Ritz-Carlton Montreal, Domingo 19 de abril 10:10 P. M.
Cedric había recibido la llamada de Vannesa un día anterior, al escuchar sobre el accidente de su hermano sintió que su corazón se detendría, amaba profundamente a quien lo cuido desde que era un niño.
Aunque el viaje pudo ser algo complicado, viajando con una niña de cinco años y que nunca había volado por largo tiempo, logró que todo saliera bien. Llegó al hotel en donde sabía que su cuñada se hospedaba y se registró. Elayne aún seguía despierta por lo que era probable siguiera así hasta acostumbrarse al cambio de horario.
-Cedric – escucho la voz de Vannesa llamándolo. Sin responder nada, abrazo con fuerza a la esposa de su hermano que sin duda era quien más sufría ante la situación.
- ¿Cómo estás? – preguntó, sin dejar de sostener la mano de su hija que miraba atenta a los recién llegados.
-Lo estoy sobrellevando – respondió, secándose las lágrimas. Miró a la niña que no despegaba sus ojos de ella y se arrodilló para abrazarla – Elayne, cuanto has crecido – sonrió, maternalmente.
-Ely, ella es tu tía Vannesa – Cedric se acercó para explicarle un poco sobre lo que pasaba.
-Hola tía – sonrió angelicalmente, derritiendo el corazón de quienes la veían.
-Que hermosa eres – volvió a sonreír y se puso de pie – Por cierto, te presento a unos amigos – se dirigió a Cedric – Ellos son los padres de Grey, Katy y Brad Flambee.
-Mucho gusto – sonrió cortésmente – Soy el hermano menor de Alan – saludo y posó sus ojos sobre cada uno, recordando lo mal que le caía aquel hombre que siempre estaba cerca de Ailén.
- ¿En qué hospital está mi hermano?
- Le centre hospitalier de l’université de montréal – respondió Vannesa – Ailén se quedó, esa niña no ha descansado desde que llegó al hospital – miró tristemente.
Cedric sintió que su corazón temblaba al escuchar el nombre que tantas veces repitió. Grey lo miró, sabía perfectamente lo que pasaba y aunque no quisiera causar más dolor en Ailén, tal vez él era la clave para sacar a su amiga de ese abismo.
-Iré para hacerle compañía – dijo, tratando de evitar ser descubierto acerca de su verdadera intención que era estar cerca de ella y verla por primera vez en cinco años.
-Descansa, también debes estar cansado. Iremos a cenar y después de que duermas un poco puedes ir – Vannesa tomó la mano de su sobrina y sonrió para comenzar a caminar al restaurante del hotel.
Después de cenar y darse un baño, Cedric intentó que su hija durmiera, pero como era de esperarse la pequeña parecía tener suficiente energía para seguir durante un buen rato. Cedric jugaba con ella y de vez en cuando miraba el reloj que parecía no avanzar, quería ir a ver a Ailén cuanto antes, pero primero debía ocuparse de su hija.
5:18 A. M.
Cedric había dormido un poco, Elayne cayó rendida pasadas las 2 de la mañana y eso le dio tiempo a su papá de poder descansar, aunque fuera un poco. Tomó un baño y se cambió de ropa, tomó a Elayne para llevarla con Vannesa.
-Buenos días – saludo a su cuñada que aún parecía adormilada - ¿Puedo dejarte a Elayne? Quiero ir al hospital desde temprano para que Ailén pueda descansar un poco.
- No hay problema - Vannesa tomó a la niña y la recostó sobre la cama – Cedric – miró con un poco menos de sueño – Solo quiero advertirte, que Ailén ha cambiado mucho.
Cedric no entendía aquello - ¿Cómo? – preguntó intrigado.
-Será mejor que lo veas con tus propios ojos.
Se despidieron y Cedric emprendió su camino hasta el hospital.
5:42 P. M.
-Buen día – saludo a las enfermeras que estaban en la recepción – Soy hermano del señor Alan Anderson ¿Cómo se encuentra?
