bc

La dama fria de Eryndor

book_age16+
0
SEGUIR
1K
LEER
oscuro
love-triangle
shifter
drama
tragedia
werewolves
mitología
paquete
mundo mágico
otro mundo
guerra
polygamy
like
intro-logo
Descripción

«El destino la unió a seis hombres, pero el corazón de un lobo solo reconoce un amor.»

En Eryndor, el reino de las bestias, el poder tiene un precio.

Desde su nacimiento, Vaelyra fue criada para convertirse en reina. Educada para gobernar, obedecer y sacrificarlo todo por la Corona, nunca tuvo la oportunidad de decidir el rumbo de su propia vida. Pero cuando es enviada al frente de guerra bajo las órdenes del mariscal Raezor Vaeldrik Fenrir, el alfa de todos los lobos y uno de los guerreros más temidos del reino, su destino comienza a cambiar.

Mientras la guerra consume las fronteras y antiguas fuerzas amenazan con destruir Eryndor, Vaelyra descubre que su mayor desafío no será sobrevivir al enemigo, sino aceptar el destino que la Corona ha elegido para ella: compartir su vida con seis hombres marcados por naturalezas distintas: un lobo, un dragón, un fénix, un tritón, un puma y un cuervo.

Seis vínculos. Seis hombres. Un solo corazón.

Pero entre todos ellos, Raezor representa el conflicto más imposible.

Los lobos solo reconocen a una compañera, y su instinto jamás aceptará compartir a su luna. Sin embargo, Vaelyra no pertenece únicamente a él. Como futura reina, está destinada a vincularse con varios hombres para garantizar la estabilidad del reino.

Mientras la guerra, la política y los secretos de Eryndor comienzan a fracturar los vínculos que los unen, Vaelyra deberá descubrir cuánto está dispuesta a sacrificar para proteger a quienes se han convertido en su familia.

Porque en Eryndor, amar puede ser una condena.

Y cuando el destino exige un sacrificio, ni siquiera seis corazones unidos pueden escapar de él.

