Pov Valeria. La habitación como toda la mansión, es exquisita, con paredes de color marfil, cortinas de un gris suave y una enorme cama matrimonial con sábanas blanca que la visten. —Gracias —le musito al hombre que me abre la puerta. Es serio; sin embargo, apenas le hablo esboza una sonrisa de medio lado para luego irse. Me siento en la cama resignada y, aunque unas ganas de llorar me vuelven a embargar al recordar a mi familia, aprieto los ojos y trato de mentalizarme. «Tengo que ser fuerte» Después de dejar mis pertenencias en la closet de madera que está en un pasillo con un vestidor, salgo de la habitación al escuchar como una música de piano llena mis oídos; es suave, relajante, pero a la vez tan triste que me hace apretar el pecho. Camino bajando las escaleras y cruzo el corred

