CAPÍTULO 64 – Saúl Despertar junto a Laura se ha convertido en mi forma favorita de empezar el día. No porque haga algo especial, sino porque no hace nada en absoluto. No corre, no se esconde, no se va. Está. Y durante mucho tiempo, eso fue lo único que me faltó. Abro los ojos despacio. La luz de la mañana entra suave por la ventana, dibujando sombras tranquilas en la habitación. Laura duerme boca abajo, con un brazo extendido hacia mi lado de la cama, como si incluso dormida necesitara asegurarse de que sigo ahí. Me acerco un poco más y coloco mi mano sobre su espalda. Su piel está tibia. Real. Durante años, tocarla fue un recuerdo. Hoy es una certeza. No quiero despertarla todavía. Me quedo observando cómo su respiración sube y baja, cómo su pelo cae desordenado sobre la almohada. Ha

