CAPÍTULO 57 — Saúl Me despierto con el peso suave de Laura sobre mi pecho y durante unos segundos no entiendo nada. No recuerdo dónde estoy, ni qué día es, ni cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que sentí esta calma. Solo siento su respiración lenta, profunda, acompasada con la mía, y el calor de su cuerpo que parece anclarme al presente. No me muevo. No quiero despertarla. La manta se ha deslizado un poco durante la noche y le cubro el hombro con cuidado. Laura duerme con el ceño relajado, como si el mundo, por fin, le hubiera dado tregua. Me quedo mirándola más tiempo del necesario, repasando cada detalle de su rostro, como si temiera olvidarlo otra vez. Las ojeras suaves que dejó el hospital. La pequeña cicatriz junto a la ceja que nunca recordaba cómo se hizo. Sus labios en

