Una semana había pasado desde el accidente, Alan y Vannesa viajaron a Shangai con la esperanza de que el tratamiento fuera exitoso.
Cedric viajo de vuelta a Florencia, tenía cosas que preparar antes de mudarse a Nueva York por nueve meses y ayudar a Ailén con los cambios que se harían en la empresa de su hermano.
Durante ese tiempo, Ailén logró abrir nuevas oficinas para así trabajar más cerca de su trabajo en el colegio y escuela.
Lunes 27 de abril, 8:43 A. M.
Ailén esperaba a los niños en la entrada de la escuela, junto a la risueña Dimary que sonreía ampliamente a cada pequeño que llegaba.
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Aquel bullicio hizo que Ailén se percatara de la llegada de Cedric, quien caminaba sonriendo a sus alrededores con Elayne tomada de la mano.
-Oye – Dimary llamó a su compañera - ¿Ese no es Cedric Blacke? – preguntó mirando con asombro al hombre que se acercó lentamente a Ailén.
- ¡Hola! – saludo con aquella sonrisa radiante. Sosteniendo a la pequeña que imitaba la sonrisa de su padre.
Ailén miró fríamente, sabía que llegaría ya que su madre la forzó a ayudarlo con el trámite de su hija y eso le molestó bastante.
-¡Ai! – Elayne llamó con alegría a la chica, quien le sonrió tiernamente y acarició su mejilla – Estudiaré aquí.
-Lo sé y yo seré tu profesora – dijo sin dejar de mirarla – Te llevaré a tu salón – miró a su compañera que seguía embobada con Cedric – Dimary, te dejó el resto.
-Si, no hay problema.
Cedric le sonrió y camino detrás de Ailén.
-Es muy grande – dijo Cedric, mirando con atención su alrededor - ¿Desde hace cuánto trabajas aquí? – preguntó.
-Mucho tiempo – respondió Ailén con la mirada fija en el pasillo.
-Es bonito – continuó hablando, pese a la fría actitud de su “sobrina” - ¿Qué haces después de aquí? – preguntó, siguiéndole hasta un amplio salón en donde ya había algunos niños.
-Ely – miró a la niña que caminaba tomada de su mano – Lleva tus cosas a ese estante – señaló un mueble lleno de mochilas – Y espérame sentada.
- ¡OK! – se acercó a su papá, quien la elevó – Me voy, ¿Vendrás por mí?
-Por supuesto cariño – sonrió, besando su mejilla – Cuídate y pórtate bien. Haz muchos amigos.
Elayne correspondió el beso de su padre y después corrió para dejar su pequeño bolso. Ailén caminó hasta su escritorio y tomó una gran carpeta – Toma – se la entregó a Cedric, quien la miraba curioso – Dentro está la dirección de las nuevas oficinas, los horarios que manejaremos, el nombre de los accionistas, empresas con las que trabajamos, contratos pendientes. Elsa Grimm, es la asistente personal de mi papá y estará trabajando con nosotros; en cuanto llegues, búscala.
-Gracias – hojeo el contenido y se sorprendió de lo eficiente que era Ailén - ¿Horarios? – preguntó, revisando la hoja.
-Trabajarás por la mañana, después nos reuniremos tres días a la semana para revisar algunos puntos que me hacen falta afianzar.
-Pero – miró descontento - ¿Creí que trabajaríamos juntos?
-No te confundas – miró con superioridad – Mi padre ha dicho que me ayudes, lo cual no necesariamente significa que debamos vernos todos los días.
Cedric sintió una gran tristeza recorrer su cuerpo ¿Cómo la traería de vuelta? Esa pregunta se formó en su cabeza, al saber que no había manera de entrar en aquel caparazón.
-Debo irme – Ailén miró a los últimos niños que estaban por entrar – La salida es a las 12:00 p. m.
Cedric asintió y dio un último vistazo a la mujer que entró al salón.
One World Trade Center, 9:12 A. M.
El edificio estaba abarrotado por oficinistas de las diferentes empresas que operaban en aquel lugar de arquitectura contemporánea y por los turistas que visitaban los miradores, con la esperanza de tomar una foto panorámica del lugar.
Cedric llegó al piso 28, el nombre de “Anderson International Imports” en letras metálicas pegadas en la pared de color n***o daba la bienvenida a clientes y empleados. El lugar era elegante y bastante moderno, parecía ser el lugar adecuado para un montón de milleniars o por lo menos esa impresión tenía Cedric.
-Buen día – se dirigió a la chica de recepción, que no paraba de teclear en su computador – Soy Cedric Blacke, comenzaré a trabajar aquí. Ailén me ha dicho que Elsa Grimm me daría indicaciones.
