—Yo hago caso a los deseos de mi pueblo. Ya es hora de romper con el pasado.
La voz de Evelyn retumbó por todo el hangar, después de haber hablado en voz baja con Johanna. Nuevamente, vítores y gritos de alegría, pues evidentemente, Max sería sacrificado. Dwight le tendió el mango de un arma a Cuatro, notó la mueca casi enojada de el ojiazul le dedicaba al Abandonado, para finalmente el mismo Dwight acercarse a Max y posicionar el cañón de esta en su nuca.
Él lucía aterrado, parecía estar al borde del llanto.
Silencio absoluto, el chasquido al quitarle el seguro al arma, y la voz temblorosa de Max: —No quiero morir.
—Tampoco tus ovejas.
Bang...
Y el cuerpo sin vida del exlíder de Osadía se desplomó en el suelo, sin compasión alguna. Las aclamaciones y gritos victoriosos, los gritos de enojo y la multitud enfurecida, el lugar se volvió un caos.
Una parte de ella, mínima, sintió lastima por el hombre. Sin embargo, era casi inexistente; pues el resto de ella deseaba ver sufrir a Max, verlo arder en el infierno y pagar con sufrimiento y dolor todo el daño que había causado. Todas las vidas que había cobrado. Su deseo de venganza era superior a su deseo de no tener más pesadillas; reconociendo que, tras ver esa ejecución, esa noche se sumaría a las muchas otras noches que había despertado .y que despertaría- sudando entre gritos de terror.
Tobias la miró, casi con preocupación, le dedicó una pequeña sonrisa con la intención de tranquilizarlo, pero él no se veía muy convencido. Se fijó en la gente que estaba frente a ella, en la misma planta pero del lado opuesto, había una celda, y en ella se encontraba Edd. El pelirrojo empezó a gritarle, casi rogando por su perdón, pues no quería morir; sin embargo, poco le importaba lo que él tenía por decirle. Bueno, tal vez un poco sí.
Evelyn y Johanna intercambiaron algunas palabras, lo que llevó a la morena exlíder de Cordialidad a retirarse, siendo seguida por todos aquellos que no querían que aquel juicio se tornara en una ejecución. Esta larga fila de personas era abucheada por el resto -es decir, todos aquellos que estaban en desacuerdo con el homicidio de Max.
Y Uriah estaba entre ellos.
Tobias bajó de aquella tarima, ingresando en la casa a sus espaldas. Segundos después, Evelyn fue tras él. Y ella, por su lado, se recostaba en una pared, mirando el caos que había, cruzando sus brazos sobre su pecho, una pequeña sonrisa crecía en su rostro, casi de orgullo. Miraba todo como si se tratara de un espectáculo.
Se preguntó a sí misma ¿Cuándo se había vuelto tan violenta? Y, sencillamente, no tenía ni un solo recuerdo en el que no fuera violenta; más allá del tiempo que pasaba con Tobias -pues, estando con él, parecía ser la única forma en la que no debía estar a la defensiva o con el veneno en su lengua listo para acabar con todo a su paso.
( . . . )
—Tienen que ver que estamos unidos, sobre todo cuando Valentine se niega a apoyarnos.
—No voy a decirle a Val qué hacer...-
—Tienes que intentarlo.
—¿De veras crees que evitarás que esta gente deje la ciudad?
—La Valla seguirá cerrada. Mis soldados tienen ordenes. Nadie saldrá de aquí.
Cuatro se recostó en la silla, mirando a su madre con una mueca de molestia: —¿Por qué te deshiciste de Jeanine, solo para seguir sus pasos?
—Un líder debe tomar decisiones duras para proteger a su pueblo—, él asintió, sin creerle ni un poco—. Eso lo entenderás cuando tomes mi lugar...
Se levantó sintiendo la rabia y el enojo crecer en sí. La mano de Evelyn lo tomó con firmeza, evitando que él se fuera. La miró con una chispa de rabia en sus ojos.
—Lo hago por ti.
Sintió una risa formarse en su garganta, la cual no salió. Se soltó del agarre de Evelyn y se fue de la casa, con la clara intención de buscar a la pecosa.
( . . . )
—Quizá no sea el mejor momento para irse...
La luz del sol de esa hora de la tarde era anaranjada y les daba de lleno en la cara, el viento chocaba contra sus cuerpos y desordenaba su cabello. Se hallaban sentados a varios metros alejados del hangar, simplemente hablando.
