Cleo y yo teníamos mucho que estudiar, el exámen vendría y yo no sabía al menos una de las tantas respuestas. Estaba tomada de manos. Debía concentrar y dejar todo de mi allí. Tanto estudiar, toda mi tarde desperdiciada para luego no acordarme de nada en mi exámen. Cleo parecía una máquina de escribir y yo solo estaba allí de mirada perdida, intentando recordar todas esas respuestas que Cleo me repitió una y otra vez. Mi mente no podía. En historia solo cursaban conmigo, Cleo y Tomás, el resto del grupo se encontraba repartido en otras clases; solo coincidíamos en muy pocas clases. El exámen contaba con 20 preguntas, había respondido una; mi nombre y apellido. No recuerdo nada, absolutamente nada de lo que Cleo me explicó. Quizás mi mente estaba tan llena que no podía con un poco más

