Amaya caminó hacia la habitación de Lucas, aún con el corazón pesado por todo lo que había sucedido. Había necesitado unos minutos para calmarse después de hablar con los médicos y asegurarse de que su hermano estaba en buenas manos. Pero al acercarse a la puerta, se detuvo al escuchar las voces que provenían del interior. —Siempre, Lucas. No importa cuánto me cueste, voy a demostrarles a ambos que pueden confiar en mí. No voy a fallarles otra vez —decía Álvaro, su voz cargada de emoción. Amaya se quedó inmóvil, con la mano a medio camino de tocar la puerta. Escuchar a Álvaro hablar con tanta sinceridad hizo que su corazón diera un vuelco. Sabía que él estaba tratando de enmendar las cosas, pero el peso de lo que había descubierto aún era difícil de sobrellevar. —Está bien… pero si la h