Una joven enfermera sonrió y devolvió el saludo, para después teclear en su computadora – Hace poco le hemos informado a su hija que el paciente saldrá de quirófano en un par de horas – volvió a sonreír con calidez.
-Muchas gracias – devolvió la sonrisa – Por cierto ¿Sabrá dónde se encuentra su hija?
La enfermera dudó un poco – Si mal no recuerdo, la vi salir al jardín hace poco más de diez minutos.
-Gracias – agradeció y salió en busca de la chica. El jardín era amplio y se encontraba húmedo por la lluvia que se presentó a media noche, aún estaba un poco oscuro y sólo se iluminaba con las lámparas esparcidas por el lugar. Caminó a tientas, intentando encontrar a quien buscaba.
Se acercó un poco a los rosales y logró ver a alguien en el techo del centro del jardín.
-¿Ailén? – preguntó, acercándose poco a poco para descubrir si era de quien se trataba. La persona salió debajo del techo y caminó, con la luz de las lámparas fue posible darse cuenta que era ella. La visualizo de pies a cabeza, aquel cuerpo se había embarnecido hasta tomar la correcta forma de una joven adulta, sus curvas se habían marcado y su rostro se estilizo. Su cuerpo se movió por sí sólo, sólo quería sentir cerca a la chica que miraba conmocionada.
-Ailén – dijo acercándose totalmente a ella, rozando la piel de su antebrazo con la yema de los dedos. Su cuerpo tembló al recordar aquella piel, al respirar el olor que tanto extraño y se obligó a no olvidar.
Ailén comenzó a llorar, lágrimas cristalinas bajaban por sus mejillas – Ya estoy aquí – pronunció cerca de su oído. Sin pensarlo, Cedric la envolvió entre sus brazos atrapándola por completo, aquel choque de cuerpos le hizo recordar la infinidad de veces que la sostuvo de esa manera.
Pero algo no era igual. Cedric noto la palidez de su cuerpo al igual que su delgadez, sus ojos oscuros y su mirada perdida. Era como si alguien hubiera succionado todo el brillo de su cuerpo, dejándola sin una pizca de vida en ella.
-¿Qué haces aquí? – lo empujó lejos de ella, arrepintiéndose de lo que había hecho.
Cedric sintió como un enorme muro se construyó frente a él, aquella frialdad y ojos sin vida se posaron sobre él, haciendo que sintiera como si una daga fría se enterrara en su corazón – Vannesa me llamó el día del accidente – respondió, alejándose un poco de ella para visualizar su rostro.
El amanecer llegó en todo su esplendor, mientras se miraban fijamente – Mi papá saldrá en un par de horas, puedes esperar en la sala – lanzó otras dagas.
-Ailén yo… - pronunció acercándose más a ella, intentando hacer contando con su cuerpo.
-Cedric – pronunció de manera violenta – Será mejor que no creas que puedes aparecer después de tantos años y aparentar que todo está bien – el viento primaveral soplo en su rostro, dejando al descubierto sus mejillas.
¿Aquella mujer era Ailén? Se preguntó mientras miraba su perfil, lucia completamente diferente y sin rastros de vida. Ahora entendía a lo que su cuñada se refería, ella había cambiado.
-Iré a la sala de espera – dijo alejándose de ella, tal vez no era momento para hablar y eso lo entendía.
Ailén se quedó en el jardín maldiciéndose por su incompetencia, seguía conmocionada por aquella calidez y la forma tan ligera que sintió su corazón, podría haberse obligado a olvidarlo, pero la realidad era que al sentirlo cerca se dio cuenta que sus recuerdos vivían en ella.
8:00 A. M.
Vannesa llegó al hospital en compañía de la pequeña Elayne, junto a Grey y sus padres. Había recibido la llamada de Ailén, diciendo que su papá había salido del quirófano y ya estaba en su propia habitación.
-Señorita – se dirigió a una enfermera que atendía la recepción – ¿Puedo pasar a ver al señor Alan Anderson?
-Lo siento señora, el paciente aún no despierta. Deben esperar un par de horas más.
-Gracias.
Recorrió la sala y encontró a su hija y cuñado, sentados de extremo a extremo.
