Diecinueve

1922 Palabras
Emille no reaccionaba en absoluto, sus pulmones seguían escupiendo aquel extraño líquido viscoso de color brillantemente morado, el cual parecía empeorar hasta el punto de bloquear las vías respiratorias de Emille, quien empezaba a retorcerse dentro de su estado de inconsciencia en cuanto aquello pasaba. Todos estaban preocupados por ella, por no mencionar el hecho de que Harmony estuvo a punto de desfallecer entre lágrimas tras no poder hacer nada ante aquella enfermedad extraña, una que ni siquiera alguien con tantos años de vida y experiencia como ella podía identificar. — ¿Puedes salvarla? — Preguntó Jack a aquella mujer de cabello n***o, sujetando la mano de Emille, quien estaba en una cama improvisada sobre el suelo. — No hay nadie mejor que yo para curar esta enfermedad. — Contestó ella, luego dio instrucción para que Jack levantara con cuidado a Emille. — Están de suerte que haya pasado por aquí, la peste del hada consume rápido. Un par de horas más y su amiga habría muerto. Síganme, no vivo demasiado lejos. Aunque sentían desconfianza de ella era la única persona que había aparecido en kilómetros, no importaba qué, mientras ella pudiera rescatar a Emille la seguirían sin dudar a donde fuera. En el hogar de aquella extraña mujer todo era de espacio reducido, dando la impresión de que las cosas estaba fuera de sitio o desordenadas, sin embargo ella conocía perfectamente dónde estaba cada cosa en aquella casa, como si tuviera un orden organizado en medio del desastre. — Acuesten a su amiga sobre una camilla. — Señaló el lugar. — Necesitamos extraer la peste antes de que llene sus pulmones por completo. — Disculpe, exactamente qué es la peste del hada. — Preguntó con curiosidad Symond, viendo las patas de gallo disecadas en uno de los frascos de vidrio, junto con algunos ojos de animales. Pero aquella mujer se lo quitó de las manos. — Es una mucosidad que se transmite por contacto directo con un infectado, ese moco de color morado se expande dentro de tus pulmones a velocidades inimaginables, haciendo que escupa sangre y baba del color de una mora con brillo. Se dice que hace mucho tiempo atrás un hada lanzó una maldición sobre un hombre que robó una de sus pertenencias para cumplir sus deseos egoístas, el virus se extendió rápidamente sobre la ciudad y muchos no sobrevivieron a ella, pero aquel hombre sí. — Añadía quién sabe cuántas cosas dentro de una olla sobre el fuego, mezclando sin detenerse. — En lugar de morir pidió el deseo de ser inmune a la enfermedad y el deseo de poder producirla usando su cetro, volviéndose completamente poderoso a partir de ese preciso momento. Sabine escupió grandes cantidades de mucosidad cuando dio el primer sorbo a la bebida preparada por la mujer que los salvó, cuyo nombre aún era desconocido para todos. — Cuando cubre los pulmones causa paros respiratorios y luego contamina el resto del cuerpo, por suerte no pasó con su amiga. — A ella le dio de beber aquello que preparó nuevamente, la cara de Emille demostró que no tenía buen sabor. — Con esto se repondrá, casualmente estaba recolectando ingredientes antes de encontrarlos a ustedes así que tenía suficiente para preparar el antídoto. Cuando el semblante de Emille mejoró todos pudieron suspirar de alivio, hasta el momento en que empezó a convulsionar de manera violenta. — ¡Su majestad! — ¡¿Qué está pasando?! — Jack rápidamente trató de contenerla junto a Symond y Harmony. — ¡¿Qué fue lo que le diste como antídoto?! — Le he dado la única cosa que puede matar la peste del hada… — La mujer de cabellos azabache mostró una expresión sombría, completamente siniestra.