Isabella despertó tranquilamente, debido a su alto nivel de trabajo ha contratado una mujer para que le ayude en la casa, así que ya no debe levantarse preocupada por alistar a su hijo para que vaya a la escuela. Se levantó de la cama estiró su cuerpo y fue directo al baño, retiró su ropa y luego estiró el brazo, colocó los dedos sobre la llave de agua caliente para luego girar, aquel chorro hacía que se relajara, los días en la modistería eran bastante agitados, desde el primer momento en que llegaba hasta el último en que salía había trabajo por doquier. A pesar de su fuerte labor se sentía orgullosa por haber sacado aquel lugar adelante, en manos de sus padres funcionaba de manera normal, pero en los últimos meses se ha convertido en una carrera contrarreloj sus pedidos. La felicidad

