EPÍLOGO 2 Phillip Nunca imaginé que la felicidad pudiera tener un sonido tan suave como una respiración pausada. La de un bebé dormido. La de mi hijo. Desde la puerta entreabierta, observo a Vivianne sentada junto a la cuna, con la mirada fija en nuestro pequeño Nikolau. La luz cálida baña su rostro y dibuja en su perfil una paz que me deja sin aliento. En sus manos sostiene una carta. Reconozco de inmediato la letra de su madre. No me acerco aún. No quiero interrumpir ese instante sagrado entre ella y sus recuerdos. Cuántas veces soñé con este momento, y aun así, me siento sobrecogido. No por lo que tengo, sino por lo que casi perdí sin siquiera haberlo conocido. Cuando supe que sería padre, algo dentro de mí se quebró y volvió a formarse con nuevos cimientos. Como si todo en mi vida
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


