Cap. 9

1636 Palabras
—Soy consciente de que la separación ha sido difícil para Tobias y para ti—, empezó David con un tono de fingida simpatía que hasta el más sordo habría detectado. Valentine rodó los ojos—. Pero los he observado lo suficiente para saber que ustedes lo van a superar. Como todo se supera. ¿O no? Alzó una ceja, jugueteando con el vaso que David le había dado. Subió un pie al pulcro sofá de color naranja, acomodándose como si estuviera en la sala del piso de Tobias en Osadía. El hombre frunció el ceño, viendo la postura tan poco elegante y la forma de sentarse tan poco femenina, de la pecosa. Pero qué esperaba: había crecido dentro de la Valla -había escogido Osadía, se había transferido de Cordialidad. —Estamos bien. Todo está bien—, se encogió de hombros, no queriendo abordar su relación con el moreno, como tema de conversación. Especialmente cuando se trataba de David—. Es lo que quería escuchar, bien, voilá. El hombre no se veía muy convencido, sin embargo, miró a Matthew como buscando una respuesta -el cual se encontraba con la mirada gacha, ajeno a la conversación y asintió. —A trabajar. David se levantó y caminó hacia otro lugar en la sala. Ella se mantuvo en su lugar, con la mente pensando en mil cosas. En Tobias, en Uriah, en ese lugar, en esa gente, en lo que hacía David. Le dedicó una rápida mirada a Matthew. Él se veía aterrado...- no, culpable. ( . . . ) —¿Qué hay, Hippie? ¿Te perdiste? —Buscaba a Cuatro, le quería avisar que David me llevará a Providencia—, murmuró por lo bajo, recorriendo con su mirada todo el sector, e ignorando a su vez el tono burlón de Peter—. Oh, ¿y, han visto a Uriah? También lo estaba buscando. —Ya te estás metiendo con el director, eh. Eres rápida. Comprendió de inmediato la acusación del muchacho, y solo por eso quiso estampar su puño cerrado en el tabique de él. Hacía clara referencia a Tobias y a la etapa de iniciación en Osadía; Peter la estaba acusando de haberse enredado con el ojiazul en primer lugar, solo para quedar en el primer puesto de la Clasificación. —Peter, déjala tranquila—, Edd intervino, dando un paso al frente. Frunció el ceño. ¿Qué mierda le pasaba a todos últimamente? —Amm... ¿hola, sí? Lo siento, debo cortar, es que no te llamé para pedir tu opinión y mucho menos para que salieras a defenderme—, simuló tener una radio en su mano, y con una mirada arrogante miró al pelirrojo. Sin embargo, internamente agradecía el gesto, pues de no haber saltado en su defensa, seguramente ya habría un Peter lloriqueando en el suelo con su nariz rota. —¡Atención! Notó que todos en aquel lugar se paraban firmes, y guardaban silencio. No entendió al inicio, luego vio a David caminar por el pasillo a su derecha. Era seguido de cerca por Matthew, nuevamente con una mala mirada y cabeza gacha. —Prepara todo para Providencia, en mi nave, en menos de una hora. —Sí, señor. Vio a Peter acomodar su cabello y su ropa, intentando dar una buena impresión. Y quiso reír a carcajadas. —Sígueme. —Seguro—, rodó los ojos al escuchar el tono autoritario por el que le había hablado. Caminó detrás de él, manteniendo el paso rápido al que iba. —David, solo quería hablar sobre mi trabajo porque no soy meca...- o podemos hacerlo otro día, no hay problema. Lo haremos mañana. Rió en voz baja. Y sin detener su andar, girando sobre su eje, levantó su dedo favorito y con sus labios articuló un: "te jodes". Alcanzó a ver a Peter maldecir por lo bajo, cosa que solo ensanchó la sonrisa de la pecosa. ( . . . ) —Cuatro, tienes que ver esto—, tanto Uriah como el mencionado se acercaron al pequeño niño pelirrojo que Tobias había "salvado". —Hola. —¿Cuál es tu nombre?—, le preguntó Christina amablemente, aún con una mano sobre el hombro del niño. —¿Mi nombre? —Oye, siento mucho lo de tu padre—, las imágenes del cuerpo del hombre muerto pasaron por la mente de Tobias en ese instante, esperando que el niño entendiera que no había sido intencional. —¿Mi padre? ¿Qué demonios? —Esto no es una misión humanitaria, no estamos salvando niños. Los estamos robando—, acusó, girando para encarar a Nita. Unió todos los cabos sueltos en su cabeza.  Habían llegado disparando a quemarropa. Salvando a los niños pero asesinando a los adultos.  —Eso es lo que hacemos. Ahora lo sabes. David se los lleva de aquí, borra sus memorias con gas y los cría en El Departamento. Y como había dicho Nita, borraba sus memorias de todas sus vidas, con un gas anaranjado, prometiéndoles que solo se trata de una falsa vacuna. —Pero también borra su personalidad con el gas. —Sí, ese es el punto. Definitivamente esa gente no le gustaba ni un poco. ( . . . ) —Cuatro ¿Qué tratas de hacer?—, la voz de Nita resonó en el corredor, viendo al ojiazul caminar a paso rápido por el mismo. —Voy por Valentine. Nos vamos. No sólo el robo de niños que había presenciado, y sido de algún modo partícipe, sino que ahora -tras haber visto lo que estaba pasando en la ciudad, en Chicago, la guerra estaba a punto de comenzar allí, ahora más que nunca quería abandonar ese lugar. —No puedes subir. Las puertas del elevador se abrieron a sus espaldas, y por estas iba saliendo una mujer muy bajita, regordeta y a su parecer graciosa. Tobias tiró del brazo de ella, ingresando al elevador. —Cuatro. —Ven aquí. —¿Qué? ¿Qué hace? Déjame ir—, pataleó la mujer, viendo que era tomada como rehén.  —Cuatro... —El ascensor principal está comprometido—, gritó la mujer a modo de alerta, a la vez que Tobias ubicaba el brazo de ella sobre el escáner. La puerta se cerró, dejando a Nita con la palabra en la boca. Este empezó a subir con rapidez. Cuando las puertas se abrieron nuevamente salió con rapidez de la cabina. No se detuvo a admirar el salón, prácticamente corrió a Valentine. Lucía hermosa. Usaba un vestido blanco, que sabía bien lo mucho que le incomodaba, y para su sorpresa estaba usando zapatillas altas. Sí, lucía hermosa incluso si no se lo decía, ella lo sabía, ella y su ego lo sabrían. Pero tampoco planeaba decirle aquello. Seguía molesto, sin duda alguna. Tomó el brazo de la castaña, llamando su atención. —Nos vamos—, empezó a tirar de ella hacia el elevador. Muy ocupado con su mente pensando en mil cosas, como para notar en ese momento la resistencia que ella imponía. —¿Qué? No. ¿Por qué? —Nos vamos. Te han estado mintiendo. —¿De qué hablas? No te entiendo. —Todo lo que te han dicho no es cierto. Tenemos que...- El sonido particular de una de las armas futuristas de esas personas, siendo recargada lo interrumpió.  Ambos centraron su atención en el hombre que caminaba decidido hacia Tobias con un arma en alto. Sin dudarlo ni un segundo, instintivamente, se paró frente a él, cubriendo el cuerpo de Tobias con el suyo, sin importarle que él fuera más alto y fornido que ella y que aquella acción era casi inútil.  Aunque, bien, las zapatillas altas hacían su trabajo y la hacía quedar cinco centímetros por encima de Tobias. Sin embargo, no era suficiente. Pero, hey, la intención es lo que cuenta. ¿O no? —Bajen las armas. —¡Sí! Igualdad. ¡A puñetazos! A ver quién es más rudo—, soltó con fastidio, considerando seriamente lanzarse hacia el hombre que los apuntaba con un arma. Sabía que estaba entre personas que no conocía en lo absoluto, con armas apuntando a su cabeza, estaba... coqueteando con la muerte. Pero es que jamás dejaría que le hicieran daño a Tobias, no si podía evitarlo. Tobias la "calmó", llamando su atención con una simple caricia en su espalda baja; la conocía tan bien. —Han estado robando niños de sus familias—, él sonó, sin duda alguna, enojado, fastidiado. Pero logró percibir un poco de triunfo, pues a fin de cuentas, él sabía desde el primer momento que algo andaba mal. Ella también lo suponía, solo que había decidido ignorarlo. —Estamos dándoles una mejor vida—, aclaró David, haciendo acto de aparición. —Matando a sus padres—, contraatacó Tobias, acusador. —Supongo que le dieron mejor vida a los padres que a los niños—, murmuró en voz baja, intentando no reír. Por suerte nadie escuchó su mal chiste. Seriedad. Es un tema delicado, hay que tratarlo con seriedad y madurez. —Un desafortunado accidente, Osado—, Tobias casi quiso reír al escuchar a aquel arrogante soldado llamarlo de ese modo. "Osado". Jamás, desde que se había transferido de Abnegación, desde que se había vuelto un Osado en todo el sentido de la palabra- jamás lo sintió como un insulto, a excepción de ese momento en El Departamento. —Fue un terrible accidente pero te aseguro que era necesario para salvarlo. ¿Por qué demonios todos hablan y se tiran mierda como si todos entendieran qué está pasando? No, alto, ¿Soy la única que no entiende qué está pasando, verdad? ¿Me explican? Yo también quiero tirar mierda. -V
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