CAPÍTULO 49 – Saúl Desperté antes que nadie en la casa, como casi siempre desde que todo esto empezó. Era extraño cómo el silencio de la madrugada se había convertido en una especie de refugio para mí. Un lugar donde podía respirar sin sentir el peso de la mentira en cada uno de mis músculos. Me levanté despacio, tratando de no hacer ruido, aunque sabía que tarde o temprano alguno de los niños terminaría escuchándome. La cocina aún olía a la cena de anoche, y mientras preparaba café sentí un instante de calma, de esos que duran apenas un segundo pero se notan en todo el cuerpo. Sin embargo, la imagen de la foto hallada y la nota escondida se coló en mi mente con la precisión de un cuchillo. Aquella combinación de objetos seguía allí, guardada en un cajón que nadie más abría, como si fuer

