Los minutos pasaban y el seguía sin decir nada, el aire dentro del reducido espacio empezaba calentarse tanto que podía sentir mi garganta quemarse al respirar. Empecé a ponerme ansiosa, no soportaba los momentos tensos o de espera extrema, sin darme cuenta empecé a removerme en el asiento, me sentía sofocada y angustiada. —¿Por que estás aquí? —tuve qué romper el silencio tortuoso, estaba apunto de un ataque de ansiedad. —¿Que haces tu aquí? —Dijo en respuesta. —Vine a bailar y ver a alguien ¿cual es el problema? —Su vista recorrió mi cuerpo y se detuvo justo donde termina la tela del vestido, donde se veía mi piel expuesta. —A coger con alguien dirás —Soltó con total reproche. —Soy libre y puedo coger con quien se me de la gana. Eso no es asunto suyo Sr. Larson —Le respondí tambié

