a pesar de que no cumplió su promesa. —Hola Ben ¿Cómo están? — sostenía aún los papeles en sus manos. —¡Cedric! Vaya hasta que te dignas en llamar — un reclamo lo recibió, su voz se escuchaba alterada, pero parecía ser por cosas distintas. —Perdón he tenido muchas cosas en la cabeza y realmente no había tenido tiempo — escuchó el ruido de cosas cayendo desde la otra línea — ¿Estás ocupado? —Algo, Caroline se fue a visitar a Catherine y le dije “Déjame todo a mi” — una risa estresada se escuchó — Ahora de verdad quisiera que regresará y apenas van dos días desde que se fue. —Bueno, es una de las cosas de ser padre — rio alegre al recordar lo cansado que podía ser cuidar de Elayne ahora no podía imaginarse cuidando a tres niños. —Axell está cada vez más grande y los mellizos no son de mucha ayuda. Pero bueno, dejemos de hablar de mi — un largo suspiro de cansancio dio inicio a una nueva conversación — ¿Cómo están tú y Elayne? —Bien — respondió viendo a la pequeña que comía mientras dibujaba — El cambio parece no haberle afectado mucho. —Me alegro. —La verdad es que — hizo una pausa mientras caminaba hasta la terraza — Quiero pedirte un favor. Ben reprendió a sus hijos y después retomó la conversación — Claro, dime qué necesitas. —Necesito que me ayudes a investigar a una persona — el nombre estaba grabado en su mente así que no había necesidad de revisarlo — Elliott Brandell. Hubo silencio y después un carraspeó — ¿De qué se trata? — preguntó con seriedad — Es el ex novio de Ailén. —¿Cómo lo sabes? — preguntó algo ingenuo y después él mismo respondió su pregunta — Antoni, es un chismoso. —Sabes que tenemos una buena relación, así que dime ¿Por qué quieres investigarlo? Cedric no veía razones para ocultar su propósito — Ailén cambio demasiado en cinco años y algo me dice que es debido a él. Ben no quería hacerlo, pero si lo que Cedric decía era cierto quería ayudar. Ailén era muy importante para él — Bien — respondió — Lo investigare, te llamo mañana. —Gracias — Cedric pudo escuchar el traqueteo de algunas cosas cerca de Ben y sabía que estaba demasiado ocupado como para continuar conversando — Te dejo, sigue con tus deberes de padre. —Que gracioso, cuídense. —Igual, adiós. —¡Adiós tío! — un trío de voces se escuchó en el altavoz, causando una sonrisa tierna en él. —Adiós niños, no cansen demasiado a su padre. —No creo que sean capaces de prometer algo, adiós — la llamada finalizo y se dirigió a la mesa donde su hija seguía comiendo. Aeropuerto de Londres-Gatwick, 3:09 P.M. Después de un vuelo no tan largo, aterrizaron en su destino. —¿A dónde iremos? — preguntó Ailén mientras arrastraba su maleta por todo el aeropuerto. James veía su celular al parecer esperando una respuesta — Alguien vendrá a recogernos — le sonrió mientras guardaba su celular — Tenemos tiempo antes de que llegue ¿Quieres comer algo? —Claro — respondió apresurada ya que a decir verdad se moría de hambre. Jamie Oliver's Diner, 3:23 P.M. Ordenaron un par de hamburguesas, papas fritas y refresco para ambos. El clima en Londres era agradable tal y como le gustaba a Ailén. —¿Quién vendrá a recogernos? — preguntó mientras sostenía un salero en su mano. James la miró, había muchas cosas que quería saber de ella, pero aún no era momento — Un empleado de la familia Garmin, él fue quien me contacto. Ailén solo asintió, como respuesta mientras continuaba jugueteando con el salero. Su comida llegó acompañada de una conversación ligera y amena entre ambos. 