Melody. —Tu canasta es realmente bonita, Jonathan —le dije, observándolo desde mi refugio seguro sobre las piernas de Papi Axel. —Mi Mommy ordenó que la fabricaran exclusivamente para mí —respondió él con orgullo, balanceando su cesta con detalles dorados—. Pero la tuya es increíble, Melody. Parece un bloque de hielo real, brilla muchísimo bajo las luces del salón. Asentí con una sonrisa radiante, acomodándome la falda de encaje. —Es porque soy la Princesa de las Nieves. —Le enseñé mi varita de cristal, moviéndola con elegancia en el aire—. Mira, con ella puedo lanzar hechizos y congelar a las personas. El otro día, por ejemplo, congelé a mis Daddys sin querer. —Solté una risita traviesa, recordando sus caras de sorpresa. —Qué genial. Yo tengo una espada de caballero, pero Mommy dijo q