-Buen día – sonrió amablemente - Un momento – dijo de manera cortes, alzó el teléfono junto a ella y oprimido el número 4 – Hola Elsa, Cedric Blacke acaba de llegar. Ok – colgó y volvió la mirada a quien seguía en espera de una respuesta – Espere sentado en aquella sala – señaló el lugar cercano a la entrada, acompañada de aquella sonrisa amable.
-Gracias – tomó asiento en un sillón n***o, de donde podía observar a las personas que entraban y salían de sus oficinas. El sonido del elevador abriéndose, lo hizo mirar en aquella dirección. Una mujer que vestía un traje en tallado en color n***o, junto a unas altas zapatillas guindas, se dirigió a él con paso lento y elegante.
-Buen día, mi nombre es Elsa – saludo con una sonrisa.
-Mucho gusto, Cedric Blacke – saludo a la mujer que parecía bastante competente e inteligente.
-Seré su asistente durante el tiempo que este trabando con nosotros, vamos dentro – camino de nuevo en dirección a los elevadores y oprimió el número 35 – Nuestras oficinas abarcan del piso 28 hasta el 35, es en donde se encuentran las oficinas de los directivos – Cedric escuchaba atento – ¿Ailén le ha entregado una carpeta con información?
-Si – dijo, mostrándole – Me ha dado varios archivos.
-Por ahora, puede comenzar por eso y si necesita algo más podría ayudar – llegaron al piso 35, se dirigieron a una oficina al fondo del pasillo y Elsa abrió la puerta – Esta será su oficina – el lugar era amplio, tenía una decoración sutil y de buen gusto. Un escritorio de cristal, una pequeña sala negra y una amplia vista de la ciudad - ¿Es de su agrado?
-Por supuesto, el lugar me parece bastante tranquilo – caminó hasta el escritorio y dio una mirada al paisaje frente a él – Estaré trabajando con esta información, creo que podré ocuparme por un tiempo.
-Bien, mi oficina está del otro lado del pasillo y el número de mi extensión es el 4.
-Gracias.
El sonido de las zapatillas se escuchó en toda la oficina, hasta salir del lugar. Cedric tomó asiento en la silla frente a su escritorio y respiró profundo, intentando concentrarse en su trabajo y dejar un poco de lado la idea de traer de vuelta a Ailén.
11:14 A. M
Cedric continuaba revisando detenidamente los archivos que le fueron entregados. Su hermano siempre ha sido muy ordenado y perfeccionista, por lo cual no hay ningún error grave.
El teléfono de la oficina sonó, sin dudarlo demasiado alzó la bocina – Hola.
-Señor, Grey Flambee ha venido a entregar algunos documentos, pero quiere entregárselos personalmente – la chica de recepción cuyo nombre aún no sabía, habló con fluidez - ¿Qué le digo?
-Hazlo pasar – respondió Cedric, no le agradaba ese hombre, pero por cuestiones de trabajo debía aceptar verlo – Lo espero en mi oficina.
-Muy bien – respondió la chica y colgó.
Después de varios minutos, Grey entró a la oficina.
-Hola – saludó enérgico a quién aún parecía odiarlo – He traído el contrato de exportación, se hizo antes del accidente y creí pertinente que lo tengas.
Cedric tomó las hojas y comenzó a leerlas – Gracias – dijo sin mirarlo, pero entonces pensó en preguntar sobre Ailén – Grey, ¿Tienes tiempo para conversar?
Aquella pregunta fue algo sorprendente para él ya que era bien sabido lo mal que le caía a Cedric – Claro, tengo algo de tiempo libre – tomó asiento en la pequeña sala que se encontraba en el centro y fue seguido por Cedric.
-¿Quieres algo de tomar?
-No, estoy bien – respondió amable.
Cedric seguía sin decir una sola palabra, el ambiente estaba tenso y eso no ayudaba a ninguno de los dos – Escuche sobre la petición que te hicieron los padres de Ailén – Grey decidió romper el hielo – Eres la única esperanza que tienen.
-Tú sabes sobre lo que sucedió hace más de dos años ¿Verdad?
Grey suspiro y miró a su alrededor, sus ojos reflejaban tristeza – Se lo que pasó – dijo mirando a Cedric – También me pidieron traerla de vuelta, pero sin importar lo que hiciera nunca lo logre.
-Dime – Cedric sentía un gran miedo recorrer su cuerpo al ver la expresión de Grey, pasó algo malo y quería saberlo – Necesito saber que pasó.
Grey negó con la cabeza – Es imposible, no puedo contarte nada – dicho esto, Cedric se puso de pie y lo tomó de la camisa.
