CAPÍTULO 7

2817 Palabras
Sábado 11 de abril, 9:00 A. M. -Te llevaré a tu departamento – Grey camino lento junto a Patrick – Debo viajar a Quebec, así que necesito prepararme. -Si, no hay problema – respondió Patrick, con una sonrisa - ¿Dónde está tu hermano? – preguntó, mirando a su alrededor. - ¡Ese niño! – dijo con molestia. A lo lejos pudo encontrarlo, coqueteaba con un par de chicas jóvenes quienes le sonreían con agrado. -Hoy estoy libre, así que puedo llamarlas – guiño el ojo al recibir el trozo de papel con el número de ambas. -Sebastian – llamó a su hermano – Es hora de irnos. -Grey, acaso no ves que estoy ocupado – respondió con molestia, rodando los ojos y torciendo los labios – Puedes irte primero. -No – se acercó con una sonrisa amable – Lo siento señoritas, él viene conmigo y debemos irnos. Lamento las molestias – hablo con amabilidad haciendo que las chicas sonrieran entre sí. Sebastian se despidió de su par de ligues y salió detrás de su hermano quien hablaba con Ailén sobre su viaje a Quebec. -Te llevaré al departamento – dijo Grey, finalizando la llamada y mirando a su hermano menor. - ¿Contigo? – preguntó dudoso, pero con algo de alegría en sus palabras. Grey alejo su mirada apenada – No, nuestros padres me pidieron que te llevara al departamento de Madison Ave – suspiro con molestia al recordar lo que su madre dijo > desde cuando su hermano menor fue clasificado como una molestia. -Supongo que no quieren que sea una molestia para su querido hijo - habló con enojo. -Sabes que no es verdad – intentó disuadir al menor – Ellos no piensan eso. -No hay necesidad de mentir – buzo, caminando más rápido – A mí no me importa que piensen así – dijo con una sonrisa falsa y mirada triste. Patrick miró al par de hermanos, aquella interacción era totalmente opuesta a la que tenía con su melliza Catherine y eso le hacía sentir algo de tristeza. Su amigo amaba a su hermano menor, lo quería como a nadie, pero las constantes comparaciones que sus padres hacían, los malos comentarios hacia Sebastian y el poco interés que mostraban en él en comparación con el favoritismo que le daban a Grey, eran los detonantes de aquella mala relación. -No recuerdo cuando fue la última vez que pudimos conversar como hermanos – dijo Grey al ver a su amigo caminar junto a él. Patrick sostuvo su hombro y sonrió con calidez, matando a su enamorado – No te preocupes, estoy seguro que Sebastian te quiere tanto como tú a él. Grey sintió que esa sonrisa obsequiada por su amigo, le daba mil años de vida. Si tan sólo no fuera tan cobarde, tal vez podría vivir como el deseaba. 10:57 A. M. Five Leaves Después de un rico y tranquilo desayuno, los tres salieron del restaurante para volver al auto y dirigirse a sus respectivos destinos. -Ya casi es hora – dijo Patrick, mientras buscaba entre los canales de la radio – El programa de Lucy va a comenzar. > Sebastian escuchaba atento a la locutora de radio. Sus palabras le hicieron mover su corazón, su suave y sensual voz le erizo la piel. Lucy Clark, aunque no la conocía ya se había ganado su interés. - ¿La conocen? – preguntó al par que escuchaba atento. -Si, es una amiga – respondió Grey. - ¿Te gusta? - ¡No! Solo es una buena amiga – negó rápidamente. - ¿Y a ti Patrick? – preguntó al copiloto, quién comenzó a meditar sobre aquella pregunta. -No – respondió con duda. -Parece que estas dudando – dijo Sebastian, atrayendo la atención de su hermano que parecía alterado ante la respuesta poco sincera de su amigo. -La conocí cuando tenía 18 y aún vivía en Italia, me pareció una hermosa chica – su mente vago hasta aquellos días en que se conocieron – Realmente me parecía una chica atractiva – sin