Santiago salió de allí de la misma forma en que entró, Gil se dirigió a todos los presentes: –Diseñadores, ya tienen a sus modelos, ahora a trabajar y que todo sea perfecto. Todos los presentes aplaudieron entusiasmados, Eva estaba roja de la indignación y molesta con ella misma, parecía que le había hecho un favor a la novata, sin poder contenerse, subió a la oficina de Santiago. –Santiago, tenemos que hablar –dijo al abrir la puerta y entrar abruptamente a su oficina. –Y yo tendré que despedir a todas las secretarias de este piso –exclamó en voz alta, enseguida apareció una de las mencionadas. –Don Santiago, usted sabe que es imposible detenerla. Santiago observó a la secretaria y aceptó con un asentimiento de cabeza, que lo dicho por ella era cierto; Eva deambulaba por todo el edi

