**TESS** Bastian me miró, y por un segundo, el CEO desapareció. Solo quedó el hombre que me había besado en el baño, el hombre que me deseaba. —¿Verdad, Tess? —me preguntó, desafiándome a creerle. Tragué saliva. Miré a la tía Agatha, que parecía a punto de sufrir un síncope, y luego volví a mirar a Bastian. Mi corazón seguía asustado, pero sus dedos hundidos en mi cadera me daban una fuerza que nunca había sentido. —Verdad —susurré, enderezando la espalda hasta que sentí que el terciopelo rojo se tensaba con orgullo sobre mis curvas. Bastian me había dejado un momento cerca de la mesa de postres. Se había alejado apenas unos metros para saludar a un grupo de inversores que lo miraban como si fuera el Mesías de las finanzas. Me quedé allí, aferrada a una copa de champán que no me atrev

