Emma Jackson El corazón me palpita con fuerza, siento que todo me da vueltas, los guardias que protegen la puerta de la habitación donde permanece Ewan, me dejan pasar sin poner peros y, el pulso se me acelera en cuanto entro y lo veo, está dormido, con sueros y una pequeña venda en su cabeza. Mis ojos empiezan a arder desmesuradamente, y me acerco hasta él con rapidez, tomando su mano, reviso que todo esté en orden con su pulso y temperatura, y volteo tras el chasquido de la puerta. Daisy entra con dos vasos de café en su mano, y su gesto relajado cambia en cuanto me ve. — ¿Qué haces aquí? —Inquiere, y no puedo creer que se haya atrevido a preguntar tal estupidez. —No se si no lo has notado. —Comento en murmuro irónico, dejando la mano de Ewan bajo las sábanas. —Es mi hijo. —Determino

