CAPITULO 12

1093 Palabras
Era el nombre del rey, aún no podía creer que el hombre con quien me había acostado era el rey, suspiré, comencé a leer la carta, tenía que admitir que lo primero que llamo mi atención, fue su excelente caligrafía, lo envidiaba, yo tenía una caligrafía horrible, y todo lo que escribía estaba en desorden, en cambio su carta era ordenada y olía delicioso, aún podía sentir el aroma de su perfume, ¡uff! Su perfume me traía tantos recuerdos, sus manos pasando por mi cadera y su aliento rozando mi cuello, mi piel se erizó y mis piernas temblaron, pase mi mano suavemente por el papel tenía que concentrarme, aclare mi garganta. Buenos días, señorita Sarah Después de una y mil vueltas en mi cama, y cohibirme a mí mismo, lo he decidido, no puedo imaginarme sin usted, desde el momento en que la conocí fue como si mi corazón latiera por primera vez, tengo que admitir con un poco de vergüenza que definitivamente lo primero que me llamo la atención fue su radiante belleza, sin embargo al hablar con usted su actitud, su inteligencia y su picardía fue lo que me enamoro, es por eso, que de acuerdo con mi promesa y con mis más profundos deseos, que me he decidido a conquistarla con todo lo que tengo, claro está siempre y cuando usted me lo permita, enviaré una carta cada día expresándole cuanto deseo estar con usted. Sin decir más y luego de expresar mis sinceros deseos me despido, estaré esperando su visita al palacio, siempre que desee venir solo hágalo, los guardias están al tanto. Jonathan. Mira al techo sin  poder creérmelo, aún estaba en shock, grite, de la emoción,  mi corazón palpitaba a mil, tenía las ideas revueltas en mi cerebro, en mi vida pasada nunca nadie había hecho eso, aunque claro en mi vida pasada yo no era lo que se esperaba que debía ser, suspire, me alegraba que Jonathan pensara en mí como algo más que una cara bonita, ¡claro que me emocionaba!, pero en el fondo no podía evitar escuchar a la voz que me decía que realmente sin mi belleza no era nada, sacudí mi cabeza, tenía que dejar de pensar en eso, saque los materiales para escribirle, sin embargo luego de minutos  y minutos desistí, quería decir tantas cosas sin embargo no sabía cómo decirlas sin sonar rara, mejor se lo diría cuando nos viéramos, era mejor hablando persona… Después de unos minutos de estar con mi sonrisa boba, tomé la decisión de seguir pensado en el asesino, en mi cabeza aún sonaba el nombre de esa marquesa, no comprendía por qué ella me había invitado, si bien sabía que presuntamente la antigua dueña era sociable y además un poco reconocida en el círculo social, era casi imposible para ella conocerla, mordí mi dedo pulgar, ¿y si ella era la asesina?, ¿y si intentaba asesinarme durante la fiesta?, ¡No! No podía dejar que pasara y si le decía a  la criada que trajera las cartas de nuevo, que no estaba segura, no podía ir al matadero, pero si no iba no podía descubrir si ella era de verdad la asesina, no, debía ir, tenía exactamente  4 días para prepararme mentalmente, lo único que no debía hacer en esa fiesta era tomar o comer cualquier cosa, ya me había asesinado una vez con veneno no sucedería otra vez, me acosté en la cama ya se estaba haciendo, faltaban pocas horas para dormir, mire  a la puerta cuando esta fue tocada con suaves golpeteos. —“señorita la cena está servida” —“en un segundo estaré en el comedor” Maldita sea el día estaba bien, ahora tenía que cenar con “mi padre”, de mala gana fui hasta el comedor, había sido la última en llegar, genial, ahora tendría que soportar la tediosa mirada de fastidio de aquel hombre, mire a mi madre y hermanas todas se miraban espectaculares. Ya me había aprendido sus nombres, eran hermosos, sus nombres eran los nombres de diferentes flores, y la verdad es que su rostro y su comportamiento les hacía honor a estas, en fin, sus nombres eran, camelia, orquídea, rosa y Liria, Liria era la mayor de todas nosotras, era hermosa, educada y de alguna manera me sentía demasiado bien con ella, al principio dude de ella sin embargo la había descartado de mi lista de sospechosos. —“papa debes de dejar de mirar a Sarah así, sabes que solo llego tarde por un minuto” Liria era un amor.  El viejo dejo la mala cara y comenzó a comer tranquilamente, le sonreí a mi salvadora, esta me devolvió el gesto, con mis labios gesticulé que me buscara en mi habitación a la hora de dormir, esta asintió, al parecer en ella iba a encontrar la hermana que nunca había podido tener en mi viada anterior. —“tienes que traer ese muchacho, él se tiene que hacer cargo” Dijo “padre” casi me atoro, sabía que estaba hablando conmigo sin embargo miré hacia otro lado y seguí comiendo, Dios este era un mal momento, ¿no podía simplemente olvidarlo? Jonathan no tenía que hacerse cargo de nada, no podía dejar que este señor me obligara a casarme, aunque todo era hermoso con Jonathan no podía casarme, apenas lo conocía. —“¿acaso te ha criado para que me ignores Sarah?” —“él no tiene nada de qué hacerse cargo. No tengo una enfermedad” —“¡acaso estás loca ¿te estás escuchando? ¡Él te quito tu virginidad!, ahora nadie se casará contigo a menos que sea él” Sonreí con soberbia, ni loca me casaba sin amor, al parecer sonreír había sido una mala idea, pues este golpeo la mensa —“escúchame bien jovencita, te casaras con él, pero primero me dirás quién fue el desgraciado, porque o si no tendrás que irte para Francia a un psiquiátrico…” —“¡no puedes hacer eso!” —“¡pues claro que puedo ¡prefiero tener una hija loca, a una puta desvergonzada, sabes que lo haré, no tientes la suerte”! Mis manos temblaron, no quería ir a un psiquiátrico, ¡y si este loco hablaba en serio! No sabía que hacer no podía decirle con quien me había acostado, sin embargo, tampoco podía no decirle nada. Conté hasta tres, ya sabía que debía decirle, mi buen alcohol me salvaras de esta por hoy.  
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