Así que solo asentí y lo miré y él me besó de nuevo y luego desató cuidadosamente la parte superior de mi traje de baño, tirándolo a la esquina mientras pasaba los dedos por mi pecho, los sumergía en el agua y luego goteaba agua sobre mis pezones. Suspiré y cerré los ojos mientras él continuaba sumergiendo sus dedos en la bañera y goteando el agua sobre mis pechos. Mis pezones se fruncieron por la sensación del agua, y junto con el aire acondicionado y mi deseo por Josh eran piedras doloridas. Josh sumergió su cabeza para lamer el agua, chupando un pezón por lo que pareció una eternidad, luego lamiendo el otro, provocándolo con la punta de su lengua, haciéndome temblar en el agua tibia mientras su lengua trazaba alrededor y alrededor de mi pezón, los pequeños bultos en mi areola, la suave carne de mi teta desnuda.
Finalmente, hizo una pausa para besarme, y al hacerlo, me atrajo hasta que mi pecho quedó contra el suyo, mis pezones rozando su firme torso, sus brazos me rodearon con fuerza y sus caderas me colocaron de tal manera que quedé sentada a horcajadas sobre su enorme y firme v***a, separada de mi cuerpo solo por la braguita del bikini. Gemí contra su boca antes de darme cuenta de que lo había hecho, y no necesitó mucha insistencia. Apartó la braguita antes de que pudiera protestar y se deslizó dentro de mí.
La polla de Josh era mucho más grande que la de Jayme, así que notaba la diferencia. Aunque Jayme encajaba a la perfección, Josh casi me estiraba, y no podía sentir tanto como quería porque estábamos bajo el agua. "¿Podemos ir a la cama?", susurré.
Creo que Josh lo interpretó como algo que diría una adolescente romántica, porque al instante se preocupó. «Lo siento, Dana, claro que podemos. Tienes razón. Nuestra primera vez debería ser en la cama».
Lo que él no sabía es que lo que yo deseaba no era la idea romántica de la cama, sino la sensación plena de su polla deslizándose dentro y fuera de mí.
Tras desenredarnos un poco, salimos de la bañera y nos dirigimos a la cama, donde Josh me secó con una toalla esponjosa y me quitó la braguita del bikini. Luego me besó de nuevo, intentando ser dulce y delicado, pero ya había tenido suficiente. Lo atraje sobre mí, sin delicadeza, y rodeé sus caderas con las piernas, meciéndome contra su pene para que no hubiera ninguna duda de lo que deseaba. Se detuvo solo el tiempo suficiente para meter la mano entre nosotros y guiar su pene hinchado hacia mi coño expectante, y entonces volvió a estar dentro de mí, tocándome por completo.
Se tomó su tiempo para follarme, cambiando de ritmo de vez en cuando, variando sus embestidas para que algunas fueran más profundas y otras más superficiales; a veces se hundía por completo en mí mientras que otras solo entraba y salía unos centímetros. Y dejé de pensar. Todos nuestros besos y todos mis momentos robados con Jayme, mi frustración s****l y mi apetito insaciable, todo combinado para la tormenta perfecta. Estaba en el cielo siendo follada por él, y no podía tenerlo lo suficientemente cerca. Agarraba sus brazos y arañaba su espalda, hundiendo mis dedos en su culo apretado mientras me embestía, y podía sentir el orgasmo creciendo en mí, ganando velocidad, precipitándose hacia mí como un tren.
Cuando me impactó, grité el nombre de Josh una y otra vez, y él apretó sus labios contra mi oído y murmuró: «Ya está, córrete para mí, buena chica». Apenas sentí que había terminado cuando se movió y me penetró en otra parte, y la explosión se intensificó de nuevo, una segunda oleada de orgasmo tan potente como la primera. Temblaba y jadeaba, y mis muslos no dejaban de contraerse, y Josh no paró, simplemente siguió follándome, mi coño increíblemente húmedo y aún contrayéndose alrededor de su enorme polla, canturreándome al oído: «Dios, me encanta verte correrte, me encanta sentir cómo te corres en mi polla... Me encanta oírte perder el control... Eso es, olvídalo todo, solo córrete para mí, así». Mientras mi segundo orgasmo se apagaba, me pregunté cuántas veces podría pasar esto, cuántas veces podría correrme con él dentro. Y en algún momento mi cerebro se detuvo por completo y lo único de lo que fui consciente fue de Josh murmurándome: "Oh, Dana, me encanta follarte. Tu coño es tan apretado y húmedo... es tan perfecto... quiero disparar mi semen dentro de este coño perfecto... quiero hacer que te corras de nuevo en mi polla... oh, Jesús, te sientes tan increíble..."
