Había pasado ya un mes de aquella cena en casa de los Ananda, esos días fueron los mejores que viví desde que llegué a aquel país, ya no me sentía tan sola y al fin me sentía parte de algo, ya no era más una intrusa en esa casa, sino que había pasado a ser parte de esa familia, al menos hacia me lo hacían sentir, Daya confiaba totalmente en mí y ya no me cuestionaba ni me juzgaba, ya era libre y estaba al lado de gente de mi entera confianza. La relación con Daya había cambiado del cielo a la tierra, podíamos pasar horas conversando en la terraza de la casa, tomándonos un té después de almuerzo y hablando de cualquier tema que saliera al tapete y además habíamos hecho la costumbre de ir juntas a hacer las compras al mercado todos los días y ahora también me dejaba cooperar con los quehace

