Continuando con los acontecimientos no tan agradables.
Un par días antes del dichoso baile, Rosalía vino a mi departamento.
Aún estaba en un estado deplorable. No lo sé, soy de ese tipo de persona que puede mantener los espacios ajenos organizados, pero los propios hechos un desastre que no tiene nombre. Y, no. No me siento orgullosa procrastinando o dejando todo para última hora, con más claridad. De hecho, no solía ser así, hasta un tiempo atrás. Las cosas me estresaban demasiado y simplemente dejé ir.
En uno de mis tantos arranques de poca tolerancia hacia mi misma, no le percaté de el lugar que pisaba y dejé caer una lámpara. la bendita lámpara. Había sido un regalo de mi padre (el único, además de la princesa, que me hace regalos), lo sé soy tan poco interesante. De hecho, el asunto de no tener amigos y demás muchas veces no es una sorpresa. Suelo ser esquiva con la gente y de no hacer contacto visual, sobre todo esto último. No por algún problemilla de inseguridad (soy la reina de el mundo, ja) más bien porque la gente, es abrumadora. Prefiero observar y callar.
Como continuaba, ahora ya no tengo lámpara para mis lecturas. Había derramado cereal sobre mi libro favorito Crepúsculo, ¡eso me tenía de mal humor! Ah, tengo en cuenta que Crepúsculo es el mejor libro que se ha escrito de Vampiros. Créanme, sé de qué hablo.
Cuando llegó dicha princesa, estaba ingiriendo un servicio de McDonald's en el sofá de piel blanco en forma de L lo único limpio en este chiquero. Sí, mi sala y mi cocina siempre (siempre y en serio siempre) deben estar limpias. Hay ocasiones que rompo la regla. Pero debe ser así. Esas ocasiones son como la actual, había descansado demasiado...
Por fortuna la chica siempre ha tenido llaves de mi casa, de no ser por ello, aseguro que no habría sido siquiera capaz de ponerme en pie.
Es decir, estaba cansada de no hacer nada, ¿entiendes el sentimiento? Es como en aquellas ocasiones dónde te has pasado todo el día dormida, pero aún así quieres continuar.
Es despreciable, y muchas veces te hace sentir frustrada..., porque bueno, es difícil querer hacer y no poder.
– ¡Qué desastre! ¡Rose, creo que vi una rata por ahí! ¡Ah, no eres tú!
Ruedo los ojos. Rose y su humor. – ¡Qué bueno que tu amiga que te ama tanto, trajo El Servicio de Limpieza Real! Si, sé que me amas, corazón.
Mientras ellos ayudaban con la limpieza, Rose y yo en mi habitación discutíamos el tema que me tenia hastiada. La compra Real, mejor conocida como el baile. Me negaba a ir. No deseaba usar dinero en vano, para un baile de un príncipe que desconocía. ¡Porque sí, en todos estos años que conozco a Rosalía, que no son pocos, nunca he visto a Xavier! Recuerdo vagamente que estaba en un entrenamiento militar fuera del país en los últimos años y luego fue a la universidad a estudiar Ciencias Políticas. Cabe destacar que de Xavier se omiten fotos hasta su boda o tal vez su coronación, al igual que de cualquier otro m*****o real que no esté casado. Cómo es mi caso, Rosalía omite esta regla y vaga en i********: como lo haría cualquier celebridad; sí, es el dolor de cabeza de los monarcas.
– ¡No iré, Rosalía! Debes respetar a los demás. Nos dieron esa asignatura en la universidad, ¿recuerdas?
– ¡Si no aceptas por las buenas, lo harás por las malas! No deseo ver como mi hermano desposa a una arpía yo sola. – me dijo y, se fue de mi lecho. Llevándose consigo a su Equipo Real.
Al día siguiente, recibí llamada de padre. En resumen, me obligó a ir a esa majestuosa fiesta. Y, si no lo hacía, no iba a respetar mi decisión de mantenerme alejada de la élite y revelaría mi identidad. Por ello acepté, aún quiero estar en incógnito. Maldigo a mi amiga entre susurros silenciosos, no puede negar que es una princesa caprichosa.