chap-preview
Vista previa gratis
◇ Capítulo 1 ◇ Luna imposible
Raezor había sobrevivido a guerras, monstruos y asesinos, pero nunca imaginó que una simple carta pudiera inquietarlo más que cualquiera de ellos. Sus manos temblaban mientras sostenía aquel papel, aunque no sabía si el temblor provenía de él o de la bestia que habitaba en su interior, porque su lobo llevaba varios minutos agitado, recorriendo los límites de su mente con una inquietud que no lograba comprender. Leyó cada palabra con una incomodidad que se transformaba lentamente en angustia. La Corona lo citaba a la próxima ceremonia de vinculación, y el tiempo que le habían concedido para encontrar a su luna había llegado a su fin. Los primeros signos de desgaste comenzaban a manifestarse y, por primera vez, la vinculación había dejado de ser una posibilidad que pudiera seguir rechazando. Si no encontraba a la mujer capaz de contener su poder y devolverle estabilidad a su mente, la Corona tomaría la decisión por él. Raezor apretó la mandíbula y volvió a leer la carta, como si esperara encontrar una salida entre aquellas líneas. No la había. La solución propuesta por la Corona era sencilla desde su perspectiva: si no aparecía una mujer capaz de estabilizar su naturaleza, dividirían el vínculo entre varias candidatas. Para ellos sería una cuestión de equilibrio y supervivencia; para él, una condena. Su naturaleza licántropa no entendía de estrategias políticas ni de acuerdos destinados a proteger al reino. Los lobos no compartían aquello que consideraban suyo y, mucho menos, aceptaban un vínculo múltiple cuando su instinto había sido creado para reconocer a una sola compañera. Su lobo llevaba demasiado tiempo esperando a su luna, aferrándose a la esperanza de que algún día aparecería, y Raezor había permitido aquella espera porque era la única alternativa que le parecía menos insoportable que aceptar a una mujer que jamás podría reconocer como propia. Pasó los dedos entre su cabello oscuro y dejó escapar lentamente el aire, intentando contener la tensión que se había instalado en su cuerpo. Su lobo se movió de nuevo, inquieto, y Raezor cerró los ojos por un instante. Podía sentirlo como una presencia viva, demasiado consciente de lo que estaba ocurriendo. No quería otra mujer. No quería compartir un vínculo. Quería encontrar a su luna, aunque aquella espera terminara por destruirlo. Raezor había rechazado cada ceremonia anterior con la esperanza de que el destino cumpliera finalmente su promesa, pero la Corona había dejado de concederle tiempo. Si en la próxima ceremonia no aparecía su alma gemela, no tendría más opción que aceptar el vínculo que decidieran imponerle. Apretó el papel entre sus manos con impotencia y rabia. Su lobo llevaba ciclos rechazando cada ceremonia y, ahora, aquella esperanza tenía una fecha límite: cinco fases, poco menos de cincuenta días para encontrarla o perderla para siempre. Raezor había pasado años esperando que el destino se dignara a cumplir su promesa, pero ahora comenzaba a sospechar que quizá el destino nunca había tenido intención de hacerlo. Lo que más le irritaba no era el miedo a perder el control de su mente, ni siquiera la posibilidad de terminar vinculado a varias mujeres. Era la certeza de que, después de tantos años esperando, la Corona podía obligarlo a renunciar precisamente a aquello que su naturaleza consideraba más importante. Un golpe seco en la madera de la tienda lo sacó del silencio incómodo en el que se había sumido. Guardó la carta en el interior de su uniforme, parcialmente destruido por la última batalla, y se giró hacia la entrada mientras recuperaba la expresión neutral que acostumbraba mostrar ante sus soldados. No iba a permitir que ninguno de ellos supiera lo que aquella carta había provocado en su interior. Había aprendido hacía demasiado tiempo que un mariscal no podía mostrar dudas delante de los hombres que dependían de sus decisiones. —Adelante. La entrada se abrió y un soldado apareció frente a él. —Mariscal —saludó, inclinando ligeramente la cabeza—. El rey está aquí. Raezor frunció el ceño. —¿El rey? El soldado asintió. La última vez que el monarca había cruzado las murallas del campamento, Eryndor había estado en peligro de caer. Raezor no lograba imaginar qué motivo había llevado al rey a desplazarse hasta allí sin previo aviso y, fuera cual fuera la razón, la presencia de la Corona en aquel lugar no podía significar nada bueno. Su instinto le decía que aquella visita no era casualidad y, después de leer la carta que aún podía sentir contra su pecho, la posibilidad de que ambas cosas estuvieran relacionadas comenzó a tomar forma en su mente. Salió de inmediato de la tienda, irguiendo la postura y adoptando aquella expresión severa que había hecho callar a más de un soldado sin necesidad de pronunciar una palabra. Caminó a paso seguro hacia la entrada del campamento, dispuesto a recibir al monarca como correspondía, pero se detuvo apenas unos instantes después. La vio. La heredera caminaba unos pasos detrás del rey, envuelta en los colores de la Corona. Vaelyra. Raezor había visto a la joven antes, aunque nunca había tenido una razón para prestarle demasiada atención. Habían coincidido un par de veces en el palacio, durante reuniones con la reina, siempre desde la distancia y rodeados de consejeros, nobles y miembros de la corte. Sin embargo, nunca la había tenido tan cerca. Nunca había podido percibir su presencia con tanta claridad. Y entonces comprendió que aquella sensación extraña que lo había acompañado desde la primera vez que se cruzaron no había desaparecido porque nunca había sido una simple incomodidad. Su lobo reaccionó antes que él. Raezor sintió un tirón violento en el pecho cuando sus ojos se encontraron con los de la heredera. La respiración se le volvió más pesada y su pulso comenzó a acelerarse con una rapidez que no pudo controlar. Durante un instante, todo pareció concentrarse en aquella mujer que caminaba hacia él. El olor de Vaelyra llegó hasta sus sentidos y su lobo se lanzó hacia delante con tanta fuerza que Raezor tuvo que contenerlo con todo su poder. Quería acercarse. Quería sentirla. Quería descubrir si aquel olor era realmente el que había estado esperando durante tantos años. Raezor cerró las manos con fuerza y obligó a su cuerpo a permanecer inmóvil. Sus uñas se clavaron en las palmas mientras la bestia golpeaba contra las barreras que había levantado en su mente, exigiéndole que la dejara salir. Por