Dieciocho

2022 Palabras
Estaba lo suficientemente oscuro como para que todos supieran que no estaban ahí a causa de buenas noticias para ellos. Las nubes decoraban el cielo de un color gris sombrío, en las calles nadie transitaba los alrededores. Aunque llovía sobre ellos no era capaz de entender por qué ninguno se detenía para esperar a que pasara bajo un techo, todos los que estaban en los alrededores tenían expresiones sombrías, entristecidas, como si ya no tuvieran nada por qué vivir.. Y todos estaban allí; Harmony, Symond y Jack. Podía reconocer sus siluetas a pesar de la lluvia torrencial y el cielo gris, sin embargo ¿Por qué no podía ver sus rostros? — Chicos, deberíamos esperar que… — Intentó proponer esperar a que la lluvia pasara antes de continuar, pero las palabras simplemente jamás llegaron a salir de su boca. Ninguno de ellos siquiera le estaba prestando atención, como si se tratase de un fantasma su presencia era completamente ignorada. Estaba allí, pero nadie la veía. De un momento a otro la escena cambió de manera repentina. Hasta sus pies rodó lo más parecido a un balón, húmedo y pegajoso, Sabine sintió curiosidad por saber de qué se trataba, pero el alma se le bajó a los pies de manera súbita cuando se dio cuenta de que se trataba de una cabeza humana, el rostro de Symond impreso en ella demostraba pánico, las lágrimas se congelaron en sus ojos y su cabellera estaba llena de sangre seca, aquella escena le produjo un revoltijo en las entrañas. Luego se giró hacia dónde escuchó otro grito desgarrador, vio con sus propios ojos cómo la gema de Harmony explotaba en su nuca mientras ella se sujetaba la cabeza con desesperación, llorando a gritos hasta convertirse en polvo que cayó al suelo. Sabine trató de correr hacia ella, pero sus pies tropezaron y cayó directo al suelo. ¿Dónde estaba Jack? No debió pensarlo siquiera. Cuando consiguió encontrarlo estaba usando la misma espada que le entregó el momento en que rescató a Loira, la miraba como si se tratase de un preciado tesoro. Deslizando sus manos a lo largo de ella y mirándose en aquel reflejo, él la miró, sí, le dio una chispa de esperanza a la paralizada Emille cuando sonrió débilmente, él lo hizo durante el momento en que se clavó la espalda a sí mismo y luego su cuerpo cayó inerte sobre el suelo. Emille Gritaba, pero el ruido no salía de su boca. En un punto impreciso y de manera repentina se dio cuenta de que estaba llena de sangre desde la cabeza hasta la punta de los pies. Alguien se reía de ella, podía ver su sombra en medio de todos, estaba ahí, señalándola. No se distinguía su cara, pero estaba segura de que se trataba de una cosa: Quien quiera que fuera era la misma figura que la llevó hasta ese lugar.   Despertó de golpe, la noche todavía estaba encima de ellos. Todos los demás dormían alrededor de la fogata, por necesidad Emille se acercó a comprobar que Symond todavía tuviera la cabeza pegada al cuerpo, o que la gema de Harmony seguía sin explotar. Y luego se giró hacia Jack, él se quedó dormido estando sentado. Probablemente cansado de hacer guardia hasta tarde, Emille se acercó a él, tocando su abdomen con las manos. No tenía heridas, su rostro lucía intacto, descansaba. Emille suspiró de alivio. — Lo mejor será que nos deshagamos de esa cosa… — Murmuró, tratando de quitarle la espada a Jack de las manos. — ¿Qué estás haciendo? — Jack la tomó de la mano por sorpresa. Dando un bostezo debido a que lo había despertado. Emille retiró la mano con delicadeza, sentía irreal que estuviese despierto. No pudo evitar el apoyar la cabeza en su fornido hombro. — Asegurándome de que todos estén bien. — ¿Por eso me estás tocando tan familiarmente? Que atrevida, Emille. Ella se ruborizó, apartándose de inmediato, decidió dejar de lado lo que soñó minutos atrás cuando comprobó que todos estaban bien. — Regresaré a dormir. Jack asintió. — Descansa Aunque durante toda la noche la cabeza de Emille solo podía dar