-Hija – se acercó a ella y sonrió – En un par de horas podremos ver a tu papá – acercó a la pequeña que sostenía de la mano.
-Lo sé – respondió, mirando a la niña junto a su madre – Debes ser Elayne – sonrió vivamente, sorprendiendo a Cedric quién miraba atento.
-Si – la niña correspondió aquel gesto - ¿Tú quién eres? – preguntó.
-Mi nombre es Ailén, soy tu prima – se hinco para verla de cerca. Sin duda era una hermosa niña con apariencia de muñeca - ¿Estás cansada?
-No – volvió a sonreír, alzó sus brazos esperando ser levantada por Ailén. Quien la levantó sin ningún problema y camino con ella dando pequeños pasos – Eres muy bonita – dijo la niña, posando sus pequeñas manos en las mejillas frías de la chica.
-¿De verdad? – Ailén sonrió – Pero no más que tú – tocó su estómago, causando la risa de la niña quien se retorció en sus brazos.
Todos miraban aquella tierna escena, algo sorprendidos por la manera tan feliz que Ailén hablaba con la niña y lo buena que era tratándola.
-Debe ser por su trabajo en Trinity School – dijo Grey, sentándose junto a su mamá y Vannesa – Es muy buena cuidando a los niños y parece que se llevan muy bien.
-Una cualidad de una buena madre – respondió Katy, molestando a su hijo con aquel comentario – Deberías aprovechar Grey, cualquier hombre se fijará en ella.
Cedric escuchaba la conversación con un malestar en el estómago, no le gustaba escuchar nada de eso, pero lo único que le intrigó fue la manera en que Ailén se comportaba con su hija.
9:12 A. M.
Elayne caminó hasta donde se encontraba sentado su papá, después de pasar un buen rato junto a Ailén.
-Tengo hambre – dijo tocándose el estómago y haciendo pucheros – Vamos a comer – tomó la mano de su padre y lo halo para que se pusiera de pie.
-Está bien, vamos – sonrió caminando junto a ella.
-Ai – la niña se acercó a Ailén – Vamos a comer – la tomó de la mano e intentó llevarla con ellos.
-Lo siento Ely – se hinco y acarició su melena – Vayan ustedes, quiero esperar a que mi papá salga – sonrió para tranquilizar a la niña que parecía estar a punto de hacer un berrinche.
-Elayne – reprendió Cedric – Ya te ha dicho que no, debes respetar su decisión.
Hizo un puchero y pisoteo fuerte, pero logró entender las palabras de su padre – Esta bien – dijo con tristeza – Nos vemos más tarde – se despidió y caminó junto a su padre que de reojo miraba a Ailén, con la esperanza de que dijera que iría con ellos.
10:21 A. M.
-Cedric, ¿Cómo están? Me enteré del accidente de Alan – Dean se escuchaba preocupado.
-Salió de cirugía pasadas las 8 a. m. Y aún no despierta, la anestesia tardará un poco más.
-Menos mal – un suspiro de alivio se escuchó desde la otra línea - ¿Qué haces?
-Estoy en el parque La Fontaine – sintió el viento cálido y sonrió al ver a su hija alimentar a los patos del lago – Elayne tenía hambre y fuimos a desayunar, pero parecía tener sueño y la traje a jugar para que no duerma demasiado durante el día.
Una risa sonora se escuchó – Buena idea, tomaré nota.
Cedric sonreía al escuchar aquello, fue entonces que en su mente se coló la imagen de la mujer que decía ser Ailén – Dean – habló serio, interrumpiendo a su amigo - ¿Qué fue lo que sucedió con Ailén?
Un carraspeo y el sonido de una cafetera, inundó el silencio que se había provocado – Ni siquiera nosotros lo sabemos – dijo intentando responder la pregunta de Cedric.
-¿Cómo es posible? Ustedes son los más cercanos a ella.
-Éramos – su voz reflejaba tristeza al recordar a su hermana menor por elección.