un instante, sintió el impulso de transformarse allí mismo, frente al rey y frente a todo el campamento, pero logró contenerlo antes de que su naturaleza terminara por imponerse. No. Aquello era imposible. Había algo en ella, sí. Algo que su lobo reconocía y que su mente se negaba a aceptar, pero no podía ser lo que estaba pensando. ¿Y si era ella? La pregunta apareció antes de que pudiera detenerla y Raezor sintió que el estómago se le cerraba. Su lobo respondió. Sí. Raezor apartó la mirada de inmediato. No podía ser ella. Vaelyra no era una mujer cualquiera. Era la heredera de Eryndor, la futura reina y la mujer que algún día se vincularía con varios hombres elegidos por la Corona para garantizar la estabilidad de su poder y del reino. Su destino ya estaba decidido mucho antes de que Raezor siquiera pudiera imaginar formar parte de él. No tenía sentido que su luna fuera precisamente ella, porque incluso si su lobo la reconocía, la realidad seguía siendo la misma: la heredera pertenecía a un futuro en el que él no tenía lugar. Además, había hombres más adecuados para acompañarla. Hombres más equilibrados, más poderosos y capaces de soportar la responsabilidad de estar a su lado sin luchar constantemente contra su propia naturaleza. Raezor, en cambio, apenas comenzaba a sentir los efectos de una mente que se deterioraba lentamente. Si la Corona descubría que la heredera era su luna, aquello no cambiaría nada. Solo convertiría una situación complicada en una condena imposible de soportar. Obligó a su lobo a retroceder. La bestia se resistió. Raezor sintió un nuevo golpe desde lo más profundo de su ser y tuvo que contener un gruñido. No entendía por qué aquella mujer provocaba semejante reacción. No entendía por qué, después de tantos años esperando a su luna, su naturaleza parecía haber decidido despertar precisamente ahora, cuando ya no podía permitirse encontrarla. No volvió a mirarla. Si no lo hacía, quizá podría convencer a su lobo de que aquella sensación no significaba nada. Quizá podría fingir que su destino seguía siendo el mismo de siempre y que aquella mujer no tenía ninguna relación con él. —Majestad —saludó con respeto al llegar hasta el rey, haciendo una reverencia—. Nos honra con su presencia. ¿Algún motivo especial de su visita? Su voz sonó firme a pesar de la agitación que sacudía su interior. —Mariscal —saludó el rey en respuesta. Después señaló a la joven que permanecía a su lado—. A partir de hoy, la heredera se vincula a las labores del ejército. Raezor sintió que su lobo volvía a agitarse. Levantó lentamente la mirada hacia el monarca. Ya conocía aquella decisión. La heredera había sido nombrada delegada de la Corona, pero incluso antes de que el rey terminara de hablar, comprendió por qué había viajado hasta allí. —Permanecerá en el ejercicio de su labor durante cuatro ciclos, hasta la coronación. El silencio que siguió fue breve, pero suficiente para que algunos murmullos comenzaran a elevarse entre los soldados. Raezor giró la cabeza hacia ellos y una sola mirada severa bastó para que el campamento recuperara el silencio. Cuatro ciclos. Raezor sintió que algo se cerraba lentamente alrededor de su pecho. —Estará bajo su cuidado y bajo su responsabilidad. El lobo se estremeció en lo más profundo de su ser. Raezor mantuvo el rostro impasible, pero por dentro comprendió algo que no quería aceptar: pasar cuatro ciclos junto a Vaelyra no ayudaría a calmar aquella sensación. Si ella no era su luna, aquellos meses serían una tortura constante. Y si lo era... Raezor no quiso terminar el pensamiento. Porque entonces cuatro ciclos serían demasiado tiempo. El sonido de unas botas resonó detrás de ellos y lo arrancó de sus pensamientos. Raezor reconoció aquella presencia incluso antes de girarse. Kaelor Vharys atravesó el campamento con la misma seguridad con la que comandaba las Legiones Oscuras. Su sola presencia bastaba para atraer las miradas de los soldados y, cuando Raezor volvió los ojos hacia la heredera, descubrió que ella también había dejado de observarlo a él. Ahora miraba al dragón. Algo dentro de Raezor se revolvió. Fue una reacción absurda, inesperada y profundamente irritante. No tenía derecho a sentir nada al respecto, mucho menos cuando ni siquiera sabía si la heredera tenía alguna relación con él. Sin embargo, su lobo pareció reconocer al dragón como una amenaza antes de que Raezor pudiera obligarlo a guardar silencio. Kaelor se acercó a ellos y, durante un instante, Raezor observó a ambos frente a frente. Cuando llegara el día de la coronación, pocos dudaban de que Kaelor Vharys ocuparía uno de los lugares junto a la futura reina. Muchos incluso se atrevían a apostar que sería el próximo rey de Eryndor. Era poderoso, respetado y pertenecía a una de las criaturas más temidas del reino. Si la Corona buscaba hombres capaces de sostener el poder de la heredera, el dragón era una elección evidente. Raezor deseó estar equivocado, pero la ceremonia de vinculación se acercaba. Y no solo para él. También para Kaelor. Sintió una extraña presión en el pecho mientras observaba a la heredera y al dragón. Durante años, la corte había susurrado sobre aquel vínculo inevitable y, al verlos juntos, comprendió por qué tantos estaban convencidos de que terminarían unidos. Ella no podía ser su luna. Raezor se negó a aceptarlo. Porque si lo era, no solo tendría que enfrentarse a la Corona. Tendría que enfrentarse a su propia naturaleza. Y, por primera vez en su vida, Raezor no estaba seguro de cuál de las dos terminaría destruyéndolo primero. Solo le quedaban cinco fases. Cinco fases para encontrar a su luna antes de que la Corona decidiera por él. Y ahora la mujer que su lobo parecía reconocer como suya estaba allí, frente a él, destinada a convertirse en reina y a vincularse con otros hombres. Raezor había pasado años esperando encontrar a la única mujer que su naturaleza pudiera aceptar. Ahora que quizá la había encontrado, comprendía la verdad más cruel de todas. Tal vez su luna siempre había estado destinada a ser la única mujer que jamás podría tener.

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

Unscentable

read
2.0M
bc

He's an Alpha: She doesn't Care

read
767.0K
bc

Claimed by the Biker Giant

read
1.9M
bc

Holiday Hockey Tale: The Icebreaker's Impasse

read
994.0K
bc

A Warrior's Second Chance

read
367.7K
bc

Not just, the Beta

read
353.0K
bc

The Broken Wolf

read
1.2M

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook