Narra Dante….
Camino sin rumbo de verdad me puso mal recordarla, la recuerdo cada que veo una chica con ojos color miel y que se llama igual que ella, pero siempre sale que no es ella, en fin no es ella así que debo olvidar eso.
Veo un taxi disponible, subo y pido que me lleve a lugar a donde siempre voy a jugar futból con mis pequeños del orfanatorio.
Claro antes de eso compro algo de comer estoy seguro de que ellos estarán contentos.
“Minutos después”
Estoy parado frente a ellos, así que me reciben con gran emoción.
—Hola pequeños hoy como cada semana traje comida pero primero a echarnos una cascarita—le quito el balón a uno de esos pequeños y juego con ellos.
Verlo me hace recordar lo que viví en el pasado y aunque eso duele me hace ser humilde para así ayudar a los que me necesitan.
“Narra Marian”
—Papá te dije que no volvieras apostar, ahora perdí mi trabajo por culpa de ese escándalo—frunzo el ceño mientras dejo mi bolso sobre esa vieja mesa y me siento.
—Tú…—mi padre ni siquiera puede hablar de lo borracho que está.
Lo veo y me da tristeza desde que mi madre nos abandono para irse con ese hombre él no ha dejado de beber y apostar.
No puedo seguir viendo eso así que tomo mi bolso y me voy a mi habitación, dejo ese bolso sobre la cama y me recuesto boca abajo para soltar esas lágrimas que cada que recuerdo lo que estoy pasando suelto sin parar.
Mi llanto se escucha por toda la habitación no puedo con esto, no puedo con tanto, siento que en cualquier momento me voy a derrumbar, esto es tan frustrante que siento que voy a desfallecer.
A veces quisiera que pasará eso que pasa en las novelas de la televisión eso que solo ahí pasa, encontrar a un héroe sin capa que me ayude al menos a motivarme y salir de esto, alguien que tome mi mano y que al verlo a los ojos me de fuerza, de lo demás yo me encargo.
Pero tal y como dije eso solo pasa en esas historias irreales de la televisión.
“Al día siguiente”
Hoy me levante temprano, de verdad tengo que encontrar trabajo aunque para ser sinceros eso está muy difícil ya que ni siquiera tengo la universidad completa ni siquiera termine mi carrera de diseñadora de interiores a duras penas trato de diseñar mi habitación y eso es con lo poco que puedo comprar para hacerlo.
Estoy parada en una calle, realmente no hay nada por aquí.
“Horas más tarde”
Veo mi reloj y son las siete de la tarde, de verdad no puedo creer que no pude encontrar nada.
Regreso a mi casa y esta vez esta mi padre tomando con esos los que se dicen ser sus amigos, realmente odio que estén en casa.
—Buenas noches Marian—menciona un tipo el cual me sonríe con morbosidad.
Solo lo veo con desagrado y después solo me paso derecho a mi habitación y aunque tengo un poco de hambre así me acuesto.
Las horas transcurren rápidamente, cierro mis ojos hasta quedarme media dormida de pronto siento una mano deslizarse por mis piernas, enseguida abro los ojos y es ese tipo el cual enseguida tapa mi boca, eso hace que mis lágrimas salgan rodando pero cómo puede ser que ese tipo entro, claro mi padre debe estar borrachísimo y de seguro aprovecho para tomar las llaves que están justo en la entrada de la cocina.
—Por favor, por favor—menciono temerosa.
—Claro que te haré el favor—sonríe victorioso.
Trago saliva mientras aprieto mis ojos, ese tipo se posiciona encima de mí y no, no puedo permitir que esto pase, y mientras él está concentrado tomo la lámpara de noche que tengo a un lado y le doy en la cabeza, ese tipo se queja pero está vivo, menos mal me digo a mi misma mientras me pongo de pie para tomar mis lentes y salir corriendo a la calle.
Salgo corriendo sin rumbo por un callejón el cual conecta a una de las avenidas de la ciudad, sigo corriendo hasta topar con alguien ambos caemos al suelo, levanto la mirada y es él, es el chico de la cafetería. Él me mira asombrado mientras esos ojos color verdes me deslumbran.
Él me toma del brazo y me ayuda a levantarme, mientras yo no dejo de temblar y de pasar saliva.
—Lo siento—agacho la mirada mientras trato de bajar mi corta pijama.
Él lo nota así que enseguida se quita su abrigo largo color n***o y me abriga con el.
Su fragancia envuelve mi olfato, él huele bien y se ve que su perfume es de marca lo sé porque en algún momento de mi vida estuve rodeada de esos perfumes.
Veo la manga de ese abrigo y solo sonrío vagamente.
