**BASTIAN** Entré en mi estudio y cerré la puerta con un golpe seco. La oscuridad solo era interrumpida por el resplandor de Chicago, brillando a través del ventanal como un recordatorio cruel de que el mundo seguía girando, ajeno al incendio que me consumía. Me dejé caer en la silla de cuero, incapaz de sentir descanso. Mi cuerpo aún vibraba con el eco de tener a Tess entre mis brazos. El aroma de su jabón de vainilla parecía incrustado en mi piel, y mis manos conservaban la memoria de sus curvas, esa suavidad peligrosa que casi me hizo perder el control. —Hiciste lo correcto, Valois —me dije en voz baja, aunque mis pulmones reclamaban el aire que solo ella parecía darme—. No podías tomarla así, rota y vulnerable. Pero mi autocontrol había quedado hecho añicos. Encendí la computadora