Me di cuenta de que Josh se acercaba cuando dejó de susurrarme y su respiración cambió. Estaba lo suficientemente bajo de mi euforia como para ser consciente de su orgasmo en ciernes y de mi asombro por lo que estaba sucediendo, de que podía hacer que Josh Hickman se corriera, de que Josh Hickman fuera a perder el control y correrse dentro de mí. Y no pude decir más, pero le susurré su nombre al oído y lamí su cuello salado y mordisqueé su clavícula y él se estremeció y gimió y apretó mis caderas con sus dedos mientras disparaba su enorme carga dentro de mí. Podía sentir la oleada mientras lo apretaba con fuerza desde dentro. Y entonces se estremeció y se quedó quieto, enterrado dentro de mí, cubierto de piel de gallina. Reí de placer, rozando mis manos por sus brazos.
"¿Se me pone la piel de gallina?", susurré encantada.
"Mmm", murmuró, besándome por toda la cara, primero con ternura, luego dándome enormes y tontas palmaditas mientras yo seguía riéndome. Seguíamos fusionados, su pene se encogía y nuestros fluidos se escapaban de mí, y se apartó de mí y me atrajo hacia él, haciendo cucharita, con el culo pegado a su entrepierna y la espalda pegada a su delgado y sudoroso m*****o.
—Quedémonos aquí —dijo en voz baja—. Así, sin más.
"Mmm", susurré, completamente despierta de mi euforia s****l, al darme cuenta de que Josh estaba a punto de quedarse dormido abrazado a mí. Intenté relajarme lo suficiente para echarme una siesta con él, pero estaba demasiado excitada, mi cuerpo inmóvil como un cable de alta tensión y mi mente dando vueltas con un millón de datos diferentes. Definitivamente me estaba enamorando perdidamente de Josh, y después de haber tenido sexo con él una vez, no iba a dejar que fuera la última. Podría haberme tenido en su casa la semana siguiente y yo con gusto lo habría follado sin parar todo el día, todos los días. Pero mi corazón estaba dividido, y por muy excitante y delicioso que hubiera sido con Josh, y sobre todo por lo completamente aceptable y completamente normal que había sido tener sexo con un chico con el que salía, y con el que podía salir, y con el que podía tener una verdadera oportunidad de tener una relación, el pensamiento de Jayme y nuestra conexión prohibida siempre rondaba mi mente.
Me maldije por ser hipócrita. Nunca había sido así. Era una chica de un solo hombre. Nunca me había enamorado de alguien en la misma situación. Y sin embargo, aquí estaba, completamente satisfecha con dos hombres increíbles, cada uno diferente, cada uno especial, y no estaba lista para dejarlos ir. No podía despedirme de Josh, y no podía permitir que Jayme volviera a ser mi tío, no con todo lo que habíamos pasado.
Pero tal vez, pensé, el hecho de haber tenido esta increíble experiencia s****l con Josh disminuiría mis sentimientos por Jayme. Tal vez, como Jayme había sugerido, me sacaría algo de la cabeza y me guiaría hacia apetitos más normales.
O tal vez no. Tal vez solo los alimentaría.
Había dormido en casa de Josh la noche de la fiesta y no vi a Jayme en los dos días siguientes porque se quedó con unos amigos. Sabía que él sabía lo que había pasado, sabía que se había ido a propósito y sabía que iba a ser tenso, incómodo y horrible cuando llegara a casa. Para cuando llegó tarde el martes por la noche, todos estaban en la cama, incluyéndome a mí.
Lo oí detenerse en la cocina, como era previsible, mirando el refrigerador para ver qué había preparado mi madre para cenar, como lo había hecho miles de veces en mi vida, y me asaltó la poderosa sensación de que no había forma de evitarlo. Jayme y yo nos pertenecíamos el uno al otro de una forma que Josh y yo jamás nos perteneceríamos. Éramos el pasado y el futuro del otro, y él era mi infancia y mi adultez, mi fantasía y mi realidad. ¿Qué más podía darme Josh Hickman que eso? Y lo había extrañado. Su ausencia de nuestra casa había sido como la ausencia del sol, de los pájaros, del oxígeno vital. Lo necesitaba.
Le di unos minutos y cuando por fin entró en su habitación y cerró la puerta sin hacer ruido, caminé de puntillas por el pasillo y entreabrí la puerta. Me había oído llegar y suspiró, todavía cambiándose de ropa, sin mirarme. Entré sin inmutarme, cerré la puerta con llave y me acerqué a él, donde se había detenido, derrotado, con la camiseta en la mano y solo en calzoncillos. Tenía los ojos inyectados en sangre y se veía terrible. Mayor. Triste.
Me dejó rodearlo con mis brazos y me abrazó, no como solía hacerlo, sino como debía, con comodidad, como un tío abrazando a su sobrina, y se me heló la sangre. No pudo. No pudo. Había demasiado entre nosotros. Enterré la cara en su pecho y él suspiró y apoyó la mejilla en mi cabeza, acercándome más, pero seguía sin ser lo que yo quería, no era el tipo de abrazo que esperaba de él.