— El veneno de una cobra negra. — ¡¿Veneno de cobra negra?! ¡Eso es lo más letal que existe! — Gritó Symond por otro lado. — ¡Le juro que si Emille no despierta yo… Yo…! — Cuando se percató ella había dejado de moverse bruscamente, incluso su respiración se volvió tranquila. — ¿Qué…? — La peste del hada es un veneno que solo puede combatirse con otro veneno del mismo calibre, cuando ambos se encuentran en el mismo lugar tienen una batalla por predominar y terminan eliminándose el uno con el otro. El veneno de cobra negra es difícil de conseguir, casi imposible, su misma extracción implica la muerte misma si no tienes cuidado. — Tocó la frente de Emille, colocándole un pañuelo húmedo. — Tendrá fiebre por un par de días mientras ambos venenos salen de su cuerpo. Por ahora dejemos que descanse ¿Quién quiere una bebida caliente? — ¡Yo! — Respondieron casi al mismo tiempo Symond, Harmony y Jack. — Tengo té de patas de rana y grillos, les traeré un poco. — ¡No gracias, ya no queremos! Emille escuchaba murmullos a la distancia, aquel tipo de sonidos hizo que abriera los ojos. Tenía un sabor asquerosamente horrible en la boca. La garganta la tenía seca y sentía el cuerpo pesado, con cada inhalación y exhalación de aire sentía un terrible ardor en la garganta. Con cuidado se sentó, estaba en un lugar desconocido, usando lo más parecido a un pijama, como un vestido ligero. En ese preciso momento Harmony entró a la pequeña cabaña con una cubeta con agua y un pañuelo entre manos, fue la primera en observarla. — ¡Su majestad, por fin ha despertado! Y aquel grito fue más que suficiente para hacer que todos ingresaran corriendo a donde ella estaba. — ¿Chicos? ¿Qué sucedió? — Preguntó Emille, desconcertada y sin ser capaz de reconocer nada a sus alrededores. — Aquel hombre te contagió una terrible peste. — Respondió Jack, ayudándola a regresar a recostarse. — Aún tienes fiebre, necesitas recostarte de nuevo. — Nos preocupaste mucho, Emille. — Añadió Symond mientras Harmony seguía sollozando, sin poder hablar. La cabeza le estaba dando vueltas a Emille. — ¿Dónde estamos? ¿Nos desviamos más de nuestro camino? No puede ser, a este paso nunca seremos capaces de encontrar a Vish. — Murmuró volviéndose a sentar de golpe, pero Harmony la apoyó en su hombro al ver que seguía mareada. — Una amable mujer te curó, y nos dejó quedarnos aquí mientras usted se recuperaba, majestad. — Dijo la albina. — ¿Y cuántos días llevo durmiendo? — Cuatro días exactísimos. — Apareció la recién mencionada de cabellos negros y abundantes. — Pero ya estás mucho mejor, querida. — Las primeras dos noches fueron escalofriantes, no dejabas de convulsionar y escupir esa cosa morada. — Symond se abrazó a sí mismo con escalofríos. Emille suspiró, no recordaba nada en lo absoluto. — Muchas gracias, de verdad. Pero necesitamos irnos, estamos muy atrasados y ni siquiera estamos cerca de nuestra ruta. — Se quitó la manta que la mantenía cubierta. — Queremos ir con Vish, la bruja del bosque porque hay preguntas que debemos saber cuanto antes. — Ustedes no pueden encontrar a Vish. — Dijo ella. — Porque Vish ya los encontró a ustedes. Era tal y como Jack se lo había dicho. — ¿Ya nos encontró? — Preguntó Symond. — ¿Y dónde está? — Por supuesto que soy yo. — Respondió su salvadora de cabellos negros. — Desde el primer momento en que los vi los acepté, los astros me revelaron que cuatro viajeros me darían noticias realmente interesantes. — ¿Ya sabía que vendríamos entonces? ¿No fue una casualidad? — Vish asintió ante la pregunta de Sabine. — ¡Realmente es un placer conocerla, madame! — No seas tan formal de repente, querida. Sólo llámame Vish. — Contestó ella. — Entonces ¿Estás lista para contarme tu historia? Era increíble el pensar en cómo de no haber tomado aquel desvío jamás estarían frente a ella como ahora, Vish dejó de vivir hacia muchísimos años en el lugar al que se dirigían, y el que