VENUS
Hoy en la mañana lo primero que hice fue ir a la clínica donde me atendieron después de que el desgraciado de Bruno me violará y me disparará para solicitar las muestras de esperma que habían tomado de mi cuerpo y con esas pruebas en mis manos poder denunciarlo, pero según me dijo uno de los responsables del laboratorio habían tenido un fallo en el sistema y se habían borrado dichas muestras junto con otras pruebas de diferentes pacientes.
Salgo de la clínica sin poder creerme lo que paso con las muestras y me subo a mi coche para dirigirme al Reclusorio Masculino de la ciudad, donde está la única persona que me puede ayudar a destruir al desgraciado de Bruno, y a la cual tengo el deber moral de sacar de allí, ya que es inocente.
Al llegar me someto a diferentes registros para que me permitan el acceso, una vez adentro les comunico a los guardias que tengo una cita para hablar con el director, puesto que hace unos días llame para solicitar una visitar a Ángel Salvador y me dijeron que tiene las visitas restringidas porque agredió a varios presos y a algunos guardias una semana después de su ingreso en este reclusorio, así que decidí hacer una cita con el director para tratar de convencerlo por las buenas de que me deje hablar con Ángel. Después de diez minutos esperando a que los guardias confirmaran mi cita, uno de ellos me llevo al despacho del director, al llegar este toco la puerta y el director le dio permiso de entrar, una vez que me anuncio, el director le dijo que me hiciera pasar.
El despacho es bastante amplio, tiene unos sofás de cuero n***o nada más entrar y en medio de estos hay una mesa de cristal, tiene una estantería en la pared y al fondo está el escritorio donde hay un ordenador, un teléfono, y en una silla ancha está el director sentado, es un hombre de unos cuarenta y cinco años más o menos, cabello canoso, ojos negros y está vestido con un traje gris.
- Bienvenida Licenciada Villaseñor – me dice poniéndose de pie para extenderme la mano, la cual me toca estrechar a pesar de que no soporto el contacto físico con ningún hombre desde que recordé lo que el desgraciado de Bruno me hizo.
- Gracias a usted, Señor director, por recibirme – le digo luego de estrechar su mano.
- Tome asiento – me dice señalándome una de las sillas que están en frente de su escritorio y en la cual me siento – Usted dirá en que la puedo ayudar.
- Necesito entrevistarme con el Señor Ángel Salvador – le digo y veo como este se tensa.
- Eso no va a ser posible porque el Señor Salvador tiene las visitas restringidas – me dice serio.
- Ya sé que el Señor Salvador tiene las visitas restringidas porque agredió a algunos presos y a varios guardias, me lo dijeron cuando solicite visitarlo hace unos días – le digo.
- Entonces porque está perdiendo su tiempo y haciéndome perder el mío – me dice en un tono enojado.
- Porque vine a pedírselo por las buenas que me permita hablar con él, a menos que prefiera que levante una demanda en contra de este reclusorio y de Usted – le digo seria.
- Usted no puede hacer eso – me dice.
- Si puedo, ya que me está impidiendo visitar a mi cliente – le digo y este se pone pálido.
- Cli… Cliente – me dice tartamudeando.
- Sí. Así es. Soy la nueva abogada del Señor Salvador y Usted está impidiendo que recibir información personal y actualizada de su situación penal – le digo muy segura, aunque Ángel todavía no sabe nada de esto, espero que no se niegue – Por otra parte, usted y yo sabemos que sí el Señor Salvador reacciono como lo hizo por algo fue, o me va a decir que los presos que agredió eran unas blancas palomas – le digo con sarcasmo.
- No, pero… - empieza a decir.
- Pero nada – lo interrumpo – Al parecer lo que Usted prefiere es que se le abra una investigación por abuso de poder.
- No es necesario llegar a tanto – me dice muy nervioso.
- ¿Entonces? – le pregunto.
- Ahora mismo mando a un guardia a buscarlo – me dice poniéndose de pie y caminando hacia la puerta – ¡Núñez! ¡Núñez! – llama a uno de sus guardias desde la puerta y este llega de inmediato.
- Señor – le dice.
- Vete por Ángel Salvador y lo traes a como dé lugar – le dice y veo como el guardia se pone pálido.
- Se… Señor. ¿Está seguro de que quiere que lo traiga? – le pregunta tartamudeando.
