Cap. 3

1528 Palabras
—Compañeros. —¿Qué haces, Peter? Lárgate. —Es precisamente lo que quiero—, ninguno de los tres le creía ni un poco—. Oye, no quiero estar aquí cuando la loca de tu madre empiece a matar a todos los que trabajaron con Jeanine. Tobias lucía fastidiado, impaciente. Sabía que, al igual que ella, él temía que los descubrieran intentando huir. Tobias la miró a los ojos, y ahí confirmó su teoría -en efecto, estaba aterrado. —Podría acompañarlos...—, empezó a explicar Peter. Tras un silencio bastante sospechoso a su parecer, Tobias pareció notar esto, pues se giró hacia a Peter—. O... podría gritar ¡se están escapando! ¡vengan por ellos...! —¡Bien! ¡está bien!—, gritaron Tobias y ella a la vez. —Bien, Peter, súbete atrás—, suspiró fastidiada. —Eso es lo que decía... gracias. —Súbete—, le ordenó Cuatro, bastante molesto. Y así, una vez Peter dentro, Tobias condujo. ( . . . ) —Tienen un plan, ¿cierto? El ojiazul detuvo el vehículo al llegar al portón, donde varios guardias hacían una inspección. Se miraron, casi como preguntándose el uno al otro por el plan. Claro que hay un plan. Puede haber cien planes. El problema radica en que salgan bien... Un hombre se acercó, miró dentro del vehículo, notando que Edd estaba atado de manos aún. Tobias bajó su mano hasta el arma que tenía en su poder, listo para a****r de ser necesario -esta vez la había ocultado bajo su pierna, sentándose sobre ella pues si la dejaba en su pantalón habría sido muy visible y llamaría mucho la atención. —No nos informaron que transferirían un prisionero. —Yo te estoy informando. La socarronería y egocentrismo impreso en sus palabras... wow. Yo le enseñé eso... Pensó llena de orgullo. —Déjame ver tus órdenes—, el guardia exigió. Obteniendo únicamente una sonrisa altanera por parte de Tobias. —Idiota—, jadeó por lo bajo, para sí misma. —Aquí están. Yo las tengo. Alabado sea nuestro salvador. Soltó el aire que retenía. Christina -quien había llegado corriendo desde el hangar- le tendió varios papeles al hombre que estaba cerca al portón. Levantaron el mismo, la morena subió al vehículo y Tobias condujo, alejándose del hangar tan rápido como les fue posible. Hacia la Valla. —Tobias Eaton ayudó al traidor Edd, de Erudición, a escapar y por tanto es un traidor. Tiren a matar. Nadie puede pasar esa valla, es una orden. ( . . . ) Tomaron el equipo, los arneses, guantes, armas, ganchos, cuerdas y se prepararon entre los arbustos. Se mantenían a la altura del follaje de modo que los hombres en los camiones que pasaban haciendo guardia no los vieran. —Toma—, estiró una de sus manos en dirección a su amigo que parecía estar luchando con el arnés, tendiéndole unos guantes—. Uriah... El muchacho sonrió y los tomó, guardándolos en su bolsillo para seguir con su tarea. Notó que su moreno amigo ahora tenía una pequeña bandita en su tabique -seguramente por aquella pelea. Christina le soltó las a******s a Edd y lo ayudó a equiparse con todo lo que necesitaba. Christina miró por unos binoculares, notando un camión pasar, lleno de los soldados de Evelyn. —¿Listas?—, preguntó Tobias, sudaba incluso no teniendo su chaqueta puesta, pues lo siguiente que harían requeriría bastante esfuerzo y necesitaban movilidad y comodidad. Y las mangas largas no serían de ayuda. —Sí—, respondió. Se fijó en los brazos descubiertos de Tobias, pues pocas veces lo veía sin esa enorme chaqueta que cubría sus bastante trabajados brazos. —Despejado—, dijo Christina, guardando los binoculares en el bolso que cargaba. —Veamos qué hay del otro lado—, suspiró, preparándose mentalmente. Le sonrió a Uriah en un intento de tranquilizarlo pues él también estaba asustado. Y no es que ella no lo estuviera; ella estaba ansiosa. Temía que los atraparan, pero no le temía a lo que los esperaba del otro lado. —Listos. Conmigo—, y sin más, Tobias corrió hacia la Valla, siendo seguido de cerca por el resto del grupo. Corrieron tan rápido como podían, pues entre mas tardaran mayores eran las probabilidades de que algún soldado los descubriera. A mitad de camino empezó a sonar una fuerte alarma, sensores de movimiento. Maldición. —¡Disparen los arpones!—, gritó Tobias a la vez qué el mismo apuntaba sobre la Valla y lo disparaba. Este quedó enganchado, y al presionar un botón en su arnés, la soga se empezó a recoger. Subirían por el muro. Lo harían corriendo. Literalmente. Christina subió, luego Tobias, Tori, Uriah, ella y al final Edd, quien había tropezado y no podía levantarse -bueno, mejor dicho, al estar colgando de la cuerda de su arnés y no siendo lo suficientemente atlético o capaz para "levantarse" y seguir subiendo: Tobias tuvo que regresar por él. Christina estaba arriba, ella cortaría los alambres de la reja en el tope de la Valla, para poder pasar. Sin embargo, cuando las pinzas metálicas tocaron el alambre, chispas salieron y Christina voló por los aires. Suerte para ella el haber estado atada, de lo contrario ya estaría muerta, treinta metros más abajo. —Evelyn electrificó la valla—, dijo Cuatro a la vez que impulsaba a Edd para que subiera. Vio los camiones acercarse a gran velocidad. Y notó un puesto de energía. No llegué hasta aquí solo para no poder salir por una maldita reja electrificada. Y saltó, con la intención de ir a aquel puesto y cortar la energía de la Valla, soltó su arnés de su cintura y corrió. Tobias iba detrás suyo, con un arma en alto y disparando hacia los camiones. Acomodó una bomba entre unos barrotes de aquel puesto, verificando que estuviera bien asegurada; regresó sobre sus pasos tan rápido como pudo. Tobias corría a la par suyo. Presionó el detonador cuando vio un camión pasar cerca de aquel puesto, haciendo volar a ambos. De un salto Tobias la tomó por las piernas, como si estuviera cargando a un bebé, y empezó a subir por el muro nuevamente, pues ella había soltado su arnés y no tendría forma de subir. Una vez arriba, él junto a Tori empezaron a dispararle a los hombres en los camiones, mientras que ella ayudaba a Peter, Christina y Uriah a cortar aquellos alambres. Edd simplemente observaba. Edd como siempre, muy útil. Estaban del otro lado. Habían salido. Por fin. Y con la misma velocidad con la que prepararon su subida, organizaron su bajada. Esta vez fijaron las sogas a mano, bajarían haciendo rapel. Christina empezó a bajar, seguida por Edd, Peter y Uriah. Miró a Tori, quien apenas se acercaba al borde para bajar. Le sonrió dulcemente, pues sin ella, nada de eso habría podido suceder. Y pasó. El cuerpo de Tori se desplomó a la vez que el sonido de un arma al ser disparada inundaba el ambiente. Estaba en el suelo. Sin vida. Y no podía hacer nada al respecto, pues ya estaba muerta y debían irse. Tobias la empujó suavemente hacia el borde del muro, incitándola a bajar. Y así, bajaron los dos. Ni siquiera sintió sus ojos arder a causa de las lágrimas, o una punzada de dolor en su pecho, o incluso un nudo en su garganta. Nada, en lo absoluto. Vacío. Sentía un vacío en la boca del estómago, y no se asemejaba nada al hambre, tampoco era el vacío en el estómago al bajar tan rápidamente por el muro. Era como si su corazón se hundiera en su pecho. Como si hubiese perdido algo. —Bien, vamos—, dijo Tobias, soltando su arnés de su cintura y empezando a sortear entre los escombros. Tiraron sus guantes al suelo pues ya no los necesitarían. Ella lo siguió, al igual que los otros tres. Caminaron por un gran campo abierto, con algunos árboles y arbustos. No se ve tan mal... Notó a Tobias detenerse, le siguió Peter, estando a su lado y luego Christina y Uriah. Se acercó y vio lo que ellos veían. Oh... Un gran desierto rojo, con varios cráteres, a la lejanía podía ver restos de grandes construcciones. Simplemente era tierra árida. Eso, y las invisibles señales de vida... y de la gente que los esperaba fuera de la Valla. —Creo que no te enviaron un comité de bienvenida... —Cállate, Peter—, dijo Christina. Y así, empezaron a caminar por aquel desierto rojo, aún con la esperanza de encontrar lo que buscaban. —"La humanidad los espera con esperanza". ¿Qué humanidad?—, citó Peter, caminando junto a Christina. Pasaron junto a un gran cráter, este estaba lleno de agua de un tono rojizo ‐debía ser el color que le daba la tierra, razonó. —Esto parece radioactivo—, dijo Edd mirando con detenimiento el agua del cráter—. O lo fue en los últimos doscientos años. Nos he condenado a todos. -V
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