- ¿De dónde han salido estas horrorosas rosas rojas, Ann? —preguntó Paula, mirando por la puerta abierta del salón y volviéndose hacia el ama de llaves americana de su abuela, Ann Donovan, que estaba de pie junto a Paula en el enorme recibidor del apartamento que Sonia tenía en la Quinta Avenida, movió la cabeza de un lado a otro. —No lo sé, Miss Paula. Dejé la tarjeta en la consola, junto al jarrón. Entró tras ella en la habitación. —No estaba segura de dónde ponerlas —siguió diciendo, si le digo la verdad, dado que el aroma es demasiadado fuerte. Hasta me pregunté si debía dejarlas aquí. En todos los años que llevo trabajando para Mrs. Harte, jamás hemos tenido rosas en el apartamento. ¿Tampoco le gustan a usted? —En realidad no me molestan, Ann, al menos en la forma que molest

