Constantinopla, ètos 771 La vida me ha regalado la dicha de volver a sentir el amor, extraño a Irene ella ya no es más aquella inocente niña, es una hermosa mujer de la cual sigo embelesado cada que la miro llegar a mi Mi señor— sonreía al mirarme— debo daros una grata noticia ¿Qué cosa es?— pregunté mirando su rostro para descifrar lo dicho— estáis rebosante está vez Bueno mi señor, debo estarlo y más ahora que...— coloco sus manos sobre el vientre— ¿Entendéis de que hablo? Me levanté del trono para bajar a toda prisa y así estrecharla entre mis brazos, ella sonreía complacida Está vez— suspiré— cumpliré mi promesa, vos y — tocó mi vientre— nuestro hijo no volverán a sufrir nunca más ¿Lo prometes, mi señor?— preguntó ella— ya perdí un hijo, no deseo perder otro nunca más Os doy
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