Abrazó a Tobias. Necesitando su cercanía.
—Confías en él. David—, dijo aunque sonó como una pregunta.
—Confío en mi madre.
—Sí...
Él se veía preocupado. Sabía que estaba así, pero no entendía el por qué.
Tobias tomó su muñeca derecha, mirando más a detalle aquellas líneas, tres columnas de cinco pequeñas líneas, en la muñeca de ella. Pero en la de él: tres columnas, todas de cinco líneas pero en la última columna le faltaba una línea.
Lo escuchó suspirar, atormentándose a sí mismo por algo tan sencillo y sin sentido como lo eran esas líneas -a su parecer.
No. No le había contado que David le había dicho que era Pura, y que él era Defectuoso. ¿Por qué? Bueno, si se torturaba por un simple tatuaje con líneas... ¿Qué pasaría si le dijera que para La Gente del Futuro, él era "Defectuoso"?
Se soltó de su agarre. Acariciando su mejilla, notó cortos vellos que empezaban a crecer, los indicios de una oscura barba. Él la miró a los ojos.
Nuevamente: café contra azul, no; café y azul, unidos en alma.
Se unieron en un abrazo. Susurró con suavidad, cerca del oído del mayor: "No le des importancia, a algo que no importa". Lo pudo sentir tranquilizándose bajo su tacto.
Guardó para después todas las cosas que quería decirle. Todas esas pequeñas y estúpidas cosas que la perturbaban.
¿Y si saben lo que he hecho? Oh, claro que lo saben. Me han estado viendo todo este tiempo. Saben que maté a mi mejor amigo. Saben de las cicatrices, saben de los golpes. Saben todo. Y actúan como si no lo hicieran.
( . . . )
Tobias puso su muñeca en un lector, pero este le negó el acceso de inmediato.
—Val.
Ubicó su brazo en el mismo lugar, esta vez la puerta se abrió, dejando ver a Matthew que parecía listo para buscarla. Y es que, siempre que se encontraba con aquel simpático muchacho, era porque el director la necesitaba.
—Excelente, vamos.
Tobias. Simplemente no quitó aquella mueca de tristeza de su cara.
Oh, claro, cómo pretendía yo decirle que no le diera importancia a algo irrelevante, cuando ese mismo "algo" es lo que lo aleja de mi.
( . . . )
—¿Por qué no dejan subir a nadie?
Sonó más brusca de lo que planeaba, pero era la única forma que tenía de mostrar su incomodidad ante eso.
—Es una de las muchas reglas del Consejo y no una que me agrade.
—Odio esa porquería. No me gusta la separación.
—Estoy de acuerdo, pero a un tiempo será innecesaria—, habló el hombre, agachado junto a ella, parecía concentrado en lo que fuera que estuviera haciendo, tampoco le ponía mucha atención—. Mira, Valentine, no sé quién te dijo que ser diferente era algo malo, porque sé que no fue tu madre.
¿Era una pregunta retórica? ¿O empiezo a enumerar y a nombrar a todos los que me han hecho sentir como una porquería por no ser "una igual"?
Sobó su muñeca, tras sentir un corrientazo atravesar la misma. David se puso de pie, caminando frente a la gran mesa a su derecha.
—Yo sé que puedo reproducir esto. Sólo necesito tiempo.
Un holograma, todo de color azul, de un fragmento de ADN se alzaba sobre la mesa. Y una pequeña parte de este, una única cadena, se iluminaba de color amarillo.
( . . . )
—Es bastante armamento.
—Hay gente peligrosa en la Periferia. Ponte esto—, Nita le arrojó una chaqueta, también con estampado de camuflaje oscuro.
—¿Qué son estos?
—Drones personales, expanden tu campo visual y proveen maquetas tridimensionales.
—Como en los viejos tiempos, eh—, escuchó a Uriah hablarle, notó que pasaban justo en frente suyo, él y Christina, ambos armados y con el mismo uniforme que llevaba él.
—Esto no tiene nada de viejo.
( . . . )
Mantenía una mirada seria, con mucho esfuerzo, pues algo similar a un escáner tomaba información de su rostro, como sus facciones, por lo que no podía hacer ningún gesto.
—¿Le puedo preguntar algo?
David miraba su tableta, inmerso en la información que leía en ella.
—Sí, claro.
—Si mi madre nació en la Periferia, ¿cómo entró a Chicago? No lo hizo solo caminando, ¿o sí?
—Oh, no. El Consejo es muy cuidadoso de cómo introduce elementos al experimento.
Malditas ratas de laboratorio, habla de esa gente como si fueran objetos.
—Sí. Aunque asumo que de ser necesario: interviene.
—Sí—, finalmente, David la miró, cansado ya de sus preguntas.
—¿Y por qué demonios no interviene ahora?
—Lo hará. Cuando vea que estamos en lo cierto.
Respira y no lo mates.
—¿Aún cuento con que me ayudarás, cierto?
—Sí—, sonrió tan falsamente que sus mejillas dolieron un poco—, ¿y yo cuento contigo?
David se rió.
No puedes andar por la vida rompiéndole los dientes a la gente. Menos a la Gente del Futuro, seguramente tienen seis centenares de armas apuntándome en este momento, sin exagerar, -eso, si saben lo que soy realmente.
—Jeanine nunca hubiera podido vencerte.
—En efecto. ¿Hay dudas de ello? Porque se las puedo aclarar a quien las tenga—, levantó una ceja, a la vez que levantaba su puño.