4:19 P.M. Caminaban hasta la salida del aeropuerto para buscar a quien los llevaría a su próximo destino. —Debe estar por aquí — dije James, alzando la mirada para buscar entre todos los autos que estaban llegando. El sonido del claxon a lo lejos los alertó, una sonrisa satisfactoria en el rostro de James era la señal de que por fin había llegado su transporte — Vamos, llegó — se apresuraron hasta el BMW color azul. —¡James! — se escuchó la gruesa voz de un hombre bajando del auto — Una disculpa por la demora — su acento y manera tan formal de hablar era de esperarse con esa apariencia tan refinada. —Hola Kevin — la eufórica manera de hablar con él, le hizo saber a Ailén que así era con todos — Te presento a la señorita Ailén Anderson, es quien se encargará del cuadro. Una sonrisa radiante apareció en los finos labios — Mucho gusto señorita, mi nombre es Kevin Williams — ofreció su mano en señal de saludo. Ailén correspondió con un ligero apretón de manos, aquel hombre de mediana edad era bastante apuesto. Sus ojos grises y cabello con pocas canas era su punto fuerte — El gusto es mío. —Es hora de irnos — James tomó las cosas y las subió al auto — Los Garmin deben estar esperando por nosotros. —Por supuesto, están emocionados — Kevin subió al auto para conducir hasta la residencia. Hampsted Lane, 5:42 P.M. La villa era hermosa, de una arquitectura moderna sorprendente y un gran jardín. A pesar de encontrarse cerca de la ciudad, el ruido era poco y una sensación de tranquilidad transmitía estar allí. —¡Es hermoso! — exclamó Ailén mientras seguía a Kevin a la entrada principal. —Pasen — la puerta se abrió dejando al descubierto la hermosa decoración del recinto — Avisaré a los señores de su llegada. James y Ailén permanecieron en el vestíbulo, mirando con atención cada pequeño detalle de aquel lugar — La primera vez que vine también estaba encantado por el lugar. —¿Verdad? — Ailén seguía recorriendo con su vista. —Bienvenidos — una tierna voz se escuchó — Me alegra mucho contar con su presencia James y señorita Anderson — una anciana de por lo menos setenta años apareció frente a ellos, era tan linda que poco importaba su edad. —¡Juliana! — el eufórico James se acercó para darle un fuerte abrazo — Me encanta poder verte de nuevo, estás bellísima — aquel elogio logró sacarle una sonrisa a la susodicha que no dejaba de tocar sus mejillas. —¡Oh, James! — una pequeña risa fue acompañante de aquella corta frase — Eres tan pícaro como siempre — beso sus mejillas para después dirigir su vista a la chica que aún permanecía frente a ella, observando la divertida escena — Pero mira, que belleza de niña — soltó a James y caminó hasta Ailén para abrazarla fuertemente. —Mucho gusto señora Garmin — saludo cortésmente — Soy Ailén Anderson y agradezco su confianza al permitirme ser yo quien realice el trabajo — sonrió. De nuevo aquella ricilla se escuchó — Vamos niña, no debes ser tan formal — apretó las manos de Ailén y de nuevo sonrió — Llámame Juliana. «¿De verdad su esposo morirá?» se preguntó a sí misma ante la actitud jovial que la anciana tenía hacia ellos. —¡Llegaron! — la voz más tranquila de un anciano se escuchó cerca de la puerta. —Querido — Juliana se acercó preocupada hasta su esposo, que sostenía un bastón de madera — Deberías estar descansando. —Cariño, he descansado mucho últimamente — sonrió — Además, quería darles la bienvenida a nuestros invitados cómo debía ser. —¡Sam! — James no tardó en acercarse para saludar al recién llegado — Me da gusto verte — de nuevo un abrazo fue el saludo. —El gusto es mío James, me alegra ver qué sigues igual de activo — dio un pequeño golpe en el pecho del más joven — ¿Ella es? — preguntó mientras dirigía su vista hasta Ailén. —Si, ella es quien será su artista — a acercó a Ailén y la tomo de los hombros — La señorita Ailén Anderson, la mejor artista del mundo. —¡Que exagerado! — jugueteo Ailén, sonriendo al anciano que le respondía de la misma manera — Señor Sam Garmin, es un gusto conocerlo. Sam se acercó para darle un beso en la mejilla como saludo mientras tomaba sus manos entre las de él — Llámame Sam, Ailén te agradezco el tiempo que nos brindaras. —No hay nada que agradecer Sam. —Bien, ahora que ya nos conocemos — Juliana se acercó a su esposo y sostuvo su mano — Kevin, indicarles sus habitaciones por favor —Claro señora — tomó las maletas — Síganme por favor — Ailén y James lo siguieron a través de las imponentes escaleras. 