POV DIANA —¡No tengas miedo, cariño, seré más suave contigo! ¡Por el embarazo! Te prometo que no te va a doler—me soltó. Quise gritar, quise defenderme, pero mi voz se atoró en mi garganta. Y luego... luego vino la tormenta. Me atacó con un placer sádico, como si disfrutara destrozarme, como si su poder sobre mí fuera lo único que lo mantenía vivo. Intenté luchar, en serio que lo intenté, pero mis manos se aferraron a su pecho, mis uñas arañaron su piel, pero fue inútil. Mi cuerpo, traicionero y débil, no resistió. No podía resistirme al placer de sentirlo dentro de mi, muy… dentro de mi. Con su golpeteo brusco. —¡Por favor, para! ¡No me hagas esto! ¡No me trates así! ¡No soy una puta! —mi voz era apenas un susurro roto, pero él no escuchó. No le importó. Su corazón era de piedra. Frío