saberlo aquellas palabras clavaban dagas a su amigo, que miraba aún más tenso a quien hablaba inspirado sobre la chica en cuestión – Me gusta – dijo sin más, provocando una gran sorpresa en sus acompañantes. -Vaya – dijo Sebastian con un poco de molestia - ¿Y porque no le pediste que saliera contigo? – Grey sintió que su alma salió de su cuerpo al escuchar aquella confesión, quería detenerse y gritar. -Espera – respondió a quien cuestionaban – Me gusta, pero sólo como amiga. Tú nunca especificaste de qué manera – aquella respuesta hizo que el alma de Grey le volvió al cuerpo y un suspiro interno de alivio le hizo sonreír. -Obvio me refiero de manera romántica – dijo Sebastian. -Oh, entonces no. Ella no me gusta. -Bien – respondió con una sonrisa de satisfacción al saber que ella no era especial para ellos por lo menos de manera romántica. 2:33 A. M. Bar SixtyFive at Rainbow Room Sebastian llegó al bar acompañado de sus nuevas “amigas” a quienes apenas hace unas horas había conocido en el aeropuerto. - ¿Cómo logras pasar a este tipo de lugares, si eres menor de edad? – preguntó una exuberante rubia de gran pecho. El chico sonrió, mostrando su billetera – Todo es gracias al dinero – sonrió engreído ante aquella realidad. Las chicas se pegaron más a él, bailando y bebiendo sin pensar en lo que gastarían. Para él, el dinero lo era todo o por lo menos hasta ese momento en el que su vida no parecía interesarle a nadie ya que sus padres siempre preferían a su hermano mayor. Bebía su quinta copa de la noche y entonces fijo su vista a la terraza, en donde una chica llamó su atención. Su rizado y sedoso cabello danzaba con el viento, su corto vestido dejaba al descubierto sus esplendorosas piernas de tez blanca que lo tentaban a enrojecer, su altura promedio y esa figura que parecía no destacar mucho en comparación a sus acompañantes, era extrañamente sexy para él. Sin pensar dos veces, dejó a las mujeres que estaban con él. -Hola – saludo casualmente a la chica que Bebía sola, en una mesa con lugar para alguien más - ¿Puedo sentarme? – preguntó, sonriendo gentilmente. -Hola – saludo Lucy, mirando con interés al hombre que se acercó a ella – Claro, siéntate. - ¿Cómo te llamas? -Lucy Clark – respondió, bebiendo de nuevo y sonriendo ligeramente - ¿Y tú? -Sebastian Flambee – respondió, mirando con curiosidad a la chica, a quien por lo menos ya había escuchado en la estación de radio y que sabía algunas cosas sobre ella. Lucy sintió que ese apellido le sonaba de algún lado, pero no lograba recordar de dónde. -¿Por qué una chica tan linda como tú, está sola? – fijo sus penetrantes ojos sobre ella, causando una sensación placentera en la joven. -Solo quería disfrutar un poco más de mí – dijo sin despegar sus ojos del chico - ¿Y tú, no estás acompañado? -Lo estoy – respondió sin interés – Pero la verdad – sonrió con burla – Esas chicas son algo aburridas además de interesadas. Lucy rio ante aquella descripción por parte de su acompañante – Eso es por salir con quien se te para enfrente – Volvió a beber y alzó la mano para llamar al mesero, quien en menos de treinta segundos ya estaba parado junto a ella – Puedes traerme otro igual – dijo al mesero, quien asintió y se alejó – Los hombres no prestan atención a las mujeres, para ellos el solo hecho de tener un buen cuerpo, ya es suficiente. Sebastian comenzó a reír ante la manera tan honesta de hablar. Era una mujer interesante que lo había cautivado con su conversación. Decidió beber junto a ella y seguir con aquella platica que tanto le había agradado, hablaron durante bastante tiempo de cosas al azar, pero entretenidas. 