+++++++ Después de unos minutos, Alexander recibe otra llamada. El tono seco de su voz me hace prestar atención. —Sí, padre… Entendido. Voy para allá —dice, con la mandíbula apretada. Cuelga y suelta un suspiro, las manos aún firmes sobre el volante. —Es mi padre —me informa sin mirarme—. Me está esperando en su casa. Asiento y, con una sonrisa que no llega a mis ojos, le digo: —Entonces mejor déjame en mi apartamento. Será lo mejor para ambos. Alexander frena en seco y estaciona el auto a un lado de la calle. Se gira hacia mí, su mirada intensa perforándome. —¿Quieres deshacerte de mí tan rápido? —No es eso… —comienzo, pero me interrumpe al inclinarse y besarme. Su boca captura la mía con fuerza, su lengua reclamándome como si no quisiera dejarme ir. Mis dedos se aferran a su cu