Cedric guardo silencio, sabía que algo grave estaba sucediendo si ella dejó de confiar en sus mejores amigos - ¿Cuándo comenzó?
-Hace poco más de dos años – se escuchó beber algo – Un día simplemente dejó de ponerse en contacto con nosotros, no respondía llamadas ni mensajes – suspiró – En aquel entonces yo estaba muy ocupado rodando una serie, Violet estaba ocupada con la escuela y la marca de ropa, Lucy comenzó con su propio programa en la radio y además la escuela, incluso Grey se ocupó con su trabajo en la compañía y viajaba todo el tiempo, era normal no vernos tan seguido, pero aun así nos escribíamos y algunas veces nos veíamos para cenar.
- ¿Y nunca preguntaron?
-Lo hicimos – habló con desesperación – Pero parecía que era demasiado tarde. Llamamos a su mamá y ella nos dijo que se había ido de viaje a España por algún tiempo y no regresaría hasta comenzar el nuevo semestre. Regreso dos meses después – parecía recordar a la perfección lo sucedido – Parecía una mujer totalmente diferente, su mirada era oscura y vacía, su personalidad se volvió fría y brusca, lo peor fue que con el tiempo parecía que todo el brillo y la vida dentro de ella había sido succionada, dejando solo un cascarón vacío.
Cedric se dio cuenta que era la misma forma en que él la veía. Ailén, su Ailén era ahora sólo un cascarón vacío - ¿Qué pudo haber sucedido? – se preguntó atormentado.
-Eso es lo que todos quisiéramos saber. Es difícil creer que la niña alegre y que irradiaba en cada momento, se hubiera convertido en esa mujer fría. Incluso tuvo novio, un par de años después de llegar a Nueva York.
Cedric sintió que su estómago ardía de celos y su sangre hervía - ¡Novio! – dijo con fuerza - ¿Por qué nunca me dijiste?
- ¡Por Dios! Tú también saliste con alguna mujer durante estos cinco años y Ailén tenía todo el derecho de vivir su vida. Además, no era como si tú preguntaras demasiado por ella, fue como si te hubieses olvidado de su existencia.
Cedric guardo silencio, estaba celoso, pero sabía que Dean tenía razón – No preguntaba por ella porque creí que era lo correcto – suspiró al darse cuenta de su error - ¿Y cómo se llama?
-Eliott Brandell, sueco. Su familia se mudó a Nueva York cuando él tenía diez años. Siempre fue amable y respetuoso, además de muy divertido e inteligente.
- ¿Y qué sucedió?
-Nunca nos contó, pero se fue de intercambio a Nueva Zelanda y creemos que por eso terminaron.
Cedric se quedó pensativo, intentando descubrir lo que sucedió.
-Papá – Elayne se acercó sacudiéndose las rodillas – Vamos, quiero ir con Ai.
- OK, sólo dame un minuto.
-Por cierto – dijo otra vez a Dean – Extrañamente es muy linda con Ely, parece como si fuera la antigua Ailén.
- ¡Oh eso! – Dean sonrió desde el otro lado – Ella sólo es buena con niños y animales, tiene una cachorra llamada Nina, además de que trabaja en Trinity School como maestra de preescolar.
-Ya veo – suspiro – Quisiera ser un niño – se rio con tristeza.
-Supongo – respondió Dean – Te dejo, cuídate y avísame cualquier cosa.
-Está bien, hablamos después.
12:03 P. M.
-Familiares de Alan Anderson – una enfermera de turno se acercó a la sala de espera, sosteniendo una tabla con registros médicos.
-Soy su esposa – respondió Vannesa, acercándose junto a su hija seguidas por Cedric - ¿Ya podemos pasar?
La enfermera miró con cierta preocupación reflejada en sus ojos, haciendo que los nervios aumentarán – El Doctor Fred Dans está esperando por ustedes en la habitación 404, solo pueden pasar tres personas.
-Gracias – Vannesa dirigió la vista a su hija, asintiendo para comenzar a caminar – Vamos Cedric.
-Disculpen – se dirigió a los Flambee – Podría pedirles que cuiden de Elayne sólo por unos minutos, hasta que regrese.
