Melody. Me quedé un momento absorta, admirando mis propios dedos. Mis uñas lucían unas pequeñas y hermosas piedritas brillantes que capturaban la luz de la mañana. Cindy realmente tiene un talento innato para la pedicura; es creativa, minuciosa y logró que mis manos se vieran como los de una verdadera muñeca. Sin embargo, un rastro de ansiedad me recorría: tenía miedo de que alguna de las aplicaciones se cayera antes de tiempo, aunque ella me aseguró que el adhesivo que utilizó era de grado profesional. —¿Estás nerviosa, gatita? —preguntó Axel con suavidad. Él era quien conducía esta vez, manteniendo una calma que contrastaba con mi agitación interna. —Un poco... —admití, desviando la mirada hacia las cajas de regalo que descansaban en mi regazo—. Quiero agradarles, Papi. Pero yo no soy