—¿Puedo saber qué pasa? ¿Por qué viene huyendo señorita? —dice con seriedad mientras siento como agacha su rostro a mi altura.
Sinceramente me da pena decirle la verdad, pero mi aspecto no me ayuda a mentir ¿Quién rayos sale de su casa descalza y sin abrigo?
—Yo… lo que pasa es que…ah es tan vergonzoso— levanto la mirada y trato de sonreír mientras mis lágrimas salen por si solas de solo recordar lo que pasó.
—¿Sí? Puede confiar en mí—menciona mientras me ve desconcertado.
—Un amigo de mi papá intento… usted ya sabe—frunzo el ceño apenada.
—Maldito infeliz—suena molesto—¿Dónde está? —camina hacia el lugar de donde salí corriendo.
—¡No! Papá está en casa—lo tomo del brazo.
—Él lo tiene que saber, él tiene que saber qué clase de amigos mete a su casa—suena aún más molesta.
—Él está ebrio, así se le diga lo que le diga no lo va escuchar, además de que ese tipo tiene contactos si le hago algo él se desquitara con mi padre—cruzo los brazos.
—Yo soy…no importa pero no puede estar así, debe hablar con su padre y advertirle —ahora suena frustrado.
—Gracias, le agradezco, disculpe las molestias—me quito su abrigo.
—¡No! Quédeselo por favor —se niega a tomarlo.
—Oh, es verdad está sucio, lo lavare y se lo entregare limpio, digo si algún día coincidimos de nuevo —sonrío vagamente.
—No es eso, solo que creo que lo necesita más usted que yo, nos vemos—agacha la mirada y se da la vuelta para luego caminar con las manos en los bolsillos.
Me quedo parada en ese lugar, viendo hacia mis lados mientras sobo mis brazos y siento mi cabello largo acariciar mi rostro.
Volteo hacia mi lado izquierdo para ver a donde debo ir para tomar algún camión que me lleve aunque sea a casa de mi amiga la cual debe tener casa llena pero no me queda de otra que pedir ayuda ya que a mi casa vuelvo hasta que mi padre este sobrio y cambie la chapa de esa habitación.
De pronto volteo hacia mi lado derecho y ahí está él ese chico misterioso, me asusto por lo que enseguida me hago hacia atrás, en ese momento él me toma de la mano y me atrae hacia él, caigo en su regazo y es ahí donde esa comodidad se hace notar, cierro mis ojos y es que siento esa paz que tenía tanto sin sentir.
De pronto él me aleja por lo que levanto la mirada y veo esos ojos, aclaro mi garganta y me suelto de su agarre.
—Ya sé cambiaste de opinión, claro debe ser caro este abrigo—trato de quitármelo pero él lo pone de nuevo en su lugar.
—No es eso, solo que… no puedo irme así, mi deber es cuidar a la gente así que… tengo que ayudarte—suspira—Sé que no puedes regresar a tu casa eso sería peligroso pero me imagino que tienes a donde ir ¿Cierto? —él espera mi respuesta mientras cruza los brazos y mira a su alrededor.
—Bueno tengo una amiga recién iba a ir a su casa —frunzo los labios.
—Entonces lo menos que puedo hacer es llevarla ahí, vamos —me toma del brazo y me encamina junto con él.
Detengo mis pasos y lo miro con preocupación.
—Es normal no tienes confianza, tome es gas pimienta si me paso de la raya puede echarme en los ojos—toma mi mano y lo coloca ahí.
Lo miro y después solo asiento con la cabeza para enseguida seguir caminando detrás de él.
Caminamos hasta llegar a su coche, el cual está estacionado en la orilla de la carretera.
—¿Puedo preguntar por qué su auto está estacionado aquí y usted andaba caminando por allá? — a punto hacia donde.
—Me gusta caminar solo, me gusta pensar mientras camino por las orillas de la carretera ¿Eso está mal? —suena confundido.
—No, solo preguntaba ¿Y si mejor me acompaña en un taxi? —sonrío apenada.
Él se da la vuelta y me ve por un momento.
—Está bien, la acompañare —su seriedad es tan…—Por acá está la estación de taxis—me guía hacia una.
No sé cómo rayos voy a pagar un taxi pero prefiero hacer eso que irme con él sola en su coche.
Llegamos a la estación y ambos subimos a un taxi, el cual enseguida sigue su rumbo en cuanto doy la dirección a la que vamos.
Minutos más tarde estamos parados afuera de la casa de mi amiga, estoy viendo como hay una discusión con su hermana y papás, frunzo el ceño y es que no puedo ser tan imprudente como para pretender llegar con más problemas.