3:18 A. M. Lucy había bebido de más, su cuerpo estaba bastante relajado y sabía que no podía seguir en aquella situación. -Debo irme – dijo entre murmuros, intentando ponerse de pie, pero fallando en el intento. -Cuidado – Sebastian la tomó de la cintura y observó detenidamente su pálido rostro que se iluminaba con la luz de la luna – Sería malo si te haces daño. -Gracias – volvió a ponerse de pie a pesar de lo mal que estaba – Eres muy guapo – hablo arrastrando las palabras, intentando pronunciar adecuadamente cada una – Me alegra haber conocido a un chico guapo el día de mi cumpleaños. -Felicidades – respondió, sonriendo y tomando su mano con delicadeza - ¿Cuál es tu deseo de cumpleaños? – preguntó sensualmente cerca de su oído, soltando el aliento caliente que la hizo erizarse. Lucy se estremeció y entonces respondió – Ten sexo conmigo – dijo entre risas, sabía que era imposible que ese hombre aceptará. Su falta de experiencia e inexistente romance en su vida, la hizo una mujer independiente la cual no esperaba nada de ningún hombre, pero con él era distinto, no quería conformarse solo con una buena conversación. Sebastian la miró sin responder, después sonrió – Vamos a mi departamento – la tomó de la mano y camino hasta la salida. - ¿Estás seguro? – preguntó algo nervioso. -Lucy – se acercó a su oído y acarició su antebrazo con la yema de los dedos - ¿Te arrepientes ahora? La chica lo beso ferozmente, pegando su cuerpo al de él – Estoy segura – dijo, aún no estaba segura de lo que hacía, su mente estaba nublada y apenas podía comprender lo que hacía, aunque poco le interesaba eso. Necesitaba sentirlo por completo. Sábado 2 de mayo 6:13 P. M, Jardín Botánico de Brooklyn. - ¡Por fin llegan! – grito Violet, quien ya se encontraba sentada bajo un árbol de cerezo mirando molesta al grupo de seis que había llegado – Que extraño grupo – dijo entre risas. -Perdón – Patrick se acercó a saludar a la pareja que al parecer habían estado esperando por mucho tiempo – Ailén se negaba a salir – miró a su amiga, que miraba insatisfecha. -Vamos Ailén – Dean se acercó a su “hermana” halándola del brazo y acercándola al lugar designado – Está todo listo. -Hola – Violet saludo al resto. -¡Sebastian! – Dean se acercó con alegría, saludando al joven – Me alegra verte. -Igual para mí – saludo amable y sonriente - ¿Cómo está el embarazo? -Bastante bien, gracias – Violet también se alegró de la presencia del chico. - ¿Quién falta? – preguntó Cedric. -Lucy – Violet miró el reloj – Ella nunca llega tarde. Sebastian miró con interés, estaba ansioso por verla. Después de sus dos encuentros, procuro mantenerse en contacto con ella porque por alguna razón su interés estaba creciendo. -Le pedí un favor – respondió Grey, sentándose junto a Patrick – Debe estar por llegar. Varios minutos después, cuando ya todos disfrutaban de la tranquilidad de esa tarde, llegó. -Perdón – grito tomando una bocanada de aire – Me retrase – dijo sosteniendo en sus manos un paquete. -¡Lucy! – grito Elayne, corriendo hasta sus piernas y sonriendo con alegría. -Hola Ely – se arrodilló para besar tiernamente su mejilla. -Por fin podemos comenzar – dirigió su vista a Grey, entregando el paquete y sonriendo con felicidad. -Gracias – lo recibió y volvió a sentarse junto a los demás – Ya que estamos todos, me gustaría que nos acompañen para celebrar el cumpleaños número 18 de mi hermano – miró a Sebastian, quien parecía feliz ante la muestra de cariño. Era la primera vez que festejaban su cumpleaños, ni siquiera sus padres se habían tomado la molestia de enviarle un mensaje de felicitación, pero estaba frente a personas que sonreían y le felicitaba. -¡Sebastian, feliz cumpleaños! – todos gritaron en coro, aplaudiendo