—No podemos estar aquí para cada pelea—, explicó, mirando la mueca casi torturada que tenía Tobias—. Y el mensaje decía que saliéramos al mundo.
—Y no tenemos una idea de quiénes lo mandaron, ¿o sí?
Touche.
—¿Y no quieres averiguarlo?—, rió. Una risa casi retadora, infantil. Levantó una ceja aún esperando una respuesta.
—Pero este es nuestro hogar...
Oh...
Cruzó sus brazos sobre su pecho, tomando ahora una postura rígida. Tobias lo notó, obviamente; y no esperaba menos, pues era evidente su incomodidad ante lo dicho por él.
—Tal vez el tuyo... pero notarás que está destruido, ya no queda nada—, su tono de voz ahora era seco, firme, sin su usual energía y burla al hablar. Sí, le había molestado el comentario de Cuatro—. ¿Y qué si...? No lo sé ¿y si la forma de ayudar es saliendo?
Pero él por su lado, no abandonaba el tono suave y casi comprensivo que usaba al hablarle.
—¿Y si no hay nada allá afuera?
Respira... sé sincera... y por nada del mundo saques el veneno. No lo merece, él no. Pensó, tranquilizándose. Pues a decir verdad, su negativismo le molestaba...
Tal vez él solo era realista.
Y pensó que tal vez ella también debía serlo. Pero no podía conformarse con vivir el resto de su vida en un lugar al que nunca perteneció -en el que nunca se sintió cómoda- sabiendo que existía la posibilidad de que del otro lado hubiera un lugar para ella.
—Entonces lo aceptaré si estás conmigo.
Él asintió, se atrevería a decir que vio los indicios de una pequeña sonrisa creciendo en el rostro de Tobias, sin embargo no estaba segura. Y nuevamente, silencio.
—Mañana es el juicio de Edd...
—Lo sé—, miró al suelo, evitando la mirada azulada del moreno, casi como si supiera lo que él diría. Soltó un suspiro pesado—. Y yo no le debo nada...-
—No—, sonrió brevemente, casi orgulloso ante sus palabras; sin embargo sabía que ella no estaba del todo convencida.
( . . . )
Llevaba ya algunos minutos recostada contra un camión. Esperando. Con su mano derecha en su espalda, pues en la pretina de su pantalón, en la parte de atrás, escondía un arma; simplemente le gustaba sentirla en su mano y asegurarse de que dado el caso de necesitarla, tendría la facilidad de defenderse con ella.
Vio a Tobias salir por una puerta lateral del hangar, sostenía con fuerza el brazo de Edd, empujándolo en la dirección del camión en el que ella se hallaba recostada. Cuando un guardia le gritó a Tobias que debía detenerse pues los prisioneros de Erudición debían permanecer en sus celdas.
—Me encargaré de él personalmente—, dijo él girando sobre su eje para mirar a uno de los hombres.
Empujó al pelirrojo, quien cayó entre los arbustos. Con rapidez Tobias sacó un arma de la parte trasera de su pantalón, la cual ocultaba con su camisa y su chaqueta; y disparó, tres veces.
Hizo un leve asentimiento casi con burla hacia los guardias. Quiso reír, se contuvo. Estaba orgullosa del Tobias sarcástico que había creado.
Los guardias se veían convencidos, así que se fueron sin refutar u objetar.
Qué tontos. Por lo menos vean el c*****r. Se burló de la ineptitud de los "soldados".
—Ya puedes salir, Edd—, dijo Tobias, guardando el arma en la pretina de su pantalón, esta vez junto a su ombligo, la cubrió con su camisa.
Rió inevitablemente.
—Gracias, muchas gracias, Cuatro.
—No me agradezcas. Fue idea de Valentine—, le respondió, tosco. Caminó hasta el camión y subió de un salto al asiento del conductor.
—Me salvaste...—, dijo aún sin creerlo, caminando hacia ella.
Sonrió. Se encogió de hombros y con una mueca totalmente triunfal, alzó una ceja y lo miró -casi con desdén.
—Eso hacen los amigos, ¿verdad?
El motor rugió. Le ordenó al pelirrojo que subiera, él en la parte de atrás, pues ella iría en el asiento del copiloto. Y avanzaron.
Topándose más adelante con Peter quien tenía una mueca de superioridad que -a decir verdad- lo le habría molestado quitarle con un golpe en el tabique.
Y se acercó al puesto del conductor.
No lo mates.
-V