Québec, 19 de septiembre, 11:01 A.M. —Alan — su hermano habló fuerte y claro — Estoy aquí para decirte que amo a Ailén — después de esa frase hubo un silencio sepulcral en toda la habitación. Vannesa se limitó a esperar la respuesta de su esposo. Ailén temblaba y Cedric miraba fijamente a su hermano quien parecía aún no comprender aquellas palabras, su rostro no mostraba ninguna expresión y parecía como si reflexionara acerca de lo que había escuchado. —¿De qué hablas? — preguntó tocando su frente — Creo que escuché mal. —Amo a tu hija — lo dijo de nuevo causando que está vez Alan se pusiera de pie — Me enamoré de ella durante su estadía en Italia, aunque intenté negarlo y creer que estaba equivocado la verdad es que al corazón no se le puede engañar. La respiración de Alan parec

