MIKHAIL —¿Pasa algo, malyshka? —pregunto, mostrando una sonrisa lobuna. Noté cómo se tensó con mi toque, sacudiéndose como si yo fuera metal al rojo vivo. No es de sorprenderse. Alya Varkov me odia… o al menos, cree que lo hace. Pero eso no es nada comparado con lo que yo sentía por su padre. Ese imbécil merecía un destino mucho peor que la muerte. Debería haber sufrido más. Por mi mano. La rabia familiar burbujea dentro de mí. La reprimo, apenas. Años de trabajo, de planes cuidadosamente trazados, todo para derribarlo. Y cuando estaba tan cerca… tan jodidamente cerca de meterle una bala en el cráneo y ver cómo se apagaba la luz en sus ojos… alguien más me robó esa satisfacción. El recuerdo todavía arde, incluso ahora. —No soy tu maldita malyshka —escupe Alya, con un tono tan afilado c

