40. Quiero el divorcio Phillip Recorro con avidez el pasillo que me lleva al andén. Solo llevo una maleta que preparé con prisa. Mi mujer me espera en Francia, la ciudad del amor, pero no comprendo la angustia que me invade. —El avión está listo, señor. —El hombre que me acompaña asiente con profesionalismo. Le entrego mi maleta y lo sigo para abordar. Antes de despegar, una notificación ilumina la pantalla de mi teléfono: la ubicación de mi esposa. Se la reenvío a Marco, mi asistente de viaje, quien toma nota con diligencia. Mientras el avión se eleva en el cielo nocturno, me recuesto en el asiento y cierro los ojos. Mis manos me pican al pensar en ella, en el momento en que la vuelva a abrazar. La necesito con desesperación. El vuelo transcurre rápido y, en cuestión de horas, aterr