7:16 P.M. Después de haber desempacando y descansar de su viaje, hubo una gran cena que compartieron con el señor y la señora Garmin mientras que conversaban de manera fluida sobre todo tipo de cosas, con da conversación Ailén no podía creer que ese par de ancianos estaban por experimentar el peor de los dolores al perderse el uno al otro. La luna resplandecía en lo alto, Ailén disfrutaba de aquella vista sentada en la fuente del jardín mientras sus pensamientos divagaban recordando cosas que para ella habría sido mejor dejar ocultos. —Te amo — dijo Cedric mientras apartaba el mechón de cabello que se había colado en la frente de Ailén — Recuerda que siempre lo haré. —¿Por qué lo dices tan serio? — sonrió Ailén mientras con su mano acariciaba el pecho desnudo de su novio — Nunca lo olvidare — tomó la mano de Cedric y la puso en su pecho — Tú también recuerda lo mucho que te amo — su corazón latía tan rápido que era ridículo. —¿Por qué esa cara? — James se acercó causando que la chica saltará del susto mientras tocaba su pecho y sus ojos parecían más tristes de lo normal — ¡Tienes esa mirada! — expresó tomando asiento junto a ella. Ailén lo miró con cierta molestia — ¡No me asustes! — reclamó mientras se reincorporaba en su asiento —¿De qué mirada hablas? —¡Esa! — James giró para verla más de cerca — La que alguien pone cuando perdió un gran amor. Aquellas palabras causaron cierta curiosidad en ella — ¿Y tú como lo sabes? ¿Has perdido un gran amor? — rio entre dientes observando como el rostro alegre de James se tornaba triste. —Si — respondió sonriendo con tristeza — Fue hace casi seis años — giró la mirada de nuevo para ver a Ailén — Perdí a mi esposa. Aquella confesión la tomó por sorpresa, lo que había sido una mirada alegre y una amable sonrisa, ahora era cubierto por la tristeza —Lo siento — respondió apenada al saber lo imprudente que fue. James movió la cabeza de lado a lado en señal de un no — Fue hace algún tiempo y aunque aún duele, sigo adelante. —¿Cómo? — preguntó ingenuamente Ailén, para ella era difícil seguir adelante después del trauma por el que pasó además de lo difícil que era olvidar el amor que sentía por Cedric, que desde su llegada parecía recordar constantemente los buenos momentos que vivieron. James sonrió mirando el gran astro que continuaba iluminando su rostro — Tampoco lo sabía, pero entendí que no importaba cuánto sufriera yo nunca podría recuperarla, así que simplemente decidí dejar atrás todo el dolor y avanzar. La recuerdo cada día de mi vida, aunque esta vez como un hermoso suceso en mi vida. —Eres muy fuerte. —Claro que no — sonrió — Soy débil y a pesar de eso decidí que sonreiría como siempre. Ailén permaneció en silencio — ¿Cómo sucedió? — preguntó sin pensar en la imprudencia que estaba cometiendo — Lo siento, no debes contarme si no quieres. De nuevo una sonrisa se dibujó en el rostro de James — Te lo contaré — tomó aire como si tomara fuera para recordar lo sucedido — Fue hace casi diez años, acaba de cumplir veinte años cuando la conocí mientras aún vivía en Inglaterra — una alegre sonrisa apareció — Era amable y bonita, su nombre era Ymir una chica demasiado hermosa como para creer que era humana, de inmediato supe que era la indicada y un año después nos casamos — sus ojos parecían iluminarse con los recuerdos — Éramos jóvenes pero aun así sabíamos que nuestro amor era tan verdadero como cualquier otro y aunque la vida era dura, sabíamos vencer cada obstáculo. Después de tres años de matrimonio, las cosas estaban yendo por buen camino ya que recién había abierto mi propia empresa — su voz comenzó a sonar cada vez más triste— Una día como cualquier otro me llamo para decirme que no llegara tarde a casa porque