vueltas acerca de lo real que se sintió aquel sueño, la manera en que su cuerpo representó el pánico y el característico aroma de la sangre y la muerte, tenía miedo, tanto que le costó conciliar el sueño aquella noche. Apenas amaneció continuaron con el camino en medio del bosque con la intención de regresar a la ruta original, la de antes de tomar el desvío que los llevó a aquel Clan. Más adelante encontraron un poblado rural, animales parecidos a ovejas pero de colores pastaban a los alrededores de manera tranquila, plantas rodadoras atravesaban la ciudad en lugar de personas, todo estaba en silencio. Las casas en ruinas y puertas de madera carcomidas eran todo lo que veías cada que girabas la cabeza para mirar a los alrededores. — Debe ser una localidad tirada. — Harmony rompió el silencio. — ¿Localidad tirada? — Preguntó Emille con desconcierto. Jack asintió. — Es lo que puede ocurrirle a los poblados que no pertenecen a los clanes, con mestizos entre razas. Sus pueblos quedan a la deriva y no reciben ningún tipo de ayuda del rey, sin embargo están obligados a pagar impuestos cinco veces más que el precio normal. No tienen maneras de conseguir dinero, todo de lo que viven es producto de la tierra o del ganado, pero aquí no veo más que tiradero. El lugar daba escalofríos. — ¡Pero no pueden hacer algo como eso, no reciben ningún tipo de ayuda del rey y son considerados ajenos al reino! ¡¿Entonces por qué tienen que pagar impuestos también?! — Preguntó Emille, alterada. — Porque el que no paga impuestos, aunque fuera en especie no tiene derecho a vivir y son asesinados junto con todos los suyos, sus cabezas son colgadas en un lugar público para que los demás sepan lo que suceden si desobedecen. — Respondió Harmony. — ¡Eso es tan injusto! — Replicó Emille. — La vida es injusta. — Contestó Jack. — Y eso apenas es la punta del iceberg. — Todos siguieron a Symond cuando dijo aquello, él estaba guiando el camino en la ciudad, viendo los c*******s de una familia descompuestos dentro de una de las casas. Emille sintió cómo su estómago se contraía y las lágrimas querían brotar, aquella familia en descomposición estaban todos juntos sobre una colcha vieja en el suelo mientras se tomaban de las manos con fuerza. — ¡Aquí también! — Harmony encontró los de un par de ancianitos con flechas en la cabeza. Cada casa tenía una historia diferente para contar, lo que es innegable era el aroma a muerte que desprendía la ciudad. Algunos por enfermedad, otros por asesinato y los últimos por falta de alimento. — Sus últimos minutos de vida son bastante confusos, todos están gritando. — Los ojos de Harmony cambiaron de color apenas tocó a uno de los muertos tirados en la calle. Inmediatamente se acercó Emille, seguida de Symond y Jack. — ¿Puedes ver sus últimos minutos de vida? Harmony asintió. — Solo un poco, es una vieja arte que aprendí con mi mentor. — Pidió silencio cuando examinó otro de los cuerpos. — Este está en una protesta, todo está encendido en fuego y una flecha le atravesó el corazón. — No podemos ir tocando cada c*****r hasta encontrar uno que nos diga lo que ocurrió aquí. — Jack estaba comenzando a sentir asco del lugar, y nadie lo culpaba por eso. — Cállense, este tiene algo. — Un hombre, alto y anoréxico que estaba más cerca de los restos de un carruaje destruido. — Son los guardias del rey, llegaron y los asesinaron a todos, pero este se escondió en el carruaje. Es una pena que le hayan calcinado dentro de él. Despegó las manos de él y se las sacudió sobre ell vestido. — Entonces el rey ordenó asesinarlos, pero ¿Por qué? — Preguntó Emille mientras se acercaba lentamente. — ¿Son ustedes los héroes? — Un hombre, probablemente el último. Se tambaleaba de un lado a otro antes de caer de rodillas ante ellos y aferrarse a la capa de Emille mientras sollozaba. — ¿Ustedes son los que nos van a salvar de este sufrimiento? Emille se agachó para quedar a su altura, apoyando la mano en su hombro, su