Desde el momento que cruzó el umbral Juan Antonio comenzó a llamar a Viole: –Señorita García, soy Juan Antonio, ¿me permite hablar con usted? A los pocos segundos vio a la joven salir del área del taller; tal como le había advertido su hermano, se veía ojerosa, cansada y con los hombros caídos. –¿Cómo se siente señorita García? –Primero dígame dónde estaba, su hermano es muy amable, pero ya me había acostumbrado a tratar con usted. –Lo siento mucho, verá en realidad yo siempre he sido el escolta personal del señor Velázquez, él me asignó para buscarla cuando se mudó aquí y me fui quedando, pero eventualmente intercambiaré con mi gemelo, por ahora estaré con el jefe y mi hermano con usted, aunque si necesita de mi particularmente, no dude en llamarme o decirle a Roberto Antonio que lo

