Estoy concentrado en mi trabajo, día a día es una nueva tarea, no me canso de hacer lo que amo trabajar, el tiempo se me pasa volando cuando estoy en la oficina. Un leve toque de la puerta me distrae de mis ocupaciones. —¡Adelante! —Hable sin más, un poco fastidiado esta mujer me enerva algunas veces, ya sé de quién se trata «Mi asistente».
—Con permiso. —Entra mi asistente personal, ella es el típico caso de fealdad crónica, no es para nada atractiva, usa un vestido gris ancho hasta los tobillos, zapatos negros de anciana, cabello sujeto a una cola alta, desde que la contraté no ha cambiado su estilo prehistórico, gracias a mí el personal acude los viernes sin uniforme, no soportaría verla cinco días a la semana tan estropeada.
Me causaría una derrame visual o ya la hubiera despedido, aunque el uniforme no hace gran diferencia, la hace ver un poco más representable sin embargo luce desarreglada, poco femenina y eso lentes obsoletos abarcan todo su rostro despierto de mi letargo cuando ella se aclara la garganta. —Dígame Señorita Campbell.
—Señor Montalvo aquí tiene los contratos que me pidió. —Habla un poco insegura, los primeros días escucharla hablar era una tortura extenuante, la timidez y los nervios no la dejaban hablar con libertad, ahorita es un poco diferente, conversa con un poco más de seguridad aunque no como el tono profesional que me gustaría.
—Déjelos en el escritorio. —La miré fijamente y de inmediato agacho la mirada, se intimida cuando mantengo la mirada sobre ella por más de treinta segundos, en si causo ese efecto en todas las mujeres que me ven. —¿Deseas algo más?
—Bueno… —Balbucea. —Nece… —Balbucea una segunda vez. ¡Por dios que mujer!
—Va hablar o seguirá balbuceando sin decir nada concreto, me está haciendo perder valiosos minutos de mi tiempo señorita. —Hable estoico, no tengo tiempo para perder, ni humor para escucharla.
—He disculpe. —Coloca los documentos en el lugar que asigne.
—Quería informar que el lunes en la mañana llegaré treinta minutos tarde, debo ir al colegio de mi hermanito. —Me dejo sorprendido debe ser algo importante ella nunca ha pedido tiempo libre, ni pedido permiso por alguna enfermedad y son más de dos años los que ha trabajado conmigo.
—¿Y su madre no puede ir? —La miré alzando la ceja izquierda, su rostro se tornó rojo y sus ojos se cristalizaron, el tema le afecta, me arrepentí de haber hablado de más con un sólo ¡Está bien! Bastaba, pero no debí hablar demás soy un bastardo, pero de vez en cuando tengo sentimientos.
—Mi madre murió. —Se le cortó la voz, su rostro se tiñó de tristeza y esa confesión me hizo sentir como un bastardo, pero fue por pocos segundos.
—Lamento su pérdida Srta. Campbell, tome el tiempo que sea prudente. —Si no tiene más que decir, vaya a trabajar que para eso le pago. —No sería yo, si la trato del todo bien, suficiente dije un «Lamento su pérdida»
—Con permiso. —La mujer sale de mi oficina literalmente corriendo, aparenta más edad de lo que tiene, tal vez en el fondo hay una mujer escondida en esa ropa de anciana. Río a carcajadas que mujer tan tonta, segundos después la puerta se abre con salvajismo causando un sonido ensordecedor.
—Maldición. —golpeé el escritorio con fuerza, es el puto de mi primo. —Joder Dereck ¿Qué te he dicho de entrar sin tocar la puerta? —Su estúpida sonrisa me enerva al punto de querer destrozar su rostro perfecto lleno de botox, mi primo tiene el rostro como una muñeca.
—Querido primo, te haré caso cuando despidas esa mujer tan horrorosa que tienes de asistente. Debes contratar a una chica que muestre sus pechos y sus piernas, eso sí sería una grata bienvenida. Te visitaría todos los días sólo para follarla en el baño, con esta solo tengo pesadillas en la noches. —Exclama como si nada.
—Infeliz, deja de molestar con lo de mi asistente… Ella es horrenda, es verdad, pero eficiente, me canse de contratar zorras muy zorras que se metieron mi polla a la boca el primer día de trabajo y eran torpes con sus asignaciones. Además no tengo porque explicarte mis mierdas ¿No tienes trabajo que hacer? Recuerda que debes justificar tu sueldo. —Dereck es mi primo hermano y un desgraciado igual que yo.
El maneja la otra empresa familiar, nuestra familia lleva más de 50 años apoderados del mercado automovilístico, nos encargamos de diseñar y exportar vehículos de alta gama alrededor del mundo, nuestra marca se ha consolidado como la mejor en esta rama, con un alto estándar de calidad, versátil y eficiente
—No, soy el jefe y no tengo que justificar nada, tengo cinco candidatas que serían excelentes para reemplazar al bicho raro que tienes en la entrada principal de presidencia. —Responde rompiendo el hilo de mis pensamientos.
—Deja de ser desgraciado y lárgate de mi vista Dereck no estoy de humor para tu estupideces.
Alza las manos en son de paz —Disculpe príncipe de las tinieblas. —Ríe de forma estrepitosa. —¿Por qué mejor no apostamos? Te daré un millón de dólares y mi auto favorito para que te folles a tu secretaria.
Abro los ojos con exageración —¿Es enserio? ¿Me estás jodiendo? No podría ni besar a esa espantapájaros vestida de abuela. —Su estúpida sonrisa resuena en las paredes de mi oficina una vez más. —Silencio bastardo anda a follarte una loba de esa como las que te gustan y a mi déjame en paz. —Exclamé con molestia, odio cuando se pone pesado e insoportable.
—Está bien me largo, perro desagradecido, vine a visitarte y me hechas, pero obviaré tu ingratitud, nos vemos más tarde, iremos por los tragos que no me he bebido en toda la semana. —Con eso se levanta de la silla y se va, no antes de hacer de las suyas. —Chau conejita, prepárate que hoy te follo. —Le lanzó el cenicero que tengo en el escritorio y cierra la puerta con rapidez. —Joder si no fuera familia hace rato le fuera destrozado la mandíbula de una patada, es un cretino mi primito.
Después del disgusto salí a fumar al balcón lo necesitaba Dereck me pone los pelos de punta con sus chiste malo y su jodida mierda con mi asistente si es horrible, pero tampoco es para tanto debe olvidarse de ella, me tiene las pelotas azules con el mismo tema, no la pienso despedir es muy eficiente en su trabajo y la verdad la prefiero fea que bruta.