rostro era casi cadavérico, lucía como un hombre ya de edad avanzada que tosía como si en una de esas fuera a escupir su pulmón. — No podemos ayudarle si no sabemos qué es lo que ocurrió aquí, señor. — Me… Me llamo Geist. — Las fuerzas abandonaron su cuerpo, pero Emille impidió que cayera y simplemente lo recostó en su regazo. — El pueblo estaba muriendo de hambre y de sed, cuando construyeron la presa y bloquearon el paso del agua nuestros cultivos empezaron a secarse y nuestros animales a morir deshidratados. Habían niños pequeños, solo queríamos ser escuchados. Organizamos una revuelta contra los guardias para obligar al rey que girara sus ojos hacia nuestra miseria y nos alimentara como lo hace con sus clanes. Pero su corazón de piedra solo ordenó aniquilarnos. — Tosió de nuevo. — En la batalla íbamos ganando, sin embargo, pudieron vencernos sin dar un solo golpe más. Todos han muerto, algunos se suicidaron junto a sus familiares. Pero yo siempre supe que algún día llegaría un héroe que acabaría con todo esto, no quería morir sin alguien que hiciera justicia, decidí no morir, soy el único que queda vivo. Pero enfermé gravemente, por favor, ustedes tienen que hacer algo… Son toda la esperanza que me queda. Él fue cerrando sus lagrimosos ojos con lentitud, antes de caer muerto entre los brazos de Emi. Quien lo dejó descansar en paz sobre el suelo y se sorbió la nariz. — Estas personas han vivido una calamidad tras otra. — Dijo Symond. — Nunca había escuchado de ellos en mi vida, probablemente murieron en silencio, no son el interés de nadie. — Añadió Harmony. — Pero no está en nuestras manos cambiar el presente, ¿Qué podríamos hacer contra alguien con tanto poder? — Jack sacudió sus manos, haciendo que Emille se levantara al tomarla del brazo. — Necesitamos irnos. Él tenía razón, pero no podía evitar sentir aquel nudo en la garganta impidiéndole hablar. Jack rodeó sus hombros con el brazo y la apegó a él mientras amistosamente le cubría los ojos mientras caminaban para que no tuviera que seguir presenciando aquella miseria. Emille aun así podía escuchar el llanto silencioso de Harmony y Symond, solo así supo que él no quería que siguiese viendo todo lo que atravesaron hasta salir de la ciudad. Y agradeció profundamente que hiciera aquello. — Majestad ¿Se encuentra bien? ¿Necesita descansar? — Harmony tocaba su frente luego de que un mareo dejara a Emille en el piso. — ¡Está hirviendo! ¡Rápido, saquen las medicinas! — No debió haber tenido contacto directo con Geist. — Murmuró Jack, recostándola sobre lo mejor que pudo improvisar en el piso, cubriéndola con su propia capa. Emille dejó de reaccionar, incluso su rostro se tornó tan pálido como el de aquel hombre. Temblaba en espasmos, sudando frío y con una altísima temperatura. Comenzando a toser sangre y un líquido extraño de color morado que casi no se le diferenciaba. Y en repetidas veces dejaba de respirar. — No se muera, majestad, por favor. — Harmony estaba cuidando de ella, no había nadie que pudiera ayudarlos en kilómetros alrededor, a diferencia de cuando Symond enfermó. — ¿Encontraste a alguien? — Symond negó a la pregunta de Jack, era la tercera vez que ambos salían en busca de ayuda. Con cada vez que tosía solo empeoraba más. — ¿Qué vamos a hacer? ¡Su majestad no puede morir así! Las medicinas que les habían dado en Saturno ni siquiera lograban calmar su fiebre. — Las medicinas tradicionales no sirven de nada contra la peste del hada. — Una mujer alta, de cabello n***o como la noche y esponjado como lana de oveja los encontró, algunas canas largas decoraban su cabeza al igual que arrugas en su rostro. Vestía como si se hubiese puesto tiras y tiras de ropa encima hasta envolverse en un vestido suelto. En seguida se acercó a Emille. — Nos encontramos de nuevo, maldita peste. La enfermedad que el rey envió a aquel poblado para acabarlos a todos sin dar un solo golpe.
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