-No hay problema, ve – Katy tomó a la niña y dirigió una mirada tranquila a Cedric, para darle seguridad.
-Gracias – se arrodilló y miró a su hija – Pórtate bien, regresó en un rato.
-Si, adiós – una tierna sonrisa de parte de la pequeña, le tranquilizó el corazón.
Cedric se apresuró por alcanzar al par de mujeres que ya iban muy por delante de él.
Habitación 404
-¡Papá! – Ailén se abalanzó sobre él, para después arrodillarse junto a la cama – Lo siento mucho – dijo entre sollozos – Me siento culpable de haberte tratado tan mal.
Alan acarició con dificultad la melena de su hija – No te preocupes – dijo en voz baja – Nada de esto fue tu culpa – sonrió débilmente.
Cedric y Vannesa también se acercaron para demostrarle lo felices que estaban de verlo con vida.
La puerta de abrió y entró un doctor de edad media junto a un par de enfermeras – Buenas tardes – saludo con una sonrisa de satisfacción - ¿Cómo se siente Alan?
-Cansado – dijo entre risas – Pero, feliz de estar vivo.
-Me alegra escucharlo – sonrió levemente, para después ponerse serio – Lamentablemente no todo salió bien – dijo, acomodándose los lentes de pasta gruesa – Haremos algunas pruebas, para despejar nuestras dudas.
Las enfermeras comenzaron su labor, alzaron la sábana blanca hasta llegar a la rodilla y acercaron una aguja al doctor – Dígame si siente algo – pinchó las palmas de los pies, los dedos y las piernas.
-No lo siento del todo – respondió Alan con frustración - ¿Acaso? – miró al doctor.
-El accidente que sufrió, le provocó daños severos en la columna vertebral y la cadera – dirigía la mirada a todos en la habitación – Aunque logramos rescatar ciertas zonas, es probable que se vea dañada su capacidad para caminar.
Ailén miraba con terror, la idea de ver a su padre postrado en una silla de ruedas por el resto de su vida era insoportable. Sin duda no era la única en aquel estado de shock.
-Es decir, que no podré volver a caminar – Alan miró sus piernas, tratando de soportar las lágrimas.
-No es del todo cierto – respondió el doctor – Ya que ha logrado tener una sensibilidad al momento de pincharlo, se podría decir que aún hay un 15% de probabilidad de solucionar el problema – sonrió con alegría, mirando a su paciente y familiares.
-Dr. Fred, quiere decir que mi esposo tiene posibilidades de caminar.
-Es correcto – observó a Vannesa abrazar con emoción a su esposo – Hay una serie de acciones a realizar antes de proceder. El tratamiento tendrá que llevarse a cabo en el Hospital General de Singapur – les mostró un iPad con información del hospital y del tratamiento – Tendrá duración de alrededor de ocho o nueve meses para que el tratamiento concluya.
Alan observaba la información que se le entregó – Tengo sólo un 15% de probabilidad – dijo atrayendo la mirada del doctor.
-Las posibilidades pueden ser bajas, pero el hospital tiene doctores preparados. Además – miró a Alan – Aunque sea un 1% de probabilidad, quiere decir que aún hay esperanzas.
Vannesa sostuvo con fuerza la mano de su esposo, mientras le sonreía para darle apoyo - ¿Cuándo comenzaría? – preguntó, sonriendo ampliamente, provocando el alivio de Ailén al saber que su padre aún no perdía la esperanza.
-Tardaremos alrededor de dos días en realizar el traslado – respondió, satisfecho.
-Bien, esperaré.
-Alan – el doctor lo miró lleno de confianza – Estoy seguro que todo saldrá bien – salió de la habitación y los dejó.
-Papá – Ailén se acercó y tomó la mano de su padre que aún era sostenida por su mamá – Te estaré apoyando – aunque su mirada era fría y vacía, había algo de amor que se reflejaba.
-Lo sé, sé que con su apoyo lograré salir adelante – sonrió y miró a su hermano que aún estaba algo nervioso – Gracias por venir, debió ser difícil.