Emille se enfermara fue el golpe de suerte que evitó que siguieran de largo hacia la dirección equivocada. Vish estaba lista para escuchar, sin embargo no dejaba de mirar a Harmony con los ojos entrecerrados, analizándola. — No soy de este mundo, entré por un círculo de hadas y me trajo hasta acá. — Comenzó a explicar Emille con nerviosismo. — Yo solo quiero saber cómo puedo regresar a mi casa. — Creo que ya te han explicado cómo funcionan los círculos de hadas, solo puedes entrar en ellos y hacerlo una vez. Además de eso no hay nada más que añadir— Emille se temía que dijera que perdiera las esperanzas y se resignara a vivir allí. — Sin embargo hay una sola manera de salir de aquí, en el castillo del rey Cadmus hay un pasadizo secreto donde se encuentra el ultimo portal de su especie, la única conexión de libre entrada y salida entre tú mundo y el nuestro. El único tan poderoso que Cadmus no pudo destruir, ya que se encargó de deshacerse de los demás. Si consigues entrar a hurtadillas en su castillo y llegar al portal podrás regresar al lugar donde estuviste por última vez en tu mundo y volver a casa. — ¿Ir al castillo? Eso es un s******o seguro. — Se escuchó decir a Jack. — Ni que fuera tan malo vivir con nosotros. — Añadió Symond. — ¿Su majestad piensa llegar al portal? ¿Cómo? El palacio tiene la mejor vigilancia de todo el mundo. Aquellos que entran no pueden volver a salir jamás. No necesitaba escucharlos en ese momento, Emille volvió a concentrarse en Vish, quien manejaba a su antojo el humo desprendido de las llamas del fuego en medio, mostrando pequeñas imágenes movidas. — ¿Hay algo que deba saber sobre esta marca? — Le enseñó su brazo a Vish. — Me ha estado ocasionando problemas. — La vi desde que llegaste, niñita. Pero creí que no preguntarías al respecto. — Suspiró. — Esa marca, la marca de la serpiente. Es lo que te distingue de los demás pueblerinos, aquello que puede cambiar tu propósito e impedir que regreses a casa. Emille, esa marca es la que única y exclusivamente portan los miembros legítimos de la realeza. No se transmite, no se copia. Solo aquellos predestinados a gobernar la tienen, esa serpiente dibujada en tu brazo marca el final de Emille la chica ordinaria que quiere volver a su casa y da el inicio a la futura heredera al trono que Cadmus Mylius le robó a tus padres tras asesinarlos al igual que a tus hermanos. — ¿Qué? De la sorpresa nadie se atrevía a hablar. — Eres la hija legítima del rey Santiago, quien fue asesinado traicioneramente por su hombre de más confianza, Cadmus. Emille miró perpleja a Harmony. — ¿Siempre lo supiste? Ella asintió. Pero antes de que Emille le gritara barbaridades Vish se metió en el medio. — Harmony, esta lindura es tu guía, como un escudo, una herramienta que solo tú puedes usar a tu conveniencia. Está diseñada para seguir órdenes, pero deberían ser dos ¿Dónde está Hanzel? — Él murió. —Respondió Harmony a secas. — Ya veo, es una pena. Emille interrumpió la conversación. — ¿Disculpen? ¿Podemos pasar al hecho de que de repente me convertí en la heredera al trono de repente? Gracias. — Oh, no fue de repente. Lo llevas en tu sangre. Harmony te salvó cuando apenas eras una niña inocente. — Le mostró las visiones al tocarle la frente mientras hablaba. — Bloquearon tus recuerdos y te enviaron a aquel universo donde creciste para que pudieras vivir a salvo, por eso Cadmus rompió cada portal que te pudiera traer de vuelta, lo único que no pudo vencer es la rebeldía de las hadas cuando hacen sus círculos, porque ellas hacen lo que quieren y solo aparecen una vez cada cientos de años. Solamente tú eres capaz de hacerle frente a Cadmus, Emille. Tú eres la única que puede detener su reinado de terror y muerte.
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