Era una noche lluviosa de mediados de enero, Jim Fairley estaba sentado en el salón decorado con tonos melocotón, Bebía vodka mientras contemplaba su cuadro favorito, el Sisley que tanto apreciaba y ansiaba poseer, Se hallaba tan enfrascado en su contemplación que no se dio cuenta de que Sonia había aparecido en la puerta del salón, Se quedó allí observándole con detenimiento. Su preocupación por Jim iba en aumento y, en ese momento, no pudo dejar de pensar que estaba contemplando la lenta pero implacable destrucción de un hombre. Había cambiado tanto durante su ausencia y en las últimas seis semanas, que apenas se podía reconocer en él al atractivo y joven editor al cual un día contrató. A pesar de sus intentos de hablar con él, parecía como si sus palabras es tuviesen dirigidas a otra