Y su olor, el ritmo de su respiración, la sensación de sus manos y brazos, todo tan familiar y deseable, tan fuera de mi alcance, me inquietaba. No quería, pero sentía cómo se me saltaban las lágrimas. Volvía a llorar como la niña estúpida que intentaba convencerle de que no era. Lloré en silencio en su pecho, con el cuerpo temblando en sollozos silenciosos, aferrándome a él como si nunca lo fuera a soltar. Y al final lo venció y me apretó como siempre, y me besó la cara llena de lágrimas, y me susurró una y otra vez que me quería, que me necesitaba, que no podía perderme, que había perdido la cabeza los últimos días y que solo quería borrar todo y volver a ser como antes, cuando ya no dolía tanto.
Nos quitamos la ropa y nos metimos en la cama, abrazados como si no pudiéramos estar lo suficientemente cerca, y nos quedamos allí, piel con piel, sin hacernos promesas vacías, simplemente ahogándonos en el dolor y la frustración mutuos, pero aferrándonos el uno al otro. Y finalmente, exhaustos, nos quedamos dormidos.
Me desperté primero, y estaba detrás de él, abrazándolo. Y todo ese contacto sin sexo era demasiado para mí. Estaba cachonda, lo necesitaba y no quería esperar ni un minuto más. Empecé a recorrer su espalda con las manos, ahuecando su trasero, antes de rodearlo y acariciar su pene, que estaba semierecto incluso dormido, y a hacer suaves malabarismos con sus testículos. Su pene se expandía mientras jugaba con él, y él se excitaba. Lo acaricié, mi coño firmemente pegado a su estrecho trasero, mis dedos untando las primeras gotas de líquido preseminal alrededor de la cabeza de su pene, la sensación aterciopelada de él bajo mis dedos me hacía sentir aún más húmeda. Lo ansiaba, mi coño palpitaba, y tenía muchísimas ganas de follarlo.
—Cariño, te necesito —susurré, mordisqueándole la oreja—. Te necesito dentro de mí.
No tardó mucho en despertar. Me agarró y me besó apasionadamente, explorando cada rincón de mi boca con su lengua. Juntos nos sentamos en el suelo, donde no haríamos tanto ruido. Jayme me giró boca abajo y me levantó las caderas para penetrarme por detrás. No hubo preliminares, solo su polla dentro de mí, hundiéndose al instante hasta el fondo, de modo que sus testículos golpearon la parte trasera de mis piernas. Mantuvo mis piernas apretadas mientras me follaba rápidamente, presionando mi pecho contra la alfombra, apoyándose con la mano en mi hombro mientras me embestía el coño.
"Ay, Dios", me susurró al oído. "Tienes el coño tan húmedo. Dime por qué". Me pellizcaba los pezones, sujetándolos con sus dos dedos índices mientras seguía penetrándome.
Pensaba en tu polla dura dentro de mí. Pensaba en cómo llegarías a casa, me despertarías, me follarías con tu polla dura y me correría sobre ella.
—Eres una niña mala —me gruñó suavemente al oído—. Dime qué niña tan mala eres.
"Soy una chica mala", respondí, apoyándome contra él y abriendo las piernas para que pudiera follarme más profundo. "Soy una putita sucia porque lo único que realmente amo es tu polla. Tu polla grande... hermosa... dura...".
"Quieres que te folle todo el tiempo ¿no?"
"Sí... oh, Dios, sí... ¡Lo quiero dentro de mí cada minuto del día!"
"¿Incluso cuando tu noviecito te hace correrte en su cama?"
'Sí... incluso entonces... especialmente entonces... siempre quiero estar contigo... me haces sentir tan bien... correrte tan fuerte... oh, Jayme... fóllame más fuerte... fóllame más fuerte...'
Él gimió y obedeció, golpeándome, enterrando su polla profundamente dentro de mí, estirando la mano para frotar mi clítoris mientras se revolcaba en mi coño húmedo y apretado.
Gemí y gruñí desde lo más profundo de mi garganta, y eso fue todo lo que necesitó. Se apartó y derramó su semen abrasador sobre mis nalgas, donde enseguida se derramó por mi espalda y mi cabello. Pero me sujetó, dejando caer hasta la última gota sobre mi trasero, luego limpió mi trasero antes de agarrar una funda de almohada para limpiarme.
Yo seguía boca abajo en el suelo, con el coño palpitando de deseo, mientras él me limpiaba suavemente sus fluidos pegajosos, besándome detrás de la funda de la almohada mientras me limpiaba. Gemí mientras me daba la vuelta y me limpiaba el coño mojado.