Narra Vanesa. Al día siguiente, me vestí cómodamente con botas y jean para el paseo que tendría con Abdiel a caballo. Me dirigí a la estación donde nos encontraríamos, había poca gente a esa hora, porque los domingos mis compañeros viajaban por la tarde de regreso a la hacienda. Minutos después Abdiel llegó en su camioneta, bajó del mismo y se acercó a mí. Cómo todos las otras ocasiones se veía tan guapo que sentía que me derretía, bueno yo lo veía de esa manera, quizás otras personas no podía ver la belleza que yo veía en él. —Buenos días—dijo besándome levemente en los labios. —Buenos días —respondí un poco apenada, creo que era cuestión de acostumbrarme. —¿Lista?—preguntó. —Si— respondí. Él como todo un caballero me abrió la puerta del auto para que ingresará. Cuando lo hice nos fu