- ¿Porqué? Si te importa Ailén, ¡debes ayudarme! – grito con fuerza, empujándolo lejos de él.
- No es algo que yo deba decirte – Grey alejo las manos de Cedric y lo siguió con la vista – Ella decidirá cuando es el momento para contarte – acomodó su corbata, sin perder de vista a Cedric quien se volvió a sentar en su silla – Se que no te agrado – habló con algo de molestia – Pero yo no soy tu enemigo, somos un par de adultos que tenemos algo en común – Cedric lo miró – Confío en ti y sé que eres la persona indicada para ayudar a Ailén.
Bufo, dejando al descubierto su insatisfacción – No lo sé – entrelazo sus manos – Frente a nosotros hay un enorme muro.
Grey se acercó un poco más y pudo ver las hojas que estaban esparcidas en el escritorio, un par de ellas llamó su atención y dio una cálida sonrisa – Algunas veces no logramos ver fácilmente lo que hay frente a nosotros y Ailén se ha vuelto una experta en cubrir sus buenas acciones.
Aquellas palabras dejaron confusión en Cedric.
-Me voy – acercó las hojas al hombre frente y él – Cedric, aunque no lo creas – sonrió – Estamos juntos en esto, porque Ailén es una persona importante para mí y quiero ver su sonrisa de vuelta – salió, dejando a un confuso Cedric sosteniendo las hojas que le había dado.
- ¿Qué con esto? – dijo, mirando detenidamente cada una, llegando a la sorprendente conclusión de que Ailén había hecho una perfecta sincronización entre sus horas de trabajo y las clases de Elayne, dejándole bastante tiempo para poder cuidar de ella sin necesidad de descuidarla. Una sonrisa melancólica se dibujó en su rostro - ¿Aún sigues esperando por mí? – preguntó, mirando el paisaje detrás suyo.
Trinity School, 11:41 A. M.
Durante el camino a la escuela de Elayne, Cedric pensó detenidamente la manera en que se podría acercar a Ailén, evitando que ella incrementará el muro entre ellos. Se detuvo en una frutería y compró un par de duraznos, hubiese podido comprar algo más llamativo, pero no había nadie que la conociera mejor que él.
Llegó a la escuela y recorrió lentamente los pasillos, hasta llegar al patio donde los niños jugaban entre sí. Ailén se encontraba debajo de un cedro, Ailén se encontraba debajo de un cedro, sonriendo cálidamente a cada uno de los niños que se acercaban a ella con la intención de obtener su atención. Algo dentro de él le decía que Ailén, su Ailén, aún seguía dentro de aquella mujer de sonrisa falsa y deseaba con toda su alma poder traerla de vuelta. El viento jugaba con aquel corto cabello, su rostro se iluminaba con los rayos de sol y la sonrisa tierna que ofrecía a sus estudiantes, eran un conjunto perfecto que hacían latir su corazón como un pequeño tambor dándole la señal de que aquel amor aún seguía guardado dentro de él.
El timbre sonó y los niños corrieron hasta su salón para recoger sus cosas. Elayne al ver a su padre se lanzó a sus brazos con la sonrisa más feliz que hubiese visto en ella.
- ¿Te divertiste? – preguntó sosteniéndola entre sus brazos.
- ¡Si! – habló llena de entusiasmo – Hice muchos amigos y jugué con ellos.
- ¡Vaya! Es genial – acarició su mejilla y la beso con cariño.
Ailén miraba aquella escena, que sólo transmitía ternura por la manera tan paternal en la que se comportaba Cedric. Aquella sonrisa tierna y cálida, le recordaba sin duda los días que vivieron juntos, disfrutando del amor que tenían para darse.
-Iré por mis cosas – dijo Elayne, corriendo hasta el salón.
- ¿Qué tal su día? – preguntó a Ailén, quién miraba su celular.
-Bastante bien, es una niña muy inteligente – dijo guardando su celular y mirando con poco interés a Cedric - ¿Todo bien en la oficina?
-Si, Grey me dejó el contrato de exportación que realizaron antes del accidente.
-Bien, te veo en la oficina a las 4:30 p. m. – comenzó a caminar, sin decir nada más.
- ¡Espera! – la llamó antes que se alejará aún más. Ailén se detuvo y miró a quien la llamaba – Toma – le entregó una pequeña bolsa con un par de duraznos de buen tamaño – Después de un largo día, nada mejor que un durazno– tomó su mano y colocó en ella la bolsa– Lo hiciste bien – acarició su cabeza, alborotando su cabello y dibujando en su rostro una sonrisa amorosa.
- ¡Estoy lista! – grito Elayne saliendo del salón.
-Muy bien, ¿Quieres comer?