y abrazándolo con amor. 6:52 P. M. -Iré por algo de beber ¿Quieren algo? – preguntó Lucy, poniéndose de pie y sacudiéndose el polvo. -Podrías traernos algunos refrescos – dijo Dean y Cedric. -Claro – tomó el dinero y se alejó. -Iré contigo – Sebastian se puso de pie, corriendo para alcanzarla. Lucy seguía caminando sin decir una sola palabra, el jardín estaba lleno de parejas, grupo de amigos y familias, para presenciar el majestuoso evento de flores de cerezo. Miraba a su alrededor con admiración y entonces, sintió la gran mano de Sebastian sujetar la suya. -Espera, nos separaremos – dijo con enojo, halándola había él. Y mirando feroz al grupo de chicos que miraban atentos el andar de Lucy. -No soy una niña – respondió ante la actitud sobre protectora de su acompañante – Podía venir sola. -Vamos – cruzó su brazo sobre los hombros de Lucy – Hoy es mi cumpleaños, deberías tratarme bien – rozó sus dedos en la piel del cuello de la chica, quien lo alejó rápidamente. -Sebastian – su voz sonaba molesta - ¿Te molesta que te llame niño? – preguntó, aunque ya sabía la respuesta. -Si – dijo, parándose en seco. -Entonces, deja de comportarte como uno. Dime ¿Por qué sigues llamándome? Sebastian no entendía aquella pregunta – Porque me gustas– respondió sincero. - ¿De verdad? – sé alejo un poco y miro a su alrededor – Supongo que sí te gustó, sabes cosas de mí. ¿Qué estudio? ¿Tengo hermanos? ¿Alguna vez me he enamorado? El chico seguía mirando desconcertado ante tanta pregunta. Aunque tenía razón, él no sabía nada de ella, pero nunca le había importado no saber nada de las chicas con las que salía, al final solo era por diversión. -Me lo imaginaba – dijo, tocándose la mejilla y cerrando los ojos como si estuviera pensando – ¿Quieres que te considere un adulto? -Si – respondió rápidamente. -Entonces hagamos una cosa – miró atenta al chico que parecía no comprender del todo lo que pasaba – Seremos amigos. Tienes prohibido tocarme sin mí consentimiento, tendremos conversaciones normales y sin ninguna insinuación s****l– se acercó a él y colocó su dedo índice sobre su pecho – Te enseñaré como debes tratar a una mujer – en ese momento, Sebastian sintió una corriente eléctrica recorrer su cuerpo, mientras miraba a esa mujer, se dio cuenta que su vida estaba por cambiar. -Bien, acepto – sonrió feliz – Pero, debes darme un regalo de cumpleaños. - ¿Cómo qué? – preguntó dudosa. -No lo sé – se tocaba el labio inferior, mirando con esos ojos penetrantes - ¿Qué podría darme, señorita Clark? Lucy se enrojeció ante la actitud pícara y sensual que tenía el chico, ella era algo sensible ante las cosas sexuales y por eso mismo evitaba hablar de ello, pero ese niño era un gigolo sin remedio que le hacía cosas pervertidas como nadie antes. Apretó los puños y se acercó a él, tomándolo de la camisa con fuerza, haciendo que se inclinara a su altura y lo beso tiernamente en los labios, provocando que Sebastian abriera los ojos de la impresión. -Feliz cumpleaños – dijo, alejándose de él y mirándolo con ternura. Sebastian estaba sin palabras, sabía lo mala que era manejando cosas románticas y sexuales, por eso le gustaba molestarla, pero no creyó que fuera capaz de tomar la iniciativa. La chica se dio cuenta de la mirada que tenía y sus mejillas volvieron a enrojecer, alejándose de él y caminando rápidamente sin mirarlo. Esa tarde de primavera, las flores de cerezo danzaban al ritmo del viento provocando un espectáculo lleno de belleza, esa tarde, en donde un par de corazones comenzaron a latir en conjunto, uniéndose en un tierno beso y abriendo el camino a sentimientos ajenos para ambos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR