_¿Acaso estás loca? Es una idea pésima. _¿Pero por qué? Pregunté mientras lo perseguía por los pasillos de la fraternidad, mientras se encontraba sacando su ropa a lavar. Mi persecución consistía en seguirle detrás con un tono de súplica y mis manos colgando delante de mi cuerpo, a nivel de agotamiento. _Por qué no, Emilia. No hay manera en la que vaya a cenar con tus padres. _¿Y eso por qué? Creí que estábamos saliendo seriamente. Él se detuvo un momento en su camino para voltearse hacia mi. Acto seguido inhalo hondo y llenando sus pulmones de paciencia, tomó mi rostro entre sus manos, provocando que lo mirase fijamente a los ojos. _Y lo estamos. Pero eso no significa que cometeré el acto suicida de presentarme ante tus padres. Finalizando su oración, me dio una suave palma

