Era el nombre del rey, aún no podía creer que el hombre con quien me había acostado era el rey, suspiré, comencé a leer la carta, tenía que admitir que lo primero que llamo mi atención, fue su excelente caligrafía, lo envidiaba, yo tenía una caligrafía horrible, y todo lo que escribía estaba en desorden, en cambio su carta era ordenada y olía delicioso, aún podía sentir el aroma de su perfume, ¡uff! Su perfume me traía tantos recuerdos, sus manos pasando por mi cadera y su aliento rozando mi cuello, mi piel se erizó y mis piernas temblaron, pase mi mano suavemente por el papel tenía que concentrarme, aclare mi garganta. Buenos días, señorita Sarah Después de una y mil vueltas en mi cama, y cohibirme a mí mismo, lo he decidido, no puedo imaginarme sin usted, desde el momento en que la c