—Entre más pronto acabemos, más pronto podremos ir a Providencia.
( . . . )
—Hombre... Edd. Un placer, ¿y ese gusto amargo en mi boca, se deberá a tu presencia? Nada personal, dulzura—, saludó, sentándose en la mesa en la que Tobias estaba comiendo.
Solo un poco rencorosa.
Edd se levantó y se fue corriendo literalmente.
—Qué sensible—, se burló—. Hola—, está vez su voz salió suave, dulce. Por fin tenía algo de tiempo libre para dedicarle a Tobias.
—Edd dice que algunos Osados están con Johanna, pero los demás siguen aliados con Evelyn. Todo está fuera control. ¿Te dijo David si van a hacer algo?
Vaya saludo.
—Hola, ¿cómo te fue? Bien, ¿y a ti? Bueno, estoy algo cansada, pero no me quejo. Excelente, me alegro—, dramatizó, recargando sus brazos sobre la mesa—. Ahora sí, respondo a tus preguntas, belleza—, sonrió—. Debemos hablar con el Consejo para que puedan intervenir.
La mirada él que tenía la resultaba...- simplemente, no la conocía. No sabría decir si era duda, incredulidad, arrogancia, ironía. Era una mirada de desconfianza.
Desconfiaba de su palabra.
Un clavo más.
—Así que todo depende del misterioso Consejo. ¿Y si dicen que no?
Su actitud era distante, diferente. Él jamás había sido así, por lo menos no con ella. Tal vez lo vio tratar así a Eric, en Osadía, incluso a Max; pero a ella, nunca.
Pensó que tal vez lo tenía bien merecido, después de todo, fue él quien cargó toda su porquería cuando tuvieron que refugiarse en Cordialidad.
—David confía en que no lo harán.
—David. Sí...
Se mantuvieron en silencio.
Pero en medio de ese silencio pudo sentir su hogar derrumbándose poco a poco. Un silencio violento.
Esto. Escapar de la ciudad, pasar la Valla, ese sueño; no, esto no era lo que había soñado, esto era más parecido a una pesadilla.
—¿Sabes que ya descubrí por qué no puedo subir?
Tragó saliva con fuerza.
Por favor no hagas esto.
No se atrevía a apostar pero por un segundo pudo jurar que escuchó su voz flaquear: —Soy Defectuoso. Y tu Pura.
Cinco palabras que implicaron cinco clavos más, cinco pedazos más de su hogar derrumbándose.
—¿No pensabas decírmelo?
Bajó sus manos, poniendo estas sobre sus piernas. Agachó la cabeza. Apretó sus manos entre sí, para aminorar o incluso disimular el temblor de estas. Algunas cosas nunca cambiaban.
"—¿Quién rompió eso?
—Fui yo. Lo lamento, p**i. Solo jugábamos y... y... tropecé—, sorbió su nariz, sus lágrimas empapando sus mejillas incluso antes de recibir el inevitable regaño.
—Levanta la cabeza. Tus manos a tus lados. Y ve a limpiar ese desastre—, el hombre señaló la fotografía que yacía en el suelo, con vidrios rotos a su alrededor.
La pequeña Valentine de seis años recogió con cuidado los vidrios rotos".
—No pensé que fuera importante. Y realmente no lo es...-
—¿Por qué no iba a serlo?
Lo que comenzó con un regaño por parte de Tobias, se empezó a convertir en una confrontación, donde él empujaba, hasta lograr quebrarla. Justo como en los entrenamientos, como en la Iniciación.
—Porque no importa si eres Puro o Defectuoso. Eres el mismo Tobias. El mismo para mí, al menos—, esperó a que dijera algo, lo que fuera. Incluso se conformaría con un grito o algún comentario despectivo -que sabía jamás saldría de él- pero no, nada. Lo vio tomar el vaso a su costado, y acercarlo a sus labios para beber del líquido—. Mira, esto no es perfecto, de hecho es una porquería en su mayor parte. Pero el Departamento salvó a mi madre y técnicamente hablando yo no estaría aquí de no ser...-
—¿Qué sabes tu de lo que hacen en la Periferia? Solo sabes lo que te dicen.
Tiene un punto.
Tenía razón, en efecto, sin embargo eso no le daba el derecho de hablarle de ese modo. Su actitud a la defensiva y ese tono de desconfianza con el que le hablaba, esa mirada acusadora, estaba llevándola al límite... al límite de su paciencia. Y ella no tenía mucha.
—Sí, pero...-
—Lo siento—, Matthew interrumpió—. Te necesita arriba.
Mira el muchacho y luego al ojiazul en frente suyo, con una mueca de total tristeza. No quería dejar las cosas así. En lo absoluto. Pero él, en cambio, tenía una mirada arrogante, ese tipo de miradas que ella detestaba recibir.
—Te necesita arriba—, le dijo, sonriendo cruelmente, jugueteando con el vaso.
Acarició la mano de Tobias que aún reposaba sobre la mesa.
—Creé un maldito monstruo y ahora me toca joderme. Enséñale a disparar y te disparará; enséñale el maravilloso arte del sarcasmo y la ironía, y te atacará. Me jodí yo misma. Cavé mi propia tumba—, se alejó, murmurando por lo bajo, sabiendo que él había escuchado la mayor parte de lo que decía.
Se veía lo enojada y fastidiada que estaba. Se veía la actitud de Cuatro. La gente alrededor veía esto, escuchaba esto. Y no tardaron en empezar a murmurar y cuchichear acerca de la "pelea" de la feliz pareja.
-V