- Sí. Vete a buscarlo que alguien quiere hablar con él, pero eso sí, no le digas nada, solo dile que yo quiero hablar con él – le dice y este asiente para después mírame a mí y luego irse.
- ¿Podría ir al baño un momento? – le pregunto.
- Por supuesto – me dice – Al fondo a la derecha.
…
Me sorprendí cuando conocí a Ángel, ya que yo tenía una idea totalmente distinta de cómo era, porque mi padre me había hablado de él, decía que era un hombre muy agradable y hasta simpático, pero el hombre con el que me encontré es serio e intimidante. Tal vez sea cierto eso que dicen que la cárcel cambia a cualquiera y lo convierte en otra persona completamente distinta a la que alguna vez fue. Mi padre decía que Ángel era un hombre que le gustaba vestirse bien y que siempre tenía su cabello bien cortado y su barba recordada, pero el hombre que yo conocí parece un náufrago con ese cabello largo y esa enorme barba descuidada.
Al hablar con él me di cuenta de que mi padre tenía razón en lo que escribió en esa carta. Ángel es un hombre bueno y honesto, aunque trata de aparentar todo lo contrario, pero sobre todo entiendo por qué mi padre decido poner esa cláusula en su testamento, fue porque sabía que Ángel no le interesa el dinero, mientras que otros serían capaces de matar por tenerlo, pero sobre todo porque me he dado cuenta de que se parece demasiado a mi padre en ciertos aspectos, como en lo de ser protectores, ya que cuando le conté lo que el desgraciado de Bruno me hizo, este en un principio se puso furioso. Quería matarlo. Una vez se calmó decidió llamar a Hiena para pedirle que me protegiera para que no me pasara nada mientras él siguiera en la cárcel. Lo que significa que Ángel acepto que lo represente como su abogada, pero sobre todo que nos casemos para vengarnos del desgraciado de Bruno.
Por otro lado, al salir de hablar con Ángel conocí a Hiena que me estaba esperando a fuera del reclusorio, y la verdad es que me arrepentí de haber pensado que se trataría de un gorila de dos metros de altura, ya que más bien parece un jubilado de china. Yo diría que tiene unos setenta años más o menos, tez blanca, ojos negros, delgado y mide 5,3 pies. Les voy a confesar algo, cuando lo vi pensé que sería una broma que alguien como él pudiera protegerme, pero me equivoque por completo nuevamente, ya que cuando llegamos al juzgado para presentar las pruebas de la inocencia de Ángel, un hombre se me acerco supongo que para secuestrarme por órdenes de ya saben quién. Me dijo que ni se me ocurriera intentar nada o me mataría ahí mismo. Hiena al oír eso se le paró en frente.
- ¿Intenta hacerle algo y vas a ser tú el que salga en un cajo de madera echo a medida de acá? – le dijo Hiena en un tono frío que hizo que se me erice la piel y sin ningún tipo de expresión en su rostro.
- ¡Así Abuelo! – le dice este riéndose – Mejor no se meta que no quiero tener que matarlo a usted también.
- Ya te lo dije mocoso. Intenta hacerle algo y el que va a terminar muerto vas a ser tú – le vuelve a decir, cuando este saca un arma de su espalda y le apunta a Hiena en la cabeza con ella, pero este no tarda mucho en agarrar el arma desviándola un poco hacia el lado derecho y a la misma vez desviaba su cabeza hacia el lado izquierdo para después darle una patada en la entrepierna provocando que este se encoja por el dolor, y una vez que este se encoge logra tumbarlo completamente en el suelo boca abajo y le termina de sacar el arma.
- No me mates, por favor – le dice este en un tono de súplica.
- Esta vez no te voy a matar, porque quiero que le digas a la persona que te contrato, que Hiena y Ángel le mandan a decir que si vuelve a tratar de hacerle algo a la Señorita Villaseñor el que va a terminar muerto antes de tiempo va a ser él. ¡Entendido! – le dice serio mientras tiene el arma apoyada en su nuca. Este solo asiente y Hiena retira el arma de su nuca para después desmontarla completamente y devolvérsela a este, obviamente sin el cargado. Este se levanta del suelo, la toma y sale corriendo – ¿Se encuentra bien? – me pregunta.
- Sí. Gracias – le digo mientras le regalo una media sonrisa – El juez ya me debe de estar esperando. Vamos – le digo para después dirigirnos a dentro del juzgado a hablar con el juez que lleva el caso de Ángel.