Melody. Me observé en el espejo de cuerpo entero, dejando que una sonrisa radiante iluminara mi rostro. Por fin estaba lista para la gran gala de Halloween de la organización. El trabajo que Nana Marta había hecho con mi peinado era una verdadera obra de arte; había recogido parte de mi cabello en trenzas intrincadas que recordaban a coronas de escarcha, dejando el resto caer en ondas perfectas sobre mis hombros. Gracias a sus consejos, mi maquillaje resaltaba mis ojos grises con sombras plateadas y un toque de brillo que me hacía parecer, literalmente, una criatura nacida del frío. —Bueno, mi linda soberana, aquí tiene el toque final: su corona —dijo Marta, colocando con extrema delicadeza una tiara de cristales sobre mi cabeza—. Ahora sí, está más que lista para ser la niña más hermosa