- ¡Si!
Volvió a mirar a Ailén – Nos vemos más tarde – sonrió, sosteniendo la mano de su hija y caminando hacia la salida.
Ailén se quedó mirando su trayecto, aún podía sentir la calidez de las manos de Cedric al sostener las suyas y aquel gesto cariñoso que tanto amaba recibir en aquel entonces. Una sonrisa amarga se dibujó en aquel pálido rostro.
-Después de un largo día, ¿Qué te gustaría? – preguntó Cedric.
Ailén comenzó a pensar sobre lo que deseaba – Duraznos – respondió con una brillante sonrisa.
-¿Duraznos?
-Si, después de un largo día, nada mejor que un durazno – beso a Cedric, quien fue en busca de la petición de su novia.
-Lo hiciste bien – sonrió, acariciando su cabeza y alborotando su cabello.
12:41 P. M.
-Tío – Elayne se arrojó a los brazos de Dean, tan pronto como entró a la casa.
- ¿No hay nada para mí? – preguntó Violet, parándose junto a su prometido.
- ¡Tía! – sonrió ampliamente, abrazando con cariño a la mujer frente a ella.
Lucy entró detrás de ellos, aún no había conocido a Elayne - ¡Hola! – saludó alegremente a la pequeña que miraba fijamente a la desconocida – Soy Lucy, amiga de tus tíos – sonrió para darle confianza a la niña.
De inmediato sonrió alegre y se acercó a ella – Hola, me llamo Elayne – se presentó educadamente y sonrió con aquel rostro angelical que cautivaba a cualquiera.
Cedric salió de la cocina, encontrándose con las visitas inesperadas.
-¿Acaso no tienen casa? – preguntó, tomando a su hija entre sus brazos.
-Hemos venido a comer con ustedes – Dean mostró la caja de pollo frito que sostenía entre sus manos – No te quejes – dijo, entrando por completo a la casa.
-Perdón por venir sin avisar – Violet se disculpó, siguiendo a Dean – Queríamos visitarlos.
-Si. Además, tenía tanto que no te veía, que me pareció buena idea venir – Lucy saludo a Cedric, quien correspondió el abrazo. Sin duda aquellas niñas se habían vuelto parte importante en su círculo de amigos.
-Dejen de hablar, vamos a comer – Dean colocaba los platos sobre la mesa, los demás obedecieron y se apresuraron para comenzar a comer.
Había pasado largo tiempo desde que Cedric comía junto a varias personas y eso parecía también ser del agrado de Elayne, quien sonreía y disfrutaba aquel pequeño momento con las personas que la apreciaban. Al terminar la comida, Elayne se fue a la sala para ver una película infantil, dejando a los adultos hablar sobre sus asuntos.
- ¿Cómo estuvo el día? – preguntó Dean. Claramente refiriéndose sobre su encuentro con Ailén.
Un largo y profundo suspiro fue la respuesta clara para aquella pregunta.
- ¿Tan mal? – preguntó Lucy, sintiendo un poco de pena por Cedric.
-Dejando de lado el hecho de que ella parece odiarme, las limitaciones que tengo para verla y el enorme muro que se creó frente a nosotros – una ligera sonrisa se dibujó en el rostro de Cedric – Descubrí que algunas veces no logramos ver más allá de sus acciones.
Sus tres amigos escuchaban curiosos aquel dato, no sabían exactamente a qué se refería. Cedric se levantó de la mesa y fue en buscar de la prueba de aquello.
Colocó las hojas sobre la mesa y comenzó a explicar – Ailén me entregó estas dos hojas – las acercó – Una es el horario en el que nos veremos y la otra es el horario de clases de Elayne – Dean las tomo, observándolas con detenimiento al igual que sus dos acompañantes.
- ¿Esto es…? – Violet se quedó pasmada al darse cuenta de aquel “secreto oculto”
-Esa idiota – dijo Lucy, con enojo, pero a la vez con felicidad – Nos hace pensar que es una mujer fría, pero sigue siendo la misma chica amable que conocimos – lágrimas cubrieron sus ojos ante la sorpresa.
-Cedric – Dean colocó las hojas sobre la mesa y miró atento a su amigo – Te ayudaremos – dijo lleno de confianza – Juntos traeremos de vuelta a Ailén – sonrió. Cedric se dio cuenta que no estaba solo en esa guerra, que otras personas también esperaban el regreso de la Ailén que todos conocieron y si todos trabajaban juntos, lo lograrían.
> dijo para sí mismo, sonriéndole al trío que miraba lleno de confianza, reflejando sus deseos de lograr derrumbar el muro que se colocó frente a ellos y Ailén.