Sonia, de pie, junto a la ventana de su dormitorio, se quedó momentáneamente paralizada al mirar al jardín. La nieve y el hielo habían creado un efecto mágico, envolviendo la tierra en un extraño silencio blanco, una impresionante quietud que casi se podía palpar, Pero, a pesar de la asombrosa belleza que se desplegaba ante ella, Sonia sabía que, más allá de la gran verja de hierro de su casa, las carreteras y caminos se volvían peligrosos, traicioneros, con ese tiempo. Mientras se volvía y se dirigía al salón del piso superior, no podía dejar de preocuparse pensando en los familiares y amigos que, en esos momentos, viajaban por aquellas carreteras. Todos afrontaban valerosamente las pésimas condiciones atmosféricas para poder pasar esa noche tan especial en su compañía. Era una tradició