quería contarme algo importante; debido a mi abrumador trabajo, no le tome importancia al tono de su voz que estaba visiblemente emocionada y continué solo respondiendo un “Ok” — apretó sus manos y empuñó los ojos — Salí del trabajo a las 7:00 p.m. y recibí un mensaje suyo que decía “Me olvidé de comprar tu vino favorito, espérame en casa” no lo respondí y subí al auto en dirección a casa — Ailén lo miraba sin decir una sola palabra —Ese día había llovido mucho y aún no cesaba por completo así que decidí ir sobre una de las avenidas que raramente tomaba y entonces me encontré con un fatal accidente que estaba obstruyendo el paso — sus ojos estaban acristalados, los recuerdos estaban llegando a su mente — El agua no me dejaba ver por completo, pero conforme avanzaba logré ver la camioneta negra volcada sobre la acera. Había sido embestida por un tráiler que perdió el control debido al pavimento resbaladizo — pauso por unos segundos tratando de tranquilizar su mente — Ella había muerto en el lugar. Al día siguiente cuando regrese a casa, encontré la mesa puesta junto a la cena que había preparado y una pequeña caja con una nota “No importante que tan dura sea la vida, recuerda que nosotros siempre estaremos contigo” después de leer abrí la pequeña caja y me encontré con una prueba de embarazo positiva — su voz se cortó por completo y rompió en llanto — Sería padre y en una sola noche había perdido todo — Ailén no soporto más y lo abrazó lo más fuerte que pudo, en esos momentos había quedado muy atrás el hombre jovial y alegre que siempre mostraba una sonrisa. Nueva York, 2:16 A.M. Cedric dormía después de un largo día en el trabajo, el silencio de la noche fue interrumpido por una llamada entrante que a duras penas fue respondida por él. —Hola — respondió aún medio dormido. —Cedric, debes revisar tu correo — Ben parecía alterado. —¿Sabes qué hora es? Aquí aún dormimos. —Lo sé — respondió serio — Pero no creo que quieras seguir durmiendo después de lo que verás — aquella voz tan seria hizo que Cedric se levantará de golpe y se dirigiera hasta su laptop para abrir su correo en dónde encontró uno de Ben, “Investigación” aquella palabra lo hizo tragar saliva. —¿Qué encontraste? — preguntó mientras el archivo abría. —No demasiado como hubiese querido — bufó Ben — Mi investigación solo se basó en Europa, pero fue suficiente para saber que las cosas no están bien. —¿De qué hablas? —Al parecer Elliott Brandell regresó a Nueva Zelanda después de su intercambio. Se casó con una mujer llamada Sandra Ávila quien aparentemente también fue compañera de Ailén — Cedric escuchaba atento mientras leía el informe que estaba siendo resumido por su amigo — Meses después fue arrestado por violencia intrafamiliar — unas fotografías del rostro y cuerpo de Sandra brutalmente golpeado fueron vistas por Cedric — Pero ella retiró la demanda alegando que su esposo no había tenido nada que ver, aunque las pruebas decían lo contrario. Pero eso no es todo, fue despedido de tres trabajos por su personalidad violenta. Se mudaron a Bélgica, dónde de nuevo tuvo problemas con la policía al ser sospechoso de golpear nuevamente a Sandra y está vez dejarla al borde de la muerte — otra serie de fotografías eran vistas por Cedric, que no dejaba de sentir inquietud — Después de esos sucesos no encontré nada más. —¿Dónde está ahora? —No lo sé, no pude investigar más. Pero hay algo importante que debes saber — hizo una pausa como tratando de pensar en la forma de decirlo— Al parecer estuvo involucrado en un caso similar de violencia en Nueva York. Cedric sentía hundirse en su asiento, una sensación fría se apoderó de su espalda mientras que su cuerpo no dejaba de temblar. Estaba aterrado y no había necesidad de buscar una razón, porque sabía que era debido al miedo de saber que Ailén estaba involucrada.
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