-No hay problema, no hay nada que no haría por ti – sonrió con la calidez que se merecía su hermano mayor – Sabes que puedes apoyarte en mí.
Alan permaneció en silencio por algunos minutos, sabían que era una persona organizada y audaz, que no se iría sin dejar todo en orden – Quiero pedirte un favor – hablo, mirando a su hermano.
-Claro.
-Ayuda a Ailén – dicho esto, su hija se alejó de golpe sin entender a qué venía eso – Necesito que le enseñes lo necesario, porque desde ahora ella será quien se encargue de la empresa – desvío su mirada hacía la chica, que parecía indignada por aquella petición – Durante estos nueve meses quiero que aprendas todo lo necesario para que seas la nueva dueña.
- ¡Papá! – alzó la voz, mirando con furia – Puedo hacerlo sola, ¿No confías en mí?
Alan movió la cabeza, negando lo que su hija acababa de decir – Todo lo contrario, sé que eres una mujer inteligente y que será capaz de salir adelanten, pero estaré más tranquilo si Cedric te apoya.
La mirada de Ailén vago por la habitación, fijando sus ojos en la única que podría ser su salvación – No dirás nada, mamá.
Vannesa seguía sosteniendo la mano de su esposo y después miró a Cedric, quien permanecía atónito ante la petición – Estoy de acuerdo con tu padre, debes aprender de alguien que ya sepa del negocio.
Un suspiro salió de la boca de Ailén, quien seguía sin aceptar aquella razón – Grey – miró a sus padres – Él es perfecto, es un hombre inteligente y sin duda tiene experiencia.
-No, él está muy ocupado con los negocios de su familia como para darle una carga más.
- ¡No lo acepto! – volvió hablar con enojo – No necesito de nadie que me ayude, estoy bien sola – salió de la habitación sin mirar a los presentes.
Cedric miró la escena y no respondió nada, aquella petición de su hermano había sido inesperada – Lo siento Cedric – Alan lo miró con pena – El carácter de Ailén se ha vuelto algo brusco, ¿Aceptaras mi propuesta?
-No sé si sea lo correcto. Ailén, parece odiarme – sonrió con tristeza.
-Cedric – Vannesa llamó a su cuñado, quien los miró – Se que es egoísta de nuestra parte, ya que tendrás que hacer grandes cambios en tu vida a causa de nuestra petición, pero no sólo es para que le enseñes todo lo que sabes – Vannesa dirigió su mirada a su esposo y ambos parecían tristes – Queríamos pedirte, que nos ayudes a traer a Ailén de vuelta – lágrimas caían de sus mejillas y un leve sollozo se escuchó en la habitación.
Cedric entendía lo que ellos querían decir y era lógico. Ailén había cambiado tanto en pocos años y eso no era normal, sus padres y amigos estaban sufriendo por aquel cambio temiendo que fuera para siempre.
- ¿De verdad creen que puedo hacer algo? – bajo la mirada, sintiendo una gran impotencia al no saber si lo podría lograr.
-Estamos seguros – dijo Alan, con una voz segura – Después de regresar de Florencia, Ailén no dejaba de hablar de ti y siempre que hablábamos contigo, preguntaba como estabas – Cedric levantó la mirada, sintiendo como su corazón se alegraba con aquella afirmación – Ella se encariño contigo y creemos que eres el único que puede ayudarnos a saber qué fue lo que pasó.
Vannesa se acercó a Cedric y tomó sus manos – Eres él único que puede ayudarnos.
Cedric pensaba que sus palabras llegaban a lo profundo de su alma, desenterrando aquellos recuerdos que logró crear junto a la mujer que más amo y si había una pequeña posibilidad de hacer que la antigua Ailén regresará, él quería intentarlo. Intentaría derribar aquel enorme muro que se había formado frente a ellos y lograría penetrar el caparazón que atrapó a su amada Ailén.
-¡Les juro que la traeré de vuelta! – su voz emanaba confianza y eso les dibujo una sonría en el rostro. Alan y Vannesa confiaban en que él los ayudaría.