Encontré una víctima no bien cruzamos el río y, tan pronto como la hube escogido, me di entera cuenta de que todo cuanto había hecho a solas hasta entonces, lo seguiría haciendo en adelante con Gabrielle. En esta ocasión, ella podría observar mi actuación y sacar enseñanzas de ella. Creo que la intimidad de la experiencia hizo que me subiera la sangre al rostro. Mientras atraía a mi presa a la salida de la taberna, mientras jugaba con el desgraciado hasta volverle loco y luego daba cuenta de él, fui consciente de que estaba haciendo ostentación delante de mi madre, añadiendo a la cacería un poco más de crueldad, un toque casi travieso. Y cuando saboreé la muerte, ésta tuvo tal intensidad que me dejó exhausto durante un rato. A ella le encantó la escena. Lo observó todo como si pudi

