+RYAN+ La conversación con Eduardo fue más larga de lo esperado. Hablábamos sobre un proyecto complicado, y entre ideas y planes, el timbre de la puerta sonó con insistencia. Apenas le di importancia, asumiendo que sería algún mensajero o, en el mejor de los casos, uno de esos vecinos que nunca me dejaban en paz. Me levanté para abrir y, para mi sorpresa, Eduardo decidió acompañarme. Al abrir la puerta, lo último que esperaba era encontrarme con mi madre… y Roxana. Ambas se tambaleaban, reían y parecían a punto de caerse en cualquier momento. Una mezcla de asombro y algo de horror se me dibujó en el rostro al ver semejante espectáculo. Mi madre levantó la mirada y me lanzó una de esas miradas autoritarias que usaba cuando yo era niño. —No te atrevas a decir nada, Ryan —me reprendió, int

