CAPÍTULO TREINTA Y SIETE La rodilla derecha de Mackenzie estaba dolorida cuando se sentó delante del escritorio de McGrath. Le habían dado ocho puntos y estaba vendada con varias capas de gasas. Ella observaba como McGrath hojeaba unas cuantos papeles con un enfoque casi automatizado. Había estado leyendo los contenidos de su informe además de la documentación enviada por Clements y Smith durante los últimos cinco minutos, haciendo las preguntas más breves mientras leía. Finalmente, deslizó los papeles a un lado y miró a Mackenzie con una expresión que ella no supo leer del todo. Como de costumbre, no sabía que podía esperar de él. “No sé qué voy a hacer contigo, White,” dijo. “En todos los sentidos, este caso ha sido un éxito. A pesar de tus estrategias de llanera solitaria al final, h
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