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Hace años esperaba una compañera, alguien destinado a mi en cuerpo y alma, que se quedara a mi lado sin importar nada, yo lo protegería de todo y de todos.
—Alpha — sacudo la cabeza intentado ubicarme, más no lo logro, todos mis sentidos están nublados por un olor algo particular por estos lares; vayas silvestres — Alpha, se acerca a la aldea humana.
No presto atención y corro con mucho más fuerza y rapidez sobre mis cuatro patas; el olor a tierra mojada invade mis fosas nasales y siento el calor del fuego sobre mi pelaje; pero no puedo detenerme, lo que me llama es algo primitivo que no puedo controlar, es como un lazo atado a mi cuello que jala de mi con fuerza, con tanta que siento como si me estuviese asfixiando.
— Quemado la aldea y a sus pestilentes habitantes — se escuchan gritos, quejidos de lamentos y súplicas, veo una sobra correr cerca de donde estoy — y que esto sea una enseñanza para vosotros.
Me detengo de golpe cuando veo aquel pueblo humano insendiarse, mi lobo corre y busca aquel olor, pero ya no hay nada que pueda salvarse allí, tracutren horas obtal vez dias, más no me muevo de mi lugar hasta que el fuego a sesado.
—Esto es un desastre, una abominación — se escucha la voz de vera — los han quemado a todos.
Lo sabía, solo quedaban cenizas de lo que en algún momento fue hermoso, muchas vidas inocentes se habían perdido.
— ¿A quienes enojaron los humanos, como para hacer que pasase esto?
Cuestiona lucas a mi lado no les prestó atención mientras continuo mi camino, sintiendo la tierra y cenizas entre mis patas y sobre mi pelaje, no puedo evitar gruñir; el olor a vayas se hace más fuerte, mis piernas se mueven por si solas y corro hacia el centro del pueblo donde el color se hace más fuerte.
Me detengo al ver un cuerpo completamente calcinado, de allí proviene el olor a vayas; un aullido de dolor sale de mis labios a sabiendas de lo que significa; perdí a mi alma gemela, sin siquiera conocerla.
Muerta.
Ella estaba muerta.
Y tal vez nunca tendría la oportunidad de encontrarla nuevamente, de encontrar aquello que me pertenece.
Mi lobo aulla y muchos más aullidos se unen al mío, siento mi alma desgarrarse y mi interior convertirse en nada.
Una pequeña llama se enciende sobre el cuerpo de aquella mujer y en cuestión de segundos está se convierte en un gran fuego, dónde brotan pequeñas chispas y se forma una figura; cubierta de ropas blancas y cabello del mismo color, su rostro es tan brillante como el sol y sus uñas son largas y negras.
— Vosotros los hijos de la luna, nacidos en la tierra — su voz melodiosa se va junto con el viento — Una maldición acuna a su líder.
El silencio se extiende y aquella sensación que hace años no sentía vuelve a mi; temor, temor no a sus palabras sino al peso de lo que se que pasará.
» Encontrarás a tu luna, pero ella siempre morirá.
Mis labios se abren en un gruñido amenazante.
Si este espíritu piensa que tengo una maldición está más que equivocada.... Ya perdí a mi alma gemela no hay nada peor que eso, ni siquiera la muerte.
— Mis palabras me darán la razón, y una y otra vez se cumplirá la maldición.
El cántico de sus palabras es un aullido en el vientre, un presagio del toque de la muerte